EFEMadrid

Insultos, bulos, acusaciones virulentas -muchas veces falsas-, exageraciones... la política española está cayendo a niveles cada vez más bajos con la pandemia de coronavirus, al contrario de la calma institucional de países vecinos que afrontan la misma crisis sanitaria.

Con expresiones como "hijo de terrorista", "plañideras sinvergüenzas", "burro de Troya", "fascista", "traidor", "chavista" o "golpe de Estado" saliendo casi a diario de la boca de responsables políticos, el nivel de la política doméstica sufre mientras la agresividad aumenta a nivel ciudadano.

Además, también han vuelto las agresiones e intimidaciones a periodistas y reporteros gráficos durante manifestaciones contra el Gobierno de izquierda, algo por lo que la organización Reporteros Sin Fronteras ya mostró su preocupación, especialmente al partido ultraderechista Vox, impulsor de esas protestas.

En esto, el país se distancia de sus vecinos europeos y vuelve una vez más, aunque con distinto significado, al viejo eslogan de "España es diferente" que en los años 60 del pasado siglo abrió al turismo internacional un territorio hasta entonces cerrado sobre sí mismo.

Tras varias semanas de tensión creciente, el punto más bajo se alcanzó esta semana, cuando la portavoz del Partido Popular (PP, conservador y primera fuerza opositora) en el Congreso de los Diputados, Cayetana Álvarez de Toledo, llamó "hijo de terrorista" al vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias.

Un día después, el propio Iglesias, líder de la formación izquierdista Unidas Podemos, afirmó en una comisión parlamentaria que a Vox "le gustaría dar un golpe de Estado".

Todo esto sucede después de semanas en las que desde la oposición de derecha se acusó al Gobierno de coalición izquierdista que preside el socialista Pedro Sánchez, de ser el culpable de las víctimas del coronavirus y de querer establecer medidas totalitarias aprovechando las medidas de confinamiento para contener la pandemia.

LA PRESIDENTA DEL CONGRESO, PREOCUPADA POR RETÓRICA BELIGERANTE

La presidenta del Congreso de los Diputados, la socialista Meritxell Batet, reconoció este sábado que le preocupa la "retórica de confrontación tan beligerante" en la Cámara Baja.

Batet afirmó, en una entrevista radiofónica, que mientras mucha gente está sufriendo por la crisis económica y social causada por la pandemia, los ciudadanos buscan "soluciones, alternativas, ideas y ejemplaridad, personas en las que confiar", algo que, a su juicio, no encuentran en estos momentos en los políticos.

Pero, mientras en otros países como el vecino Portugal, los partidos de la oposición colaboran con los gobiernos para envidia de los ciudadanos españoles ¿a qué se debe la particularidad de España?

Para Ernesto Pascual, profesor de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC, Barcelona), el origen está en la competencia dentro de los bloques (derecha e izquierda), que hace que el PP intente recuperar los votos perdidos a favor de Vox en las distintas elecciones del año pasado.

"El PP, en lugar de hacer una oposición al servicio del Gobierno, busca reagrupar los votos más a la derecha", con lo que la polarización política "aumenta todavía más", explica a Efe.

Pascual añade que parte del relato conservador "está en la desligitimación del Gobierno".

Por ejemplo, cuando se anunció que se investigaría la difusión de bulos en redes sociales (como las estafas con tratamientos falsos para curar la COVID-19), el Gobierno fue criticado por la derecha por supuestamente coartar la libertad de expresión.

Manuel Díaz, profesor de la Universidad Pontificia de Comillas (UPC, Madrid), coincide también en el intento del PP de recuperar los electores que se le fueron a Vox, "y se ve arrastrado al extremo".

EL PESO DE LA HISTORIA

Pero también apunta al peso que sigue teniendo la historia contemporánea de España, con dos siglos de enorme inestabilidad política.

Marcada por la confrontación entre conservadores y progresistas, entre los siglos XIX y XX, España tuvo en ese período ocho constituciones, tres guerras civiles y dos dictaduras (estas, en el último siglo).

Tras una transición a la democracia "modélica" después de la muerte del dictador Francisco Franco en 1975, "esta historia reciente pesa" y sigue habiendo "mucho guerracivilismo", reconoce Díaz a Efe.

Este profesor apunta también a la complicada aritmética parlamentaria, con los grandes partidos de centroderecha y centroizquierda (PP y Partido Socialista, PSOE) debilitados por la aparición en los últimos años de formaciones a sus extremos (Vox y Unidas Podemos).

Aún así, Díaz reconoce que esta polarización creciente es "un juego en el que han entrado todos", por lo que "todos tienen un poco de culpa".

En las últimas semanas, el partido liberal Ciudadanos, que en el último año se alió claramente con PP y Vox pero sufrió un descalabro en las elecciones generales de noviembre, ha buscado una vía centrista y moderada, apoyando al Gobierno de forma decisiva en la aprobación de dos prórrogas del estado de alarma.

"La polarización sigue aumentando, pero las encuestas muestran que los bloques no se mueven. Si Ciudadanos mantiene la estrategia, a largo plazo saldrá beneficiado", considera el profesor Pascual.

Para Díaz, el centro y el centroderecha deben superar que están en la oposición y, "por el bien del país", trabajar para la ciudadanía en lugar de tratar de "derribar al Gobierno", ya que "no hay alternativa" a la actual mayoría parlamentaria que apoya al Ejecutivo.

"España es diferente" en esto, no duda en reconocer Díaz. Su colega Pascual concurre, y recuerda que, en los países de Europa con una extrema derecha potente, estas formaciones "se han visto condicionadas" por el apoyo de la gran mayoría de los partidos a las restricciones aprobadas por los distintos gobiernos.