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El líder de la oposición rusa, Alexéi Navalni, pasó hoy el primer día en la infame prisión preventiva de Matrósskaya Tishiná, mientras el Kremlin negó que el presidente, Vladímir Putin, tenga miedo al opositor o a las posibles protestas contra su apresamiento.

Navalni, de 44 años, fue recluido en solitario en una celda, donde tendrá que estar dos semanas en cuarentena -regla obligatoria para todo aquel que llegue del extranjero debido a la pandemia del coronavirus- antes de acudir a juicio el próximo 2 de febrero.

Desde su detención el domingo se han sucedido las demandas para su liberación, pero las autoridades rusas ignoraron la unánime condena occidental con la excusa de que es un "asunto interno" e impusieron al opositor 30 días de arresto administrativo.

CÉLEBRE PRISIÓN

Navalni cuenta en su celda con todas las comodidades -nevera y televisor- y puede encargar alimentos a través de sus familiares o en la tienda de la prisión, según informó Alexéi Mélnikov, funcionario del Patronato Social de Presos del Ayuntamiento de Moscú.

El líder opositor manifestó que "no ha sido objeto de presiones físicas ni morales por parte del personal". No obstante, sus partidarios temen por su vida, ya que en julio de 2019, mientras cumplía también 30 días de arresto, ya tuvo que ser hospitalizado tras sufrir una extraña dermatitis.

Entonces, Navalni presentó una denuncia por supuesto envenenamiento, un año antes de ser atacado con el agente químico Novichok, según el opositor, por orden de Putin.

Son muchas las ocasiones en las que el político ha sido arrestado por participar en manifestaciones no autorizadas -entre 2011 y 2019 estuvo casi 500 días entre rejas o bajo arresto domiciliario-, pero nunca fue a parar a una prisión como Matrósskaya Tishiná.

El correccional de Matrósskaya Tishiná (Silencio del Marino) fue construido en 1775, en tiempos de Catalina la Grande, y entre 1949 y 1953 acogió a criminales de guerra nazis.

Matrósskaya Tishiná fue también el presidio en que fueron recluidos hasta su indulto los cabecillas de la intentona golpista contra el presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, en agosto de 1991.

LA MUERTE DE MAGNITSKI

No obstante, su reciente trágica fama proviene sobre todo por ser el lugar donde murió en extrañas circunstancias en 2009 el abogado Serguéi Magnitski, que había denunciado, al igual que Navalni, la corrupción, aunque en las filas policiales.

Nada más denunciar la existencia de una red de policías corruptos, Magnitski fue ingresado en prisión en noviembre de 2008, donde fallecería un año más tarde, según los defensores de derechos humanos y el Parlamento Europeo porque fue torturado y no recibió el tratamiento médico adecuado para las cardiopatías que padecía.

"No le torturó nadie, murió de un ataque al corazón. Si le ofreció asistencia médica a tiempo o ni siquiera se la dieron, eso es materia de investigación", dijo Putin en 2012.

Por ese motivo, Estados Unidos aprobó en su momento el "Ley Magnitski" que allanó el camino para la imposición de sanciones occidentales a funcionarios rusos.

El Servicio Penitenciario Federal (SPF), el mismo que declaró en busca y captura a Navalni por no personarse ante la autoridad por un antiguo caso penal, reconoció en su momento que varias decenas de personas mueren anualmente en prisiones preventivas de Moscú, sea por enfermedad o por "causas externas".

PUTIN NO TEME A NAVALNI

En su primera declaración desde la detención de Navalni, el Kremlin negó hoy que Putin le tenga miedo a Navalni, quien al ser condenado llamó en las redes sociales al presidente "viejo ladrón confinado en un búnker".

"Las afirmaciones relativas a que uno tiene miedo al otro son una soberana tontería. No hay que asociar al presidente con la violación de las leyes de la Federación Rusa. Si alguien incumple las reglas, entonces la policía toma medidas para restablecer el orden", afirmó Dmitri Peskov, el portavoz presidencial.

En alusión a las demandas occidentales de liberación de Navalni, aseguró que el Kremlin "no tiene intención de tener en cuenta la opinión internacional al respecto".

"Se trata de un hecho de incumplimiento de la legislación rusa por parte de un ciudadano ruso. Eso es un caso absolutamente interno y no permitiremos a nadie que se inmiscuya", señaló.

En cuanto a la exhortación de Navalni a sus partidarios para que salgan a la calle, Peskov comentó que el Kremlin no teme dichos llamamientos.

"No tengáis miedo. Salid a la calle, no por mí, sino por vosotros mismos, por vuestro futuro", dijo el opositor.

Sus partidarios ya han convocado una protesta para el 23 de enero, aunque fuentes oficiales ya advirtieron hoy de que la oposición no recibirá autorización debido a las restricciones relativas a la covid-19.

Ignacio Ortega