EFEManaos/Sao Paulo (Brasil)

En el estado brasileño del Amazonas, uno de los más castigados por la pandemia, la atención médica a las comunidades ribereñas llega por las aguas del río Negro, las mismas por las que el coronavirus comienza a adentrarse en la selva.

Los equipos de médicos navegan por los ríos amazónicos y cruzan una espesa vegetación para visitar a las comunidades rurales del interior, realizarles pruebas y orientarlas sobre las medidas de prevención en el combate al COVID-19, que avanza con más fuerza por el interior del país, uno de los más castigados del mundo.

Situada al margen izquierdo del río Negro, el más caudaloso de todos los afluentes del río Amazonas, y a poco más de una hora de navegación de la zona urbana, la comunidad de Bela Vista do Jaraqui se ha visto afectada por la llegada del coronavirus.

Hace más de dos meses que este pueblo centenario indígena de los Jaraqui dejó de recibir visitantes y prohibió la entrada de embarcaciones que no representen servicios esenciales o trasladen productos para el abastecimiento de la comunidad o frenar la expansión del virus.

ATENCIÓN MÉDICA A TRAVÉS DE LOS RÍOS AMAZÓNICOS

Pero la comunidad recibió en estos días la visita de los funcionarios y médicos de la Unidad Básica de Salud del Gobierno municipal de la capital del estado del Amazonas, Manaos, una de las más golpeadas por la pandemia.

Vestidos con equipamientos de protección individual, los doctores de la unidad fluvial realizaron tests rápidos a los más de 300 habitantes del pueblo y confirmaron algunos contagios de COVID-19.

"Nos llegó la información de que estaban con casos sospechosos" de coronavirus, por lo que "estamos haciendo exámenes" para "verificar la gravedad de la situación en la comunidad", dijo a Efe el gestor de la unidad fluvial, Assis Calvacante da Silva.

Protegidos con máscaras y sentados en bancos de madera, sillas de plástico o ladrillos, decenas de vecinos aguardaron pacientes su turno para ser atendidos por los profesionales de salud y confirmar un posible contagio de coronavirus.

Entre ellos se encontraba Leonildo Pinheiro Lima, de 66 años, quien lleva casi media vida en la comunidad de los Jaraqui. Se hizo el test de COVID-19 y dio negativo, mientras que su mujer, Maria Francisca, aprovechó la visita médica para hacerse otros exámenes y recibir medicamentos.

Además de las pruebas rápidas de coronavirus, la unidad fluvial de Manaos también realiza exámenes del sífilis, del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y de embarazo, entre otros servicios.

La expectativa es llegar a atender hasta el próximo 4 de junio al menos a 4.000 personas de un total de 40 comunidades ribereñas, popularmente conocidas en Brasil como los "pueblos del bosque".

En las últimas semanas, el virus ha avanzado hacia los territorios del interior del estado del Amazonas que, según el último balance de las autoridades sanitarias del país, ya ha contabilizado cerca de 39.000 casos y alrededor de 2.000 víctimas mortales de COVID-19.

La llegada del patógeno al interior hizo saltar todavía más las alarmas en este inmenso estado, cuya superficie equivale tres veces a la de España, y que ya preocupaba a las autoridades del país por su falta de provisión sanitaria, pues solo su capital, Manaos, tiene camas de cuidados intensivos.

A la propagación del virus en el interior del estado han contribuido también los ríos, por ser el principal medio de comunicación para las poblaciones que habitan en la cuenca del Amazonas, la cual comparten ocho países de Sudamérica.

Brasil registra 27.878 muertos por el coronavirus SARS-CoV-2 superando a España en número total de decesos y los contagios suman ya 465.166, siendo el segundo país del mundo con más casos.

Raphael Alves y Carla Samon