EFEKabul

Fawzia Koofi, una de las cuatro afganas que negocia en Doha el fin de casi dos décadas de guerra en Afganistán con los talibanes, cree que es "demasiado pronto" para saber si éstos han cambiado su actitud hacia las mujeres y las libertades.

"Todavía es pronto para afirmar que los talibanes han cambiado o no, tenemos que ver cómo se comportan. Especialmente los que todavía están en Afganistán y luchando sobre el terreno. Veamos cómo actúan con las mujeres, con las libertades sociales", afirma a Efe en una entrevista telemática desde Catar.

Koofi, de 45 años y cuyo nombre apareció en las quinielas del último premio Nobel de la Paz, forma parte de la delegación de 21 miembros enviada hace algo más de un mes por Kabul para negociar la paz con los talibanes como luchadora infatigable por los derechos de las mujeres y la defensa de la democracia.

TALIBANES Y HOTELES DE 5 ESTRELLAS

Según la negociadora, en un principio puede parecer sencillo tratar los derechos de las mujeres "desde hoteles de cinco estrellas en Doha", pero "no ha sido fácil hablar" con los talibanes.

"A veces intentan ignorarte, no responden a tus saludos. El hecho de que nos ignoren no nos decepciona, nos da motivos para trabajar aún más", asegura una Koofi combativa, recordando que durante el régimen talibán entre 1996 y 2001 habría sido imposible que cuatro mujeres se sentasen cara a cara frente a ellos en la mesa de negociación.

"Represento a la República Islámica de Afganistán como un ser humano que hace veinte años habría sido visto como un ciudadano de segunda o tercera categoría. Esto es un logro (...) pero necesitamos ver más cambios tangibles sobre el terreno", dice.

Cuando estaban en el poder, los talibanes excluyeron completamente a las mujeres de la educación, el trabajo y la vida pública. En esa época Koofi sufrió además el encarcelamiento de su marido, que falleció en 2003 después de contraer tuberculosis en prisión.

Pero a pesar de los peligros, y tras ver cómo los talibanes "vaciaban las calles de mujeres", Koofi fundó una escuela clandestina para niñas y finalmente se aventuró en la vida política en 2004, tres años después de la invasión estadounidense.

Así entre 2005 y 2018 representó a la remota y montañosa provincia nororiental de Badakhshan en el Parlamento afgano, jugando un importante papel en la elaboración de leyes protectoras de los derechos de las mujeres y los niños.

Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, y con un máster en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos, Koofi sigue siendo una voz crítica con los talibanes y ocasionalmente con el Gobierno, una actitud que le ha acarreado problemas.

UNA SUPERVIVIENTE

Koofi ha sobrevivido a dos intentos de asesinato, uno reivindicado por los talibanes en 2010 y el segundo el pasado agosto en Kabul, en el que resultó herida de bala y se vio obligada a pasar varios días hospitalizada, lo que no la disuadió a viajar a Catar.

Para las cuatro negociadoras, su responsabilidad en Doha es doble, explica, al tener que defender por un lado los derechos de las mujeres y por otro los de toda la sociedad afgana.

"Probablemente tendremos que hacer frente a más desafíos y presiones", aventura, consciente de la necesidad de defender progresos alcanzados como "la formación de instituciones que cumplen, una Constitución que garantiza derechos igualitarios para todos los ciudadanos y unos medios de comunicación dinámicos".

"Hemos transformado la sociedad", subraya.

UN FUTURO SIN RETROCESOS

Y aunque bajo la democracia las mujeres siguen sufriendo inseguridad, corrupción y pobreza, al menos tienen el derecho a alzar la voz y hablar de sus problemas.

"Si miramos los indicadores, Afganistán es todavía el peor país para ser mujer, pero al menos podemos hablar de indicadores, podemos informar sobre la situación de las mujeres. Eso es algo que no queremos perder, queremos seguir adelante", remarca.

Koofi, cuya candidatura sonó con fuerza este año para un Nobel de la Paz que recibió finalmente el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, asegura que su nominación sirve para mostrar que al mundo le importan los derechos de las afganas.

"Creo que no habrá una paz duradera (...) si hay grupos sociales y políticos excluidos. Las mujeres forman un 55 % de la población afgana, tienen que ser incluidas y sus voces deben ser escuchadas", zanja.

Baber Khan Shahel