EFETrípoli

Las fuerzas bajo el mando del mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte de Libia, intensificaron esta madrugada su ofensiva terrestre en el eje de la localidad de Qarabuli, clave para el control de la carretera de la costa que une Trípoli con la ciudad-estado de Misrata, única gran vía terrestre que queda abierta para el avituallamiento de la capital.

La ofensiva es el último paso de una estrategia que comenzó a finales de septiembre con el bombardeo masivo de la base aérea de Maitiga, único aeropuerto que quedaba en funcionamiento en la capital, y que pretende aislar Trípoli para dejar sin opciones al gobierno sostenido por la ONU (GNA) y obligar a negociar el fin de una guerra que ha causado miles de víctimas.

Las fuerzas de Hafter, que cuentan con la ayuda militar aérea de Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Egipto, y el respaldo bélico de Rusia y Francia, han bombardeado también en las últimas semanas los aeropuertos de Misrata -ciudad situada a unos 200 kilómetros de la capital- y de Sirte -a 400 kilómetros- para reducir igualmente la capacidad logística de los escasos aliados que le quedan al GNA.

"En las últimas horas, unidades de la operación Volcán de la Ira (plataforma de milicias vinculadas al GNA) lograron reabrir la carretera de Qarabuli y hacer retroceder a las fuerzas de Hafter, que pretendían avanzar desde la localidad (vecina) de Al Kasarat", explicó una fuente militar en la capital.

"Las fuerzas de Hafter movilizaron más de 40 vehículos artillados para tratar de hacerse con la posición, que ha sido escenario de combates en los últimos días que han causado numerosas víctimas, entre ellas algunos civiles, que intentaban viajar al aeropuerto de Misrata para poder volar", agregó.

En repuesta, milicias del GNA lanzaron una contraofensiva en la localidad de Ain Zara, en el extrarradio sureste de la capital, donde, según portavoces oficiales, causaron la muerte de quince soldados de Hafter y lograron inutilizar y destruir ocho vehículos artillados.

Pese a ello, lo cierto es que la superioridad aérea extranjera está dando alas a las fuerzas del este, que parecen cada vez más cerca de lograr el objetivo de controlar la capital.

El mariscal cuenta con aviones de combate no tripulados (drone) clase "Wing Loong II" de fabricación china llegados a través de Emiratos Árabes Unidos, país al que la ONU acusa, junto a Jordania, Rusia, Egipto y Arabia Saudí, de violar el embargo de armas que pesa sobre Libia desde que en 2011 la OTAN se sumara a los rebeldes en la ofensiva para derrocar la dictadura de Muamar al Gadafi.

Las tropas del gobierno no reconocido en Tobrouk, que tutela Hafter y controla más del 70 % del territorio nacional además de los recursos energéticos, cuentan, igualmente, con aviones artillados Calidus B-250, un prototipo similar a los IOMAX AT-802 "Air Tractor" que la industria nacional de Dubai ha desarrollado para la guerra.

A esta flota extranjera, que le ofrece ventaja frente a los drone "Bayraktar TB2" del GNA -un dron de fabricación turca que también puebla el arsenal de Catar-, se unen aparatos de transporte C-133 del Ejército egipcio que facilitan el movimiento de tropas y traslado de armas, y viejos caza procedentes del arsenal del depuesto Muamar al Gadafi, arreglados por Rusia.

Y la contribución ya no disimulada en tierra de agentes de Inteligencia franceses en la región este del país, y de mercenarios rusos, en su mayoría miembros del controvertido grupo "Wagner Group", propiedad del multimillonario y restaurador oficial del Kremlin, Yevgueni Prigozhin, amigo personal del presidente Vladímir Putin.

En este contexto, esta misma semana el enviado especial de la ONU a Libia, Ghassam Salem, criticó con dureza al propio Consejo de Seguridad, al que en un entrevista en Argelia acusó de retrasar deliberadamente el consenso para la solución del conflicto armado en Libia, dejando entender que quizá favorecía así las aspiraciones de uno de los dos contendientes.

Mohamad abdel Kader