EFEBrasilia

El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, quien aspira a ser reelegido en octubre próximo, volvió a subir el tono este miércoles contra la Justicia electoral y garantizó que "no serán dos o tres" quienes decidirán "cómo se contarán los votos".

Bolsonaro mantuvo un delicado pulso con la Justicia electoral el año pasado tras sembrar dudas sobre la transparencia de las urnas electrónicas de votación que Brasil usa desde 1996 y reanimó esas sospechas este miércoles, durante la inauguración de una estación ferroviaria en el estado de Río Grande do Norte.

"Pueden estar seguros de que sus votos serán contados" y que "no serán dos o tres quienes decidirán cómo se contarán los votos", dijo en clara alusión a los magistrados del Superior Tribunal Electoral (TSE) y a su resistencia al escrutinio electrónico, que intentó sin éxito sustituir por un método manual y de papeletas.

El líder de la ultraderecha se dijo "defensor de la democracia y la libertad" y garantizó que tanto él como "los militares" harán "todo lo posible, hasta con el sacrificio de la propia vida, para que los derechos sean cumplidos".

Pese a que el sistema electrónico de votación adoptado en 1996 no ha sido objeto jamás de una denuncia de fraude, Bolsonaro sostiene que propicia las trampas y hasta asegura, sin pruebas, que las hubo en las elecciones de 2018, en las que él fue elegido presidente.

También aseguró que el proceso electoral de este año "no será una lucha de la derecha contra la izquierda", sino "del bien contra el mal", que a su juicio encarna el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, claro favorito para volver al poder según todos los sondeos.

Bolsonaro afirmó que "el bien siempre vence" y dijo que "no será diferente" en las próximas elecciones, en las que los brasileños se pronunciarán en favor de la "libertad y el libre mercado".

El capitán de la reserva del Ejército se definió a sí mismo como "uno de los presidentes más democráticos de la historia de Brasil" y puso como ejemplo de esa afirmación que "hasta le dio el derecho a su pueblo de tener un arma de fuego", en el marco de unas polémicas políticas de "autodefensa" de la sociedad frente a la delincuencia.

"Basta de bandidos armados. Quien tiene que estar armado es el personal de la seguridad", pero también "todos los hombres y mujeres de nuestro Brasil, porque un pueblo armado jamás será esclavizado", declaró.