EFESeúl

Seúl rebajó hoy la importancia del súbito distanciamiento de Pyongyang y apostó por seguir mediando para garantizar el éxito de la cumbre entre Corea del Norte y Estados Unidos, que peligra por las diferencias en torno al mecanismo de desnuclearización.

"Estamos tan solo en el comienzo del proceso y no vamos a parar o a titubear en nuestro avance hacia la paz en la península coreana", explicó hoy en rueda de prensa el portavoz del Ministerio surcoreano de Unificación, Baek Tae-hyun.

La decisión de Pyongyang de cancelar sus reuniones con Seúl y la amenaza de no celebrar la cumbre con EEUU por sus propuestas unilaterales sobre desnuclearización han dado un vuelco esta semana al hasta ahora cordial y constructivo acercamiento con Corea del Norte.

Pyongyang suspendió el miércoles una reunión de alto nivel con Seúl argumentando que unas maniobras conjuntas que realizan estos días Corea del Sur y EEUU suponen un ensayo para invadir territorio norcoreano y que además complican la celebración de la cumbre entre el líder Kim Jong-un y Trump.

El régimen había dicho a principios año que aceptaba la celebración de maniobras, por lo que este reproche parece ir emparejado con las críticas que ha vertido esta semana la propaganda estatal contra la administración Trump, a la que acusa de presionarlo para que se desnuclearice de manera unilateral.

En este ambiente de incertidumbre, el presidente de Corea del Sur e impulsor del deshielo, Moon Jae-in, emprenderá el lunes un viaje a Washington para reunirse al día siguiente con el presidente estadounidense, Donald Trump, en la capital estadounidense.

"Esperamos que la reunión actúe como un puente (entre EEUU y Corea del Norte) que conduzca al éxito de la cumbre Corea del Norte-EEUU, ya que se va a producir apenas tres semanas antes de esa cita", dijo hoy, en declaraciones recogidas por la agencia Yonhap, el vicedirector de la Oficina de Seguridad Nacional, Nam Gwan-pyo.

Por otra parte, el Sur ha vuelto a instar hoy al Norte a que retorne a la mesa de diálogo y a que implemente lo acordado por Kim y el presidente Moon, en su declaración del pasado 27 de abril.

En el documento, las dos Coreas, técnicamente aún en guerra, se comprometieron a trabajar para establecer la paz y la "completa desnuclearización" de la península de Corea, un tema que centrará la cumbre entre Kim y Trump.

Ha sido el mecanismo de desarme lo que precisamente ha puesto en evidencia esta semana las diferencias entre Pyongyang y Washington, después de que el consejero nacional de Seguridad de EEUU, abogara públicamente por un modelo al estilo libio.

Washington acordó en 2003 el desmantelamiento del programa nuclear del régimen libio -derrocado años después- que a cambio del levantamiento de sanciones y apoyo económico envió a EEUU la mayor parte de su arsenal y equipamiento para que fuera destruido.

El miércoles Pyongyang rechazó tajantemente que vaya a aceptar un modelo de desarme como el firmado con Trípoli en lo que se considera una maniobra para ganar algo de terreno en las negociaciones en torno a la histórica cumbre.

Para Kim Sung-Chull, del Instituto de Estudios para la Paz y la Unificación de la Universidad Nacional de Seúl, de cara a la cumbre ambas partes necesitan aclarar exactamente qué entiende cada una por desnuclearización, además de entender que cada lado parece querer un ritmo y una reciprocidad diferentes a la hora de implementarla.

El tercer elemento, dice, son las medidas concretas que Washington ofrecería al régimen para garantizar su permanencia.

"Aquí la desnuclearización y la pacificación deben ir de la mano", cuenta a Efe Kim, que cree que "un tratado, acuerdo o declaración conjunta por sí solo no sería suficiente para que Pyongyang se sintiera segura".

"Se requeriría un marco jurídico internacional que tenga como resultado una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, por ejemplo", explica.