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El primer ministro británico, Boris Johnson, ultima este domingo una limitada remodelación de su gabinete que será el encargado de liderar la salida del país de la Unión Europea (UE) el próximo 31 de enero, y perfila la estrategia para retener a los nuevos votantes que han abandonado al laborismo.

Los planes de Johnson, que ganó con mayoría absoluta las elecciones del pasado día 12, pasan por llevar a cabo una mínima reestructuración como preludio de una extensa transformación que emprenderá una vez se produzca el "brexit".

La remodelación puede afectar al ministerio de Cultura, cuya titular, Nicky Morgan, dimitió antes de las elecciones; a la cartera para Gales, ya que su antiguo responsable, Alun Cairns, también abandonó el Gobierno, y al departamento de Medio Ambiente, cuyo titular, Zac Goldsmith, perdió su escaño en estos comicios.

Los expertos señalan que una vez que el Reino Unido haya abandonado el club comunitario, Johnson quiere nombrar un número significativo de ministros que serán seleccionados en función de su experiencia y no tanto por sus habilidades con los medios de comunicación.

Fuentes gubernamentales señalaron que esta remodelación "será bastante grande" y se buscarán personas "que puedan hacer el trabajo y no preocuparse tanto por los medios y las cosas a corto plazo".

"Habrá un gabinete para llevar a cabo el 'brexit' y luego habrá un gabinete para implementar la agenda de Boris que cambiará el país", señalaron estas fuentes.

Según The Sunday Telegraph, el polémico asesor de Johnson, Dominic Cummings, prepara una reforma radical del sistema para contratar y despedir funcionarios, de forma que pueda garantizar que los empleados públicos cumplen los planes del Gobierno.

Los cambios implicarían la supresión de algunos ministerios y la creación de nuevos departamentos en que los funcionarios podrían ser reemplazados por expertos externos de la confianza del primer ministro.

El equipo de Johnson utilizará las vacaciones navideñas para trabajar en estos cambios y definir las estrategias que le permitan llevar a cabo sus prioridades de cara a los próximos cinco años, las cuales pasan por invertir en el sistema nacional de salud y educación y mejorar la economía en zonas deprimidas del país.

Si bien la prioridad inmediata será salir de la UE en enero, lo que se presume un trámite seguro para el Gobierno debido a su amplia mayoría, después Johnson quiere emprender una serie de reformas que le permitan revalidar su mandato dentro de cinco años.

Para afianzar el primero de estos objetivos, el "número dos" del Gobierno, Michael Gove, dijo que las negociaciones sobre el acuerdo comercial con la UE, que empezarán tras el "brexit", acabarán al final de 2020, cuando también lo haga el periodo de transición.

Tras ello, los conservadores se proponen mejorar los servicios públicos para tratar de mantener el apoyo de los votantes de hasta 24 tradicionales bastiones laboristas, que eligieron a los "tories" por primera vez en casi un siglo.

Johnson ha adaptado su discurso para atraer a las clases trabajadoras, especialmente de zonas mineras y postindustriales del norte de Inglaterra y Gales, que hasta ahora constituían el conocido como "muro rojo" por su predilección laborista, pero que esta vez han puesto por delante su deseo de ver materializado el "brexit".

Para retener estos apoyos, Johnson se ha comprometido a impulsar una mejora del sistema de salud y ha anunciado que legislará para obligar por ley al Gobierno a cumplir con el compromiso de aumentar el gasto sanitario hasta en 33.900 millones de libras (40.600 millones de euros) para 2024.

Lo siguiente será transformar la economía británica más allá de Londres, de modo que las zonas menos privilegiadas que en las últimas décadas han vivido la masiva desaparición de sus industrias puedan beneficiarse de empleos en el sector tecnológico.

Los laboristas, por su parte, iniciarán el próximo año un proceso de reforma, en que su líder, Jeremy Corbyn, será sustituido, tras cosechar los peores resultados desde 1935, al lograr 203 escaños y perder 59, lo que ha generado un aluvión de críticas internas.

Corbyn se disculpó hoy con el electorado por lo que calificó de "duro golpe", ya que la formación evitó posicionarse claramente sobre su preferencia en la cuestión del "brexit" y se demostró que esta fue la clave en que votaron la mayoría de electores.

El "número dos" de Corbyn, John McDonnell, que tampoco seguirá en la futura ejecutiva, pidió también disculpas a los "diputados" que han perdido su escaño y a los "militantes", así como "a la gente que desesperadamente necesitaba un gobierno laborista".