EFESaná/El Cairo

Hace diez años, los yemeníes se sumaron a la llamada Primavera Árabe para acabar con el régimen del presidente Ali Abdalá Saleh después de ver a sus hermanos tunecinos y egipcios, pero tras varios años de una errática transición, el país fue arrastrado a una guerra abierta en 2015.

El 27 de enero de 2011, miles de yemeníes salieron a las calles de la capital Saná y se concentraron en la Universidad, que se convertiría en el primer epicentro de la revuelta popular en contra de Saleh, quien llevaba 33 años en el poder.

A finales de noviembre de ese año, después de meses de protestas y de violencia en las calles, el mandatario aceptó un acuerdo para entregar el poder a su vicepresidente, Abdo Rabu Mansur Hadi, y celebrar elecciones, pero el proceso de transición degeneró en un conflicto armado en 2014.

GUERRA REGIONAL

"Los poderes regionales consiguieron abortar la Primavera yemení (...) Si no hubiera sido por ellos, habría logrado casi todos sus objetivos", afirma a Efe Yassin al Tamimi, analista político yemení desde Estambul, adonde se han marchado muchos opositores.

Al Tamimi hace referencia a Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que intervinieron militarmente en el Yemen en 2015, después de que los rebeldes hutíes expulsaran al presidente Hadi de la capital.

Además, ambos países del golfo se oponen a los Hermanos Musulmanes, cuya rama yemení, el partido Islah, había liderado las protestas de 2011. Su rostro más conocido fue la premio Nobel de la paz Tawakul Karman, que ese año logró el galardón por su activismo político en el Yemen.

Sin embargo, "el curso de los acontecimientos ha ido en una dirección que contradice los objetivos de la mayoría de los actores, incluidos los poderes regionales", agrega Al Tamimi.

TRANSICIÓN MALOGRADA

Hadi asumió la presidencia en febrero de 2012, pero Saleh y sus hombres seguían teniendo peso en los asuntos del país. La presencia de los hutíes en el norte y los secesionistas en el sur, además de la filial local de Al Qaeda (considerada las más peligrosa por Estados Unidos), complicaron aún más la transición.

A mediados de 2014, el descontento popular aumentó después de que el Gobierno de Hadi cortó los subsidios a los combustibles y el movimiento hutí, que desde 2011 se había fortalecido en el norte del país, aprovechó para liderar un nuevo movimiento de protesta en contra de la corrupción y la mala situación económica.

En septiembre, los hutíes tomaron el control de la capital, con la ayuda de generales del Ejército leales a Saleh, que había seguido urdiendo a las espaldas de su exvicepresidente.

Los rebeldes se hicieron con amplias partes del norte y el oeste del país, enfrentándose a las fuerzas armadas de Hadi y disputándole el poder al Gobierno, que tuvo que establecer su sede temporal en la ciudad sureña de Aden a principios de 2015 y pidió ayuda a Arabia Saudí para detener el avance del movimiento chií, cercano a Irán.

El reino saudí, que históricamente ha ejercido influencia en el Yemen, formó una coalición de países musulmanes aliados, con el respaldo de EEUU y Reino Unido, y empezó una campaña de bombardeos contra los hutíes que exacerbaría la crisis política y humanitaria.

TRAGEDIA HUMANITARIA

"Los bombardeos no han dado frutos, ni para Arabia Saudí ni para los yemeníes, así que todo el mundo ha salido perdiendo", dice a Efe el analista político Muhamad al Qiari. "En casa familia, en cada hogar, y en cada región del Yemen, hay una víctima", lamenta.

Al Qiari considera que las protestas de 2011 pusieron fin al largo mandato de Saleh, pero llevaron al Yemen a la guerra civil, a la intervención extranjera y a la peor crisis humanitaria del mundo, tal y como la ha catalogado la ONU.

"Desafortunadamente, ninguna de las demandas que los yemeníes pidieron en las calles ha sido conseguida", afirma antes de añadir que el país ha vivido "conflictos y derramamiento de sangre desde hace diez años".

En este simbólico aniversario, el Yemen se encuentra en una situación dramática, con la primera hambruna desde 1940 y la peor epidemia de cólera, enfermedad que ha resurgido con el conflicto armado.

Después de casi seis años de guerra, unos 21 millones de yemeníes, de una población de 27 millones, necesitan asistencia humanitaria y 10 millones de ellos dependen de esa ayuda para sobrevivir.

A día de hoy, el proceso de paz entre el Gobierno y los rebeldes hutíes, con mediación de la ONU, ha logrado pocos avances hacia un acuerdo político y no ha conseguido poner fin a la violencia, aunque ésta ha remitido desde 2019.

Diez años después de que los yemeníes salieran a las calles para pedir una vida mejor, están sumidos en la miseria y en un conflicto para el que no se divisa un final próximo.