EFENueva York

Estos días, a Bill de Blasio le caen palos por todos los lados. El alcalde de Nueva York, un progresista que llegó al cargo decidido a hacer reformas en la Policía, vive sus horas más bajas atrapado en la búsqueda de un equilibrio casi imposible entre su apoyo a las protestas contra el racismo y su defensa de los agentes.

Las manifestaciones a raíz del caso de George Floyd, un hombre negro muerto a manos de la Policía en Mineápolis (Minesota), han dejado a este demócrata de 59 años en una precaria situación política.

De un lado se le ataca por no haber actuado con más contundencia para evitar los disturbios y saqueos que se vieron durante varias noches. Del otro, por decretar un toque de queda que criminaliza cualquier protesta más allá de las 8 de la tarde y por permitir cargas de la Policía contra manifestantes pacíficos.

Esta semana, miles de personas han firmado a través de internet una petición lanzada ya el pasado año -siempre ha sido un alcalde controvertido- y que reclama su destitución, acusándole entre otras cosas de ser “antipolicía”, de no proteger a los agentes y de llevar a cabo políticas “socialistas”.

Las críticas desde los círculos conservadores no son una novedad para De Blasio, un demócrata de izquierdas que este año fracasó en su intento por obtener la candidatura de su partido a la Casa Blanca y que terminó apoyando la del senador Bernie Sanders.

Sí lo son, al menos en esta magnitud, las de votantes y medios progresistas, que en los últimos días han cargado con dureza en su contra por una actuación policial que él ha defendido.

El pasado jueves, De Blasio vivió en persona ese malestar al ser recibido con abucheos en un multitudinario acto en memoria de George Floyd.

En Brooklyn, su terreno, y rodeado de la base que lo eligió -una coalición de afroamericanos y de blancos progresistas-, el alcalde apenas pudo hablar ante los gritos de los manifestantes que le exigían medidas contra la Policía.

Su esposa, afroamericana, tomó la palabra para tratar de calmar los ánimos, con escaso éxito. Minutos después, varios políticos demócratas arremetían desde el mismo micrófono contra el alcalde, haciendo evidente su cada vez mayor aislamiento.

Al día siguiente, The New York Times le dedicaba un duro editorial bajo el título “Alcalde De Blasio, abra los ojos, la Policía está descontrolada”, en el que le responsabilizaba de la represión violenta de algunas de las manifestaciones.

Unas manifestaciones que De Blasio apoya abiertamente y ante las que promete centrar la parte final de su segundo y último mandato, que vence en 2021, en acelerar las reformas en el seno del NYPD.

El alcalde, graduado en la Universidad de Nueva York y en Columbia, fue elegido en 2013 en parte gracias a su oposición al llamado “stop and frisk”, una controvertida táctica empleada por la anterior Administración que permitía a la Policía dar el alto y cachear a cualquier persona por la calle y que se cebó con los negros y los latinos.

Su principal anuncio de campaña estaba protagonizado por su hijo adolescente, negro, que prometía que De Blasio era alguien que entendía perfectamente los miedos de la comunidad afroamericana con la Policía.

Así, los agentes le recibieron con escepticismo desde el primer día y han mantenido una tensa relación con él, resistiéndose a algunas de sus reformas y, durante una época, llegando a darle la espalda cada vez que aparecía antes ellos.

Ahora que De Blasio trata de defender a sus fuerzas, destacando la contención que están mostrando en un momento tan complicado, los golpes le llegan desde el otro lado.

En una carta hecha pública esta semana, más de 200 funcionarios y exfuncionarios de su Administración aseguraron que no podían guardar silencio mientras el Ayuntamiento "permite al NYPD convertir nuestra ciudad en un territorio ocupado".

"Demandamos un cambio radical al alcalde, que está al borde de perder toda legitimidad a ojos de los neoyorquinos", señalaban en su escrito.

En su currículum hay que recordar que comenzó su carrera política en los años 90 como ayudante del primer alcalde afroamericano de Nueva York, David N. Dinkins. Luego fue colaborador del ahora gobernador Andrew Cuomo, con el que comparte una gran enemistad ahora pese a ser del mismo partido, y que en el 2000 fue el encargado de la campaña electoral que llevó a Hillary Clinton al Senado en representación del estado de Nueva York.

Experto en educación y nombrado en 2010 defensor del Pueblo de Nueva York, el segundo puesto electo más importante de la ciudad, se hizo en 2013 con la alcaldía relevando a Michael Bloomberg y con un apoyo abrumador (73 %). Hoy, criticado por unos y por otros, Bill de Blasio pasa por las horas más bajas de su mandato.

Mario Villar