EFEBerlín

La candidata de los Verdes alemanes, Annalena Baerbock, relanzó hoy su campaña por la Cancillería que dejará Angela Merkel, apeada del liderazgo en los sondeos pero dispuesta a luchar por un relevo verde, desde un "ecologismo realista" no radical.

"Este verano cambiarán los vientos tras un invierno marcado por la pandemia", proclamó Baerbock, tras ser ratificada como candidata por un 98,5 % de los votos. "Tenemos el optimismo y determinación necesarios para liderar el cambio, asumo esa responsabilidad", afirmó.

"En septiembre termina una era. Nosotros queremos liderar la siguiente", prosiguió, en alusión a los comicios nacionales del 26 de ese mes, tras los que se despedirá del poder de Merkel. Su objetivo es "servir al bienestar común", enfatizó, en un claro mensaje al grueso del electorado, no solo al adscrito a su partido.

El desafío es lograr un "futuro mejor", lo que implica la "lucha climática responsable" y la conciliación entre propósitos medioambientales y viabilidad económica. "No podemos prometer un cielo azul si no es factible", añadió, tras proponer un "pacto verde" con la industria.

Baerbock es "la mujer del futuro", proclamó el secretario ejecutivo del partido, Michael Kellner. Para lograrlo, el partido defenderá un "cambio realista", "sin radicalismos", según su co-presidente, Robert Habeck.

LA FUGACIDAD DEL PRIMER PUESTO

Los Verdes se habían disparado a la "pole position" en los sondeos al ser propuesta Baerbock como candidata, en marzo. Ese liderazgo se disipó, entre varios deslices de la líder y la debilidad del partido en el este, reflejada en las regionales del pasado domingo. Los conservadores se impusieron ahí como cortafuegos al ímpetu de la ultraderecha en esa mitad del país.

Baerbock logró su ratificación, meses después de haber consensuado su candidatura con Habeck, ambos representantes del ala realista de un partido nacido como movimiento de protesta.

Pero el bloque conservador, liderado por el centrista Armin Laschet, ha recuperado la primera posición en intención de voto, con 28 puntos frente a los 20 de los Verdes. Matemáticamente no está descartado un relevo verde, pero debería cuajar un tripartito con socialdemócratas y liberales.

Entre Baerbock y Habeck dirigieron un congreso híbrido, con sus intervenciones ante un auditorio con aforo reducido, mientras los delegados dirigían videosaludos o intervenciones desde casa -con la correspondiente exposición de estanterías, imágenes de dormitorios, cocinas, etc-.

Prosperaron las mociones que reflejan el "cambio realista" de Habeck. De llegar al poder, prometen subir el salario mínimo interprofesional a 12 euros por hora -de los 9,5 actuales- y mejorar los subsidios a desempleados crónicos y perceptores del auxilio social.

Con ello tratan de romper con la imagen de partido consagrado a defensas medioambientales y sin la misma sensibilidad para combatir la precarización social.

Su esencia sigue siendo la lucha climática -la primera preocupación actualmente del elector, según los sondeos-. También ahí buscaron propuestas equilibradas, ansiosos de quitarse la etiqueta de partido "de las prohibiciones" -como le llama la ultraderecha, por querer restringir los vuelos "low cost" o imponer un límite de velocidad en las autopistas-.

EL MEA CULPA DE UNA CANDIDATA ACOSADA

La intervención de Baerbock arrancó con un "mea culpa" por sus tropiezos en su precampaña. Algo que ya hizo en varias declaraciones a los medios, pero que precisaba repetir ante los suyos.

En la lista de errores hay desde imprecisiones en su curriculum académico -que ha ido corrigiendo- a "olvidos" luego subsanados en la declaración de ingresos adicionales al Bundestag.

Cada error han sido profusamente difundido por los medios, en rango similar a los escándalos por negocios con mascarillas anti-covid de diputados conservadores o las sospechas sobre el ministro de Sanidad, el conservador Jens Spahn, de que quiso repartir partidas deficientes en discapacitados y sin techo.

Todo sombra sobre Baerbock se amplifica. También se abunda en su falta de experiencia de gobierno, en un país poco proclive a dejarse seducir por líderes sin rodaje. Laschet sí exhibe experiencia como primer ministro del "Land" más poblado del país, Renania del Norte-Westfalia, con 18 millones de habitantes.

La última andanada contra la candidata procedió de un loby económico, que la presentó como un Moisés con unas Tablas de la Ley a modo de las prohibiciones que implantaría.

La comunidad judía berlinesa y la Oficina Antisemitismo han levantado la voz contra su anunció difundido por diferentes medios. Implica unas "connotaciones religiosas antisemitas" peligrosas, según dicha oficina, que tacha de "fatales" tales estrategias.

Gemma Casadevall