EFELima

Con arengas como "Alan nunca muere, vive con su pueblo", una muchedumbre de simpatizantes del expresidente peruano Alan García hizo cola por largas horas para velar este Jueves Santo los restos mortales líder del aprismo, que se suicidó cuando iba a ser detenido por el caso de corrupción Odebrecht.

Desde primera hora de la mañana, una extensa fila de correligionarios llegados desde diversos puntos de Perú esperó estoicamente bajo el sol para entrar en la Casa del Pueblo, la sede del Partido Aprista Peruano (PAP), donde se ubicó el velatorio del expresidente, que gobernó el país en dos mandatos (1985-1990 y 2006-2011).

El lento avance para entrar al recinto hizo cundir la desesperación entre los apristas, que por momentos llegaron al borde de la histeria colectiva por dar el último adiós a García, lo que generó algunos desmanes que pudo controlar la Policía.

La devoción por García quedó plasmada en las cintas en la cabeza con la leyenda "El APRA nunca muere" y "Alan presente", las viseras con el mensaje "Alan García descansa en paz" y las chapas con la foto de García y las fechas 1949-2019, artículos que se vendían a las afueras del local a 1 o 2 soles (0,30 o 0,60 dólares).

La procesión fue probablemente la última gran muestra de masa social del aprismo, un partido venido a menos por las acusaciones de corrupción de García, que en su último intento por alcanzar un tercer mandato presidencial en 2016 solo pudo obtener el 5% de los votos.

Los apristas llegados al velatorio fueron una gran representación de la pequeña minoría de los peruanos que todavía votaba por García, quien en varias encuestas recientes era percibido por la población como el político más corrupto del país.

Ninguna de las acusaciones que han perseguido a García durante toda su carrera política, entre otros escándalos que incluyeron presuntas violaciones a los derechos humanos, tenían cabida en este búnker político.

Los alrededores de esta casona del casco antiguo de Lima eran una burbuja de recuerdos amables de García, como el de brillante orador, el de animal político y el de líder capaz de guiar al pueblo.

Nadie hacía mención al lado más oscuro del expresidente como la galopante inflación durante su primer Gobierno, la matanza de El Frontón, los "narcoindultos" ni mucho menos el caso Odebrecht, lo que le llevó a dispararse en la cabeza con un arma de fuego cuando parecía que la Fiscalía tenia suficientes indicios como para detenerlo.

Mario Medina, llegado desde la ciudad andina de Andahuaylas, aguardaba en la fila vestido de traje y con una rosa roja en la mano. "La rosa representa el amor y la sangre que ha derramado ayer mi presidente", apuntó.

La llegada al aula magna de la casona, donde estaba el féretro de García, hacía aflorar las emociones más intensas acumuladas durante horas, frente a una imagen de Jesucristo, una bandera de Perú, otra del APRA y dos fotos idénticas del exmandatario con la banda presidencial.

Allí reciben el pésame los familiares de García, como su segunda y su tercera esposa, Pilar Nores y Roxanne Cheesman, y sus hijos, entre ellos el menor de todos, Federico Danton, de 14 años.

Entre lágrimas y sollozos, otra veterana simpatizante, Amada Purisaca, recordó a Efe que "Alan ha sido muy bueno con su gente" y aseguró que "no está muerto, está vivo en el corazón del pueblo".

Sentado en una silla, Jorge Lozano justificó el suicidio de García: "Lo felicito por ser un hombre que no va a pisar la cárcel ni dejarse humillar ante nadie. Es difícil encontrar un hombre de esa estirpe actualmente", señaló.

Las paredes de la estaban colmadas por cientos de coronas funerarias llegadas desde el miércoles y una rápida mirada a sus remitentes permitía constatar las afinidades y amistades políticas que había labrado García en sus últimos años.

Muchas procedían del fujimorismo, aliado político del Partido Aprista, al que García transformó de ser una organización revolucionaria de izquierdas y perteneciente a la Internacional Socialista a un frente de derecha sin complejos.

Destacaba ahí la corona de la fujimorista Rosa María Barta, presidenta de la comisión parlamentaria que investigó el caso Lava Jato en Perú y en cuyo informe final desistió de denunciar a García por los sobornos de Odebrecht pero sí a sus enemigos políticos como los expresidentes Alejandro Toledo y Ollanta Humala.

También figuraba una corona enviada por su exministra y actual vicepresidenta de Perú Mercedes Aráoz, la única señal del actual Gobierno en este velatorio después de que la familia haya rechazado que el expresidente sea despedido con honores de Estado.

Las muestras de devoción a la controvertida figura de Alan García culminarán este Viernes Santo, cuando se celebrará el funeral que servirá de último adiós a uno de los grandes protagonistas de la política peruana y latinoamericana de las últimas tres décadas.

Fernando Gimeno