EFEBagdad

A pesar de que la convocatoria de elecciones generales fue uno de los principales logros de las protestas populares que sacudieron Irak a finales de 2019, grupos de activistas que fundaron partidos políticos a raiz de aquellas movilizaciones han decidido boicotear los comicios que se celebran dentro de dos semanas ante la creciente inseguridad y la desesperanza que se registra en el país.

El primer ministro, Mustafa al Kazemi, que llegó al poder en mayo de 2020 tras la llamada "revolución de octubre", prometió elecciones parlamentarias anticipadas que finalmente se celebrarán el próximo día 10, después de haberse pospuesto algunos meses.

El periodista de 43 años Hisham Mozeny perdió su trabajo por su participación en las protestas y se unió posteriormente al partido Al Beit al Watani (La casa patriótica), una formación fundada hace un año por activistas y manifestantes con el objetivo de crear un futuro mejor para su país.

Sin embargo, ante las crecientes amenazas contra muchos de los más de 3.000 candidatos que se presentan a las próximas elecciones parlamentarias del 10 de octubre, Al Beit al Watani retiró su candidatura a modo de boicot.

BAJO AMENAZA CONSTANTE

El propio Mozeny se vio forzado a alejarse de su mujer y de sus hijos durante meses para protegerles, y recientemente se ha mudado con ellos a los suburbios de Bagdad. Aun así, sigue viviendo con temor a ser atacado o asesinado.

"Sí, queríamos elecciones anticipadas, pero seguras y justas. En este entorno hay elecciones, pero no hay democracia", dice a Efe el activista desde el céntrico barrio capitalino de Karrada.

Diversas ONG y la ONU han expresado su preocupación por la credibilidad del proceso electoral, y por las amenazas y el hostigamiento que sufren manifestantes, activistas y candidatos.

A raíz de las protestas de 2019, más de 35 activistas fueron asesinados a manos de "grupos desconocidos", mientras que otros tantos fueron secuestrados, según la independiente comisión de Derechos Humanos iraquí.

"Somos valientes pero no a prueba de balas", dice Mozeny, que explica que incluso a día de hoy se ve forzado a cambiar los lugares de encuentro con sus colegas, usar nombres falsos en llamadas telefónicas e incluso cambiar su teléfono celular.

LAS MILICIAS, EN EL PUNTO DE MIRA

Activistas y ONG locales e internacionales acusan a las milicias chiíes de estar detrás de los asesinatos y secuestros de activistas, periodistas o analistas, que se han ido repitiendo y que, en la mayoría de los casos, han quedado impunes.

Antes de las elecciones del día 10, la agrupación de milicias progubernamental Multitud Popular -de mayoría chií, respaldada por Irán y que cuenta con una amplia representación en el Parlamento- anunció su intención de reintegrar a 30.000 excombatientes que fueron despedidos entre 2015 y 2018.

Eso supone que la organización, con más de 160.000 integrantes, dotará de un salario mensual a 30.000 personas más.

"Cada uno de estos 30.000 milicianos tiene a sus espaldas a toda una familia, que prometió un voto al responsable de la reintegración", denuncia Mozeny.

El activista asegura que ha comentado el caso con asesores del primer ministro, pero estos admiten que "no pueden hacer nada porque los grupos armados son más fuertes que el propio Gobierno".

Precisamente, la presencia de paramilitares en la carrera electoral es la razón por la que Mozeny y otro miembro de su partido decidieron boicotear las elecciones.

SIN ESPERANZAS

La decisión de boicotear los comicios se produjo el pasado mayo y, desde entonces, la acción política de los movimientos nacidos de las protestas ha quedado parada.

Mozeny no espera nada de esta cita electoral, aunque sí guarda esperanzas para que de aquí a cuatro años, cuando se celebren los siguientes comicios, él y los demás miembros de Al Beit al Watani puedan reconstruir una base política, siempre que existan condiciones de seguridad para candidatos y votantes.

A pesar de sus esfuerzos, el activista duda del futuro del movimiento popular desde que el pasado 25 de mayo intentó repetir manifestaciones masivas en todo Irak, pero la participación fue baja y la represión policial severa: al menos dos personas murieron.

"¿Qué queda de (las protestas) de octubre de 2019? Solo desesperación", suspira Mozeny, y agrega, entre risas, que algunos de sus amigos le animan diciéndole que con las elecciones todavía queda un poco de esperanza.

"Yo les digo: no hay esperanza, solo un tren que aplastará a toda la gente, y este tren se llama milicias", asegura, ante la previsión de que los brazos políticos de esos poderosos grupos van a arrasar en las urnas de un país de mayoría chií.

Aun así, los movimientos surgidos de las protestas no son los únicos que han llamado al boicot, por lo que algunos sectores políticos temen que la participación en las elecciones no alcance ni siquiera el 44 % de los comicios de 2018.

Sofia Nitti