EFEAtenas

Grecia y Turquía hicieron hoy gala de sus profundas desavenencias históricas, y en vez de lograr que la primera visita de un jefe de Estado turco a Grecia en 65 años abriera una nueva agenda positiva, ambos países se enzarzaron en una disputa sobre el Tratado de Lausana de 1923.

En vísperas de la visita, ambos países habían lanzado señales esperanzadoras hacia el otro lado.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, había hablado de abrir una nueva etapa en las relaciones, basada en trabajar sobre una "agenda positiva", sin por ello dejar de mencionar los problemas, y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, había apostado por realzar los aspectos económicos de esta visita "histórica".

El mensaje que se envió a la opinión pública, sin embargo, fue el acostumbrado, y ninguno de los dos mandatarios consiguió dar visibilidad a los proyectos abocados a estrechar la cooperación comercial, que también se abordaron en la reunión, entre ellos crear una conexión de ferri entre Esmirna y Salónica y otra de ferrocarril entre Salónica y Estambul.

El intercambio de puyas comenzó con una entrevista de Erdogan al diario griego "Kathimeriní" en la que, según filtraciones a los medios griegos, el presidente se saltó el consenso alcanzado entre los respectivos Ministerios de Exteriores de no tocar el conflictivo tema de Lausana.

Nada mas llegar a Atenas y en una primera comparecencia ante las cámaras con el jefe de Estado griego, Prokopis Pavlópulos, Erdogan volvió a sacar este tema y a exigir una "actualización" del Tratado de Lausana, algo que para Grecia es absolutamente tabú.

Hoy Erdogan aseguró que su intención no es cambiar las fronteras recogidas en el tratado, sino "actualizar" los derechos de las minorías.

Como ejemplo, dijo que el Tratado de Lausana habla de una "minoría musulmana" en la región griega de Tracia, pero añadió que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos le ha reconocido a esta comunidad el derecho a llamarse turca, lo que Grecia no quiere oír ni mentar.

También aseguró que el Tratado de Lausana otorga a esta minoría el derecho a elegir a su muftí, algo que, a su juicio, Grecia no respeta, pues es el Estado el que nombra al religioso.

En su comparecencia ante la prensa Tsipras le agradeció no poner en duda las fronteras pero reconoció estar "confundido" sobre su planteamiento: "¿Pide la modernización o el respeto del Tratado?".

"El Gobierno siente una preocupación especial por los musulmanes griegos y las minorías en general. Todas las cuestiones relativas a nuestra política para con los ciudadanos griegos no son negociables", zanjó Tsipras.

La agenda de las conversaciones no excluyó ninguno de los restantes temas explosivos de la relación bilateral: combates ficticios entre cazas turcos y griegos en el mar Egeo, las fracasadas negociaciones sobre Chipre, así como el contencioso sobre los ocho militares turcos que buscaron refugio en Grecia tras la intentona de golpe de julio de 2016, a los que Turquía califica de golpistas.

Sobre esto último Erdogan insistió en reclamar su extradición y aseguró que en su país se ha abolido la pena capital y se respetan los derechos humanos, mientras que Tsipras le volvió a recordar que la Justicia helena es independiente y su Gobierno debe respetarlo.

El Tribunal Supremo Administrativo había rechazado extraditarlos con el argumento de que en su país sus vidas corren peligro.

Sobre el problema de Chipre hubo coincidencia en que las negociaciones interrumpidas en julio pasado deben reanudarse, pero Erdogan aprovechó la ocasión para recordar que fueron los grecochipriotas y no los turcochipriotas los que en 2004 rechazaron el plan diseñado por el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan.

Donde menos conflictos hubo fue respecto al acuerdo entre la Unión Europea y Turquía sobre la devolución de refugiados.

Tsipras felicitó a Erdogan por haber ofrecido hospitalidad a más de tres millones de sirios y anunció que ambos se han puesto de acuerdo en estrechar la cooperación para lograr una aplicación más eficaz.

El presidente turco recordó, no obstante, que de los 6.000 millones de euros que la UE ha prometido a Turquía para ayudar a gestionar esta crisis, tan solo ha desembolsado 850 millones, y esto no al Gobierno de Ankara, sino a la Media Luna Roja.

La parte oficial de la visita de Erdogan concluye esta noche con una cena en el palacio presidencial, pero mañana tiene previsto viajar a título privado a Tracia occidental y visitar allí a la minoría musulmana.