EFETrípoli

El acuerdo de alto el fuego firmado el pasado viernes por el comité militar libio 5+5 en Ginebra ha agudizado las graves diferencias que existen en el seno del Gobierno de Acuerdo Nacional sostenido por la ONU en Trípoli (GNA), dividido entre aquellos que quieren mantenerse bajo el paraguas de Naciones Unidas y potencias como Francia, y quienes defienden las ambiciones de Turquía.

Una fractura que se agranda desde que en diciembre pasado el presidente turco, Racep Tayyip Erdogan, decidiera intervenir directamente en el conflicto armado libio, y que este domingo dejó en evidencia el ministro de Defensa del GNA, Salaheddin al Namroush, principal lazo con Ankara.

En declaraciones a la prensa afín, Al Namroush aseguró que tanto Turquía como el Ejecutivo en Trípoli consideran que la obligación de suspender los contratos bilaterales de cooperación en materia de seguridad y defensa, incluida en el pacto auspiciado por la ONU en Suiza, no afecta a los acuerdos que ambos tienen ya sellados para formar y reconstruir el futuro ejército regular libio.

"Confirmamos la fortaleza de nuestra cooperación con Turquía, nuestro aliado, y la continuidad de los programas de entrenamiento que hemos recibido y que seguiremos recibiendo", afirmó.

INEJERENCIA TURCA

Ankara y el GNA rubricaron en noviembre de 2019 dos acuerdos de cooperación, uno de intercambio de personal, armamento y formación que facilitó el desembarco de oficiales y asesores militares turcos en el oeste del país.

Y otro de apoyo en el sector de la inteligencia militar y la experiencia en combate, que abrió la puerta a la llegada a Libia de miles de mercenarios sirios reclutados por Ankara entre los grupos de oposición salafista a la dictadura de Bachar al Asad.

La maniobra bélica de Turquía, que igualmente ha firmado acuerdos de cooperación energética en el Mediterráneo oriental y ha enviado barcos de guerra a proteger las aguas libias, permitió que las milicias asociadas al GNA recuperaran el terreno perdido en la capital y obligaran a retroceder a las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, tutor del gobierno no reconocido en el este y el hombre fuerte del país.

"Turquía ha aprovechado estos meses de combates para tejer alianzas en el seno del GNA y ahora no va a ceder fácilmente esa posición de privilegio que ha logrado", explica a Efe un responsable de un cuerpo de vigilancia y análisis de la Unión Europea desplegado en Trípoli.

"La facción de (el presidente del Consejo Presidencial del GNA, Fayez) Al Serraj, que era la más favorable a la ONU, está en franco retroceso, sobre todo desde que este anunciara que renunciaría en noviembre. Existe una evidente división entre los pro-turcos y quienes optan más por la ONU y Francia, y eso anuncia complicaciones de cara al futuro", agrega.

Junto Al Namroush, el Gobierno turco también cuenta con el apoyo del ministro de Interior, Fathi Bashagha, el hombre que lideró la resistencia a Hafter en Trípoli y al que Al Serraj trató de apartar antes de anunciar su dimisión, lamentada por la ONU.

El pasado lunes, al tiempo que arrancaba la negociación del Consejo local 5+5 en Suiza, el jefe del Estado Mayor de las fuerzas del GNA, el general Mohamad al Haddad, próximo a Bashagha y Al Namroush, se reunía en Ankara con el ministro turco de Defensa, Hulusi Akar, para fortalecer una cooperación militar que en Ginebra la ONU ya proponían congelar.

PULSO ENTRE TURQUÍA Y FRANCIA

"Se trata de un acuerdo muy frágil, no solo porque evidencia la fractura en Trípoli sino también por el silencio de Hafter", subraya a Efe Mohamad Essam, periodista libio.

Hasta la fecha, el mariscal, al que Francia elevó políticamente en el verano de 2017 tras años de ostracismo, no se ha pronunciado sobre el acuerdo, ya que está esperando "una declaración oficial", según explicó días atrás su portavoz militar, Ahmad al Mismari.

"El rápido desarrollo de los acontecimientos en el expediente libio en los últimos dos días parece estar alimentando las expectativas en medio de los temores de que Turquía desvíe el campo de batalla de sus diferencias con Francia para con Libia, es decir mover herramientas como las milicias asociadas y los mercenarios para socavar el alto el fuego", advierte por su parte el escritor tunecino Jemai Guesmi.

En este contexto, la negociación política que arranca este lunes de forma telemática supone otro Rubicón en un proceso de diálogo liderado por la ONU y plagado de obstáculos e intereses cruzados.

Un encuentro virtual que, según reveló la enviada especial de la ONU para Libia en funciones, Stephanie Williams, debe desembocar el próximo 9 de noviembre en una reunión presencial, cara a cara, en Túnez entre 75 responsables libios ya designados.

Mohamad abdel Kader y Javier Martín