EFESantiago de Chile

Por primera vez en su historia, en un paso inédito hacia la descentralización, Chile elegirá en los comicios de los próximos 15 y 16 de mayo a sus gobernadores regionales, autoridades que reemplazarán a la actual figura del intendente, que designa la Presidencia, en un proceso que contempla también la introducción de los delegados del Gobierno, lo que generará, según expertos, "anomalías" en la distribución del poder.

Más del 60 % de la población chilena habita fuera de la capital, repartida entre 15 regiones -aparte de la Región Metropolitana, la más poblada y en la que se ubica la capital- a lo largo de los 4.200 kilómetros de longitud que tiene el país.

Sin embargo, desde la formación del Estado chileno en el siglo XIX, las decisiones importantes se han tomado en Santiago, sin considerar la diversidad social y cultural del territorio.

Votar a los gobernadores es un avance importante para cambiar esto, pero sustituir al intendente dejó al país frente a una hidra de Lerna: de esa autoridad que dejará de existir, aparecieron otras dos, una electa y otra designada, opinó el director del Centro de Estudios Regionales y del Desarrollo Territorial de la Universidad Austral, Egon Montecinos.

"Chile va a entrar al conjunto de países donde uno pudiera decir que existen anomalías en el poder territorial" en tanto el delegado regional, designado por el primer mandatario, "tendrá atribución de gestión y coordinación. Esa es la anomalía", explicó Montecinos, quien también es doctor en ciencia política.

TRADICIÓN CENTRALISTA DE IZQUIERDAS Y DE DERECHAS

Según el académico, la trampa está en que si bien la ciudadanía elegirá a la máxima autoridad política de cada región, será el delegado regional quien podrá coordinar la inversión fiscal en el territorio, en tanto mantendrá contacto directo con los ministerios de acuerdo a lo estipulado en la ley.

"Lo que no va a estar en el gobernador es el poder de gestión y administración, esa es una anomalía que puede resultar en zonas de conflicto o de no cooperación", afirmó Montecinos.

Y es que los máximos presupuestos seguirán en manos de instituciones ancladas a Santiago, esto porque, a juicio del cientista político, "existe una tradición centralista que tienen tanto partidos de izquierdas como de derechas, y este delegado presidencial resultó de ella y del escaso apoyo que tuvo el proyecto descentralizador en el Congreso".

A la fecha, aún se tramitan en el Parlamento chileno dos iniciativas de ley que abordan competencias y límites de cada cargo, por lo que las nuevas gobernaciones regionales asumirán en medio de una incertidumbre respecto a sus competencias y autonomía presupuestaria.

"SABOR AMARGO A DICTADURA"

Para Tania Concha, candidata a la gobernación de la Región del Biobío, más de 500 kilómetros al sur de Santiago, la sola elección del cargo resulta "insuficiente", en tanto el delegado regional se alza como "contraparte" mientras tenga vinculación directa con los ministerios, incluyendo Interior y por ende el mantenimiento del orden público.

"Esta elección fue una lucha que se dio en el ámbito de la descentralización para que los procesos políticos se pudieran abrir para dejar atrás los cargos de designación, que tienen ese amargo sabor a dictadura", señaló a Efe la candidata.

Sin embargo, apuntó, "no ha habido voluntad política para entregar poder y recursos a las regiones".

"UN NIÑO CON DIENTES DE LECHE"

Hasta ahora, Chile y Turquía eran los únicos países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que no elegían a sus autoridades regionales, realidad que según Rodrigo Mundaca, candidato a gobernador por la Región de Valparaíso, en el litoral central, "ha transformado a Santiago en un verdadero reino, con su elite política, económica y cultural dirimiendo el destino de nuestras comunidades".

Desde ahí, el también reconocido defensor de los derechos ambientales en la lucha por el agua, afirmó a Efe que las regiones "han sido consideradas como fuente inagotable de recursos para un modelo que compromete la vida de las personas, que se caracteriza por la extracción intensiva e irracional de los recursos".

Cambiar eso, dijo Mundaca, "exige que las funciones de conducción de la región estén radicadas en un gobernador democráticamente elegido", no en un "celador" presidencial que "en la práctica tiene la facultad de inhibir el proceso de descentralización".

"El proceso actual es un niño con dientes de leche", expresó Mundaca, "porque si bien las funciones están claras, son insuficientes".

NECESIDAD PARA EL DESARROLLO

Según la OCDE, el centralismo empedernido del Estado chileno se ha transformado en uno de los tantos obstáculos para su desarrollo, por lo que enfrentar esta problemática de manera decidida, según Montecinos, reviste un potencial de "perfeccionamiento democrático" que debe considerarse hacia el futuro.

"Estamos desaprovechando la posibilidad de conformar sociedades políticas regionales, que sean un contrapeso frente al poder central metropolitano", declaró.

Sebastián Silva