EFEBangkok

El jefe de las Fuerzas Armadas birmanas, Min Aung Hlaing, ha acusado a los medios de "exagerar" las cifras de los miembros de la minoría étnica musulmana rohinyá que han huido a Bangladés desde finales de agosto.

Durante una reunión formal celebrada ayer con el embajador de EEUU, Scot Marciel, en Naipyidó el militar dijo que "la situación real no puede ser revelada" porque los medios "esconden la verdad" mediante su campaña de "instigación y propaganda".

Según los datos de Naciones Unidas, unos 590.000 rohinyás han abandonado el estado birmano de Rakáin (oeste) con destino al colindante territorio bangladesí, donde se encuentran en campos de refugiados en pobres condiciones sanitarias.

La ONU ha acusado a Birmania (Myanmar) de llevar a cabo una campaña de limpieza étnica "de manual", dirigida por Hlaing, contra los rohinyás, quienes son identificados por las autoridades birmanas como inmigrantes bengalíes.

"Durante el colonialismo británico, en 1824, los bengalíes entraron en la región como mano de obra para el campo (...) se asentaron allí y la población creció de manera gradual (...) ellos no son nativos" birmanos, expuso el militar, conforme a la transcripción del encuentro publicada hoy en su perfil de Facebook.

El organismo internacional acusó ayer a las fuerzas de seguridad birmanas de ejecutar un plan con el fin premeditado de expulsar a los rohinyás y de impedirles el retorno, en el que incluyen el uso de minas antipersonas colocadas en la frontera.

Un equipo de derechos humanos de la ONU que ha investigado sobre el terreno concluyó que los "brutales ataques fueron bien organizados, coordinados y sistemáticos" en un informe en el que se agrega que la estrategia consistía en "inocular un miedo y un trauma profundos a nivel físico, emocional y psicológico".

El método utilizado por el Ejército birmano para obligar a los rohinyás a huir indica claramente que su voluntad era eliminar toda posibilidad de retorno. Para ello incendiaron aldeas enteras, perpetraron ejecuciones sumarias, practicaron la tortura y utilizaron la violencia sexual, según la investigación.

"Ellos (las fuerzas de seguridad e individuos budistas) rodearon nuestra casa y empezaron a disparar. Dispararon a mi hermana delante de mí, ella sólo tenía 7 años, yo corrí, intenté protegerla y cuidarla, pero sangraba tanto que un día después murió. Yo misma la enterré", relató a los enviados de la ONU una niña de 12 años del municipio de Rathedaung.

La actuación militar fue en respuesta al asalto perpetrado el 25 de agosto por un grupo de rebeldes rohinyás pobremente armado contra una treintena de puestos policiales y fronterizos.

Más de un millón de rohinyás vivían en Rakáin víctimas de una creciente discriminación desde el brote de violencia sectaria de 2012, que causó al menos 160 muertos y dejó a unos 120.000 miembros de esta minoría confinados en 67 campos de desplazados.

Birmania no reconoce la etnia rohinyá, considera emigrantes bengalíes a la mayoría de sus miembros y les impone múltiples restricciones, incluida la privación de movimientos.

Los rohinyás, que tampoco son reconocidos como nacionales de Bangladesh, hablan un idioma similar a un dialecto bengalí y muchos de los que viven en Birmania aseguran que llevan generaciones en el país.