EFEBangkok

Cien días después del golpe de Estado que acabó con el gobierno democrático de Birmania (Myanmar), la resistencia contra la junta militar continúa latente en todo el país donde las protestas pacíficas masivas están dando paso a un espíritu más guerrillero.

"Ya no participo en las protestas. Creo que la fase de la revolución (protestar) ha terminado y ahora estamos en la fase de resistencia armada", explica a Efe desde Rangún un estudiante de medicina de 22 años.

Un ola de protestas pacíficas se extendió por toda Birmania en respuesta al golpe de Estado ejecutado el 1 de febrero por el Ejército, que acabó con el gobierno electo de la popular líder Aung San Suu Kyi.

El evidente descontento de la mayoría de la población desencadenó una respuesta brutal de la junta militar, que ha detenido a casi 5.000 personas y matado al menos a 780 durante la represión de las protestas.

Salir a la calle a manifestarse supone exponerse a los tiros de policías y militares, que disparan a matar sin compasión, por lo que la dinámica de contestación contra la junta ha cambiado mucho desde abril.

En las grandes ciudades las manifestaciones multitudinarias han dado paso a protestas relámpago: no se convocan en las redes, los participantes se unen cuando las ven pasar y se dispersan tras 10 o 15 minutos antes de que puedan llegar las fuerzas de seguridad.

"Estas manifestaciones relámpago son muy importantes para mantener la moral de la gente y dejarle ver a la junta que no nos hemos rendido", explica el estudiante de quinto de medicina.

LA AYUDA NO VENDRÁ DE FUERA

Sin embargo, el joven no cree que la solución esté en las protestas pacíficas y está más interesado en ayudar como médico o apoyar a la actividad de los grupos armados.

"El mayor cambio en estos tres meses ha sido la actitud de la gente. Al principio la mayoría, incluido yo, pensábamos que la ONU nos ayudaría. Ahora hemos entendido la ayuda no vendrá de fuera y que tenemos que luchar por nuestra libertad nosotros mismos", apunta.

Aunque gran parte de la comunidad internacional ha condenado con mucha dureza las acciones de los militares, el Consejo de Seguridad -el órgano de la ONU que puede imponer sanciones o aprobar el uso de la fuerza- se ha mostrado tibio hasta ahora, con países como China y Rusia reacios a actuar contra los generales golpistas.

"Es muy difícil llevar a cabo una revolución sin violencia. Aunque el movimiento antijunta era pacífico, lo cierto es que siempre ha habido violencia contra nosotros", explica a Efe otro joven de 22 años desde la antigua capital a través de la aplicación Signal.

Este profesional, que dejó su trabajo tras el golpe para protestar a diario en las calles, cuenta cómo algunos de sus amigos están recibiendo entrenamiento con guerrillas de minorías étnicas en los estado de Karen y Kachin.

GUERILLAS URBANAS

Se calcula que cientos de jóvenes lo están haciendo. Algunos se unen a esos grupos armados para luchar con ellos contra el Ejército pero la mayoría se entrenan para volver a las ciudades y formar guerrillas urbanas.

"No creo que los generales se rindan pronto. Es importante también tener unas fuerzas armadas que nos protejan", asegura convencido este animador residente en la mayor ciudad del país, Rangún.

El gobierno civil, autoproclamado como legítimo y formado por representantes electos depuestos por los militares, anunció la semana pasada la formación de una milicia para defender a los ciudadanos de la represión de los uniformados.

Por otra parte, diversos grupos armados de minorías étnicas que desde hace décadas reclaman más autonomía han mostrado su apoyo al movimiento de desobediencia civil contra la junta militar, lo que ha recrudecido los enfrentamientos con el Ejército en zonas fronterizas.

"Ya han matado a muchos soldados. Los guerrillas están luchando contra el Ejército y les están ganando. Son buenas noticias", dice convencido un activista LGTBi de 26 años, que tras un papel muy activo en las protestas ahora centra su "lucha" en las redes sociales.

HUELGAS Y PARÓN ECONOMICO

Otra lucha sigue en marcha. El movimiento de desobediencia civil continúa con unas huelgas que han conseguido paralizar las Administración pública y otros sectores en protesta contra la junta militar.

La situación de la economía, que ya estaba muy deteriorada por el impacto de la pandemia, está no obstante, minando la capacidad de resistencia de los birmanos.

"Es una balance entre sobrevivir y seguir resistiendo. Es el momento de buscarnos la vida y seguir adelante. No podemos solo protestar", explica el joven animador.

El sentimiento de compromiso se mezcla con el de culpa, reconoce, mientras cuenta que sus padres están jubilados y que necesita buscar un trabajo para salir adelante.

Ramón Abarca