EFEPekín

Pancartas que exigían el fin de la corrupción, cánticos en pos de la reforma política, huelga de hambre en la Plaza de Tiananmen, millones de personas manifestándose e imágenes indelebles de tanques y soldados masacrando civiles en el centro de Pekín el 4 de junio de 1989.

Aunque la capital china, sede del Gobierno central, fue el centro neurálgico de las protestas y como tal atrajo más cobertura mediática internacional, decenas -cientos, según algunas fuentes- de ciudades de toda China registraron manifestaciones y sufrieron represión en unos acontecimientos silenciados por el Gobierno incluso 31 años después.

"En las capitales de cada provincia había marchas de distinta magnitud. En Chengdu, en Changsha, en Wuhan, en Shanghái... sabíamos que había protestas y manifestaciones", cuenta a Efe el abogado Sui Muqing, entonces estudiante de tercer curso de Derecho en Pekín y uno de los últimos en abandonar la Plaza de Tiananmen.

"Hubo miles de muertos (en todo el país). Por experiencia, si el Gobierno chino dice que hubo 100, hay que multiplicarlo por 10", apunta, aunque pasadas más de tres décadas de aquello el número de asesinados continúa siendo una incógnita.

Sui pudo llegar el día 10 de junio a Changchun, en el noreste del país, donde ya no quedaban protestas, pero sí miedo. "Donde hubo manifestaciones, hubo muertos y heridos, porque el Gobierno respondió", asevera.

"Puede que no se conozca del todo lo extendido geográficamente que estuvieron el movimiento democrático y la represión brutal de éste, ni el amplio apoyo que tenía el movimiento entre todos los sectores de la sociedad china", sostuvo entonces el profesor universitario Karl Hutterer en una carta al director de The New York Times publicada el 23 de junio de 1989.

Del 2 al 7 de junio, Hutterer se encontraba de viaje de trabajo en uno de los lugares donde la protesta -y la respuesta de las autoridades- fue más fuerte: la ciudad de Chengdu, en el centro del país.

CHENGDU, "EL PEQUEÑO TIANANMEN"

Según el profesor estadounidense, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo dos actuaciones represivas, las noches de los días 4 y 5 de junio, en un momento en el que los manifestantes de Chengdu habían recibido las noticias de las sangrientas acciones del Ejército chino en Pekín en las primeras horas del mismo día 4.

Esto se produjo después de semanas de manifestaciones pacíficas en la Plaza de Tianfu de Chengdu, presidida por una estatua gigantesca del fundador de la República Popular China, Mao Zedong.

"A diferencia de Pekín, hubo pocos disparos. Las tropas usaron gas lacrimógeno y granadas aturdidoras para controlar a la multitud y atacaron con porras, cuchillos y picanas eléctricas (...) Incluso después de haber caído al suelo, las tropas seguían apaleando y pisoteando a las víctimas", relató Hutterer.

El académico constató que "se ordenó a los hospitales que no aceptaran estudiantes heridos y, la segunda noche, la Policía impidió el funcionamiento de las ambulancias".

"Para cuando me fui, el día 7, había consenso respecto a que habían muerto entre 300 y 400 personas, y resultado heridas hasta mil. Un médico contó 27 muertos solo en su hospital", apostilló el profesor.

CANTÓN, ¿BAJO INFLUENCIA HONGKONESA?

Andrew To no recuerda muertos en Cantón. Ni siquiera enfrentamientos graves, aunque sí manifestaciones masivas.

"La Policía era como solía serlo la de Hong Kong hasta el año pasado. Nosotros éramos pacíficos y los policías eran amables y no hubo situaciones de peligro", explica a Efe el entonces secretario general de la Federación de Estudiantes de Hong Kong.

Los miembros de la Federación viajaron a varias ciudades chinas para apoyar el movimiento democrático, pero también para expandirlo: "Queríamos desviar la atención de Pekín hacia otros sitios. Es más fácil acabar con un movimiento si solo sucede en un lugar".

Así que, en su caso, tras un viaje en abril a la capital, en mayo se dirigió a Cantón en tren, vía Shenzhen.

"No tomamos el tren directo Hong Kong-Cantón para tratar de pasar desapercibidos. Y cuando llegamos a la estación de Cantón, o cuando nos acercábamos, por megafonía dijeron que los estudiantes de la Federación nos quedáramos donde estábamos -rememora To-. Pensábamos que nos iban a arrestar".

Lo que sucedió fue que los estudiantes de Cantón les recibieron en la estación y les condujeron directamente a las manifestaciones: "Había más de cien mil personas. Mucha, mucha gente de todo tipo. Parecía una celebración, la gente sonreía...".

