EFEArgel

Decenas de miles de argelinos volvieron hoy a desbordar las calles por décimo viernes consecutivo para exigir la caída de todo el círculo de poder que parasitó junto al expresidente Abdelaziz Bouteflika y en particular del jefe del Ejército, general Ahmed Gaïd Salah, el hombre que forzó su renuncia.

Mano derecha del mandatario durante casi quince años, el general Gaïd Salah ha emergido como la figura más controvertida de esta crisis, un pulso por el control del país que libran las distintas familias de la oligarquía, entre la ira y el hartazgo de un pueblo estrangulado por la deficiente gestión económica.

Firme defensor de la continuidad del hombre que le colocó al frente de las Fuerzas Armadas en 2004, Gaïd Salah fue uno de los primeros en exigir la inhabilitación del enfermo presidente cuando las manifestaciones comenzaron a crecer y anegar las calles de la capital.

Una exigencia a la que asoció una supuesta conspiración interna con apoyo extranjero -que nunca detalló- y que condujo a que el pasado 2 de abril la presidencia argelina anuncia la renuncia de Bouteflika, enfermo y prácticamente incapacitado desde que en 2013 sufriera un agudo derrame electoral.

Desde entonces, tanto el propio Gaïd Salah como el presidente del Senado y jefe de Estado interino, Abdelakader Bensalah, y el exministro de Interior y nuevo líder del gobierno, Nouredin Bedaui, tratan de mostrar una nueva cara que parece no haber convencido a la calle.

Sus nombres eran este viernes los más coreados por una multitud que exigía una transición verdadera, una reforma real que acabe con la corrupción en el país, resucite la economía y ofrezca un futuro de esperanza a una sociedad joven y moderna.

"Quieren hacernos creer que el cambio ya ha llegado y no es verdad. Ellos son parte del círculo corrupto aunque ahora quieran aparentar los contrario", explicaba a Efe Marwan, un funcionario que marchaba con una gran bandera berebere por la avenida Didouche Mourad, eje comercial de la capital.

"Todo lo que están haciendo es un teatro, pero no nos engañan. Este pueblo ha decidido escribir su destino y no va a dejar la calle hasta que lo consiga. Se tienen que marchar todos, todos", recalcó el hombre, acompañado de su familia.

En la misma línea se expresó Shaima, una profesora de universidad que calificó de fachada la supuesta campaña de manos limpias puesta en marcha para luchar contra la corrupción y que ha alcanzado a solo algunos de los empresarios más cercanos a Bouteflika.

En particular contra Issad Rebrab, multimillonario dueño del mayor conglomerado de empresas privadas del país, amigo cercano del presidente de Francia, Enmanuel Macron, y vinculado al poderoso jefe de los servicios secretos argelinos, Mohamad Mediane "Tawfik", depuesto por sorpresa en 2015.

Contra la familia Kouninef, mecenas de Bouteflika desde la década de los setenta, y el presidente del círculo de empresarios de Argelia, Ali Hadad, detenido semanas atrás cuando trataba de escapar del país.

"Hay muchos más. Pero todos sabemos que estos estaban enfrentados a Gaïd Salah y a la gente de su círculo. Esto no es lo que quiere el pueblo argelino y por eso estamos aquí y aquí seguiremos", dijo la mujer.

Expertos internacionales y locales coinciden en apuntar que la disputa entre el jefe del Ejército y el director de los servicios secretos depuesto en 2015 es uno de los principales causas de un conflicto en el que ambas partes juegan con el deseo del pueblo para sus propias ambiciones.

Y auguran una salida difícil de la crisis para un país clave en la estabilidad del Mediterráneo por cuestiones energéticas y de seguridad.

Desde Argelia parte el único oleoducto que une África y Europa, a través de España, país que exporta el 54 por ciento del gas que consume su industria.

Y es asimismo una de las puertas principales de la inmigración desde el Sahel, que ahora se desvía desde el territorio argelino hacia Libia y Marruecos pero que podría alcanzar las costa argelina, a escasos 200 kilómetros de España.

En este contexto, advierten los expertos, el objetivo del trío que componen el líder del Ejército, el primer ministro y el presidente del Senado y jefe de Estado interino es resistir hasta las nuevas elecciones presidenciales, previstas para el próximo cuatro de julio.

La de los manifestantes que este viernes volvieron a inundar las calles de Argel y otras ciudades del país en ambiente de fiesta más que de desobediencia revolucionaria es que en esas elecciones "solo compitan candidatos limpios que amen al pueblo", como rezaba hoy una de las pancartas.

Javier Martín