En su opinión, las autoridades cantonesas estaban más abiertas que las de Pekín a la reforma política. "Cantón está lejos de Pekín y cerca de Hong Kong. Creo que el Gobierno local, en el fondo, apoyaba el movimiento (democrático)".

Por eso, explica To, cuando los estudiantes cortaron las vías del tren para protestar por la masacre de Tiananmen y la Policía les arrestó, no les retuvo bajo custodia más allá de un par de semanas.

SHANGHÁI, UNA HUELGA FALLIDA

También en la ciudad oriental de Shanghái las autoridades fueron más conciliadoras y las fuerzas de seguridad menos intransigentes, lejos de la brutalidad de Pekín, de Chengdu, de Xian. O al menos así lo evoca Geoff Crothall, entonces enviado especial a Shanghái para cubrir las protestas para el diario hongkonés South China Morning Post.

"Me acuerdo nítidamente de una vez en la que la Policía intentó frenar una marcha en el Bund, pero la multitud era tan grande que al final tuvieron que dejar pasar a los manifestantes porque si no la gente habría quedado aplastada", relata a Efe Crothall, actual portavoz de la organización defensora de los derechos laborales China Labour Bulletin.

La primera gran manifestación que le tocó cubrir fue el 4 de mayo, en el 70 aniversario de las protestas estudiantiles que exigían la modernización de China, a la que se sumó la protesta por el despido del director del diario World Economic Herald, un rotativo que había enfadado a las autoridades por su cobertura de las protestas en Pekín.

"La manifestación la lideraban los estudiantes, pero cientos de miles de ciudadanos y trabajadores se unieron o les animaron", detalla.

Según Crothall, los ánimos se encendieron un poco tras la declaración de la Ley Marcial en Pekín (el 20 de mayo), aunque el llamamiento a una huelga en Shanghái para apoyar a los estudiantes de Tiananmen realizado días después no logró el apoyo deseado.

Tras la represión del 4 de junio en varias ciudades, muchos de los líderes de las protestas huyeron, se exiliaron o fueron encarcelados y el movimiento frenó en seco.

No obstante, muchos de los participantes de esas protestas en toda China continúan siendo activistas, lo cual les ha costado largos periodos de cárcel.

HONG KONG, CON LA VISTA EN 1997

Las manifestaciones se vieron y se vivieron en clave distinta en Hong Kong: en 1984, Pekín y Londres habían firmado la Declaración Conjunta Sino-Británica por la que se acordaba la retrocesión del territorio a las autoridades chinas.

Habían pasado 5 años desde entonces, y aunque el documento comprometía a China a conservar los derechos y libertades de Hong Kong durante al menos 50 años a partir de la vuelta a su soberanía (aconteció el 1 de julio de 1997), los hongkoneses creían que una China democrática sería la mejor de las garantías para su propia libertad.

"Cuando los estudiantes empezaron las protestas en Pekín el 15 de abril, la gente de Hong Kong de repente se conmovió con lo que estaba pasando allí, y vio que había esperanzas de que China se democratizara", cuenta a Efe Lee Cheuk-yan, presidente de la Alianza de Hong Kong de Apoyo a los Movimientos Democráticos Patrióticos en China, fundada en esos días inciertos de 1989.

"Sabíamos que nuestro futuro estaba ligado al de China. Así que había un sentimiento como de día del juicio final: si China gobernaba Hong Kong, se acabaría Hong Kong. La gente no se fiaba del Partido Comunista Chino", apunta Lee.

UN MILLÓN EN LAS CALLES

Lee relata que no solo en la capital china se logró sacar a más de un millón de personas a las calles, sino que ese récord se consiguió también en Hong Kong en dos protestas masivas los días 21 de mayo (un día después de la entrada en vigor de la Ley Marcial en Pekín) y 28 del mismo mes.

"En Hong Kong, bajo la autoridad colonial, no teníamos democracia, pero teníamos libertad. Y si China se democratizaba, habría libertad bajo esa democracia", elucubra Lee. "Hong Kong se habría convertido en una democracia más desarrollada. Esa era la aspiración. Todo el mundo tenía esperanzas, porque nunca en la vida habíamos visto que los chinos salieran a las calles a esa escala, como en 1989".

"Pero después de la masacre -lamenta el activista-, tuvimos que afrontar la realidad de que íbamos a regresar a la soberanía de un régimen que asesinaba a su propio pueblo. Desde entonces, recordamos el Cuatro de Junio y luchamos por una mayor democracia en Hong Kong".

Javier Triana