EFESao Paulo

La reforma tributaria, una de las principales banderas del Gobierno del presidente Jair Bolsonaro junto a las privatizaciones, centrará en los próximos meses la agenda económica del Congreso brasileño, que esta semana retomó los trabajos tras el receso parlamentario.

El proyecto presentado por el Ejecutivo ha sido troceado en diversos tramos y tiene como uno de sus principales ejes la reforma del impuesto de renta del país, que tiene uno de los sistemas tributarios más complejos del mundo.

"El Gobierno ha propuesto pequeñas reformas sobre la reforma tributaria. Una reforma de verdad es cuando mueves la estructura, ahora solo se está pintando la pared", explicó en una entrevista a Efe Gabriel Quintanilha, especialista tributario y profesor adscrito de la Fundación Getulio Vargas (FGV).

Uno de los puntos más polémicos de la propuesta presentada por el Gobierno es la tributación sobre los dividendos, que estaban exentos en el país desde 1995.

De acuerdo con la organización Tax Foundation, Brasil es uno de las pocas naciones del mundo, junto a Estonia, que actualmente no grava las ganancias sobre el capital, lo que podría cambiar en caso de que el Congreso apruebe la "segunda fase" del proyecto presentado por el Gobierno.

La tributación sobre ganancias de dividendos ha sido ampliamente defendida por el ministro de Economía, Paulo Guedes, un liberal ortodoxo de la escuela de Chicago y quien asegura que la medida pondrá fin a privilegios y ayudará a reducir los impuestos de empresas y trabajadores.

"No adelanta colocar impuestos sobre 30 millones de brasileños con una renta relativamente baja, mientras que por otro lado 20.000 propietarios de capital recibieron 400.000 millones de reales (unos 77.000 millones de dólares) en dividendos y tuvieron una exención de 50.000 o 60.000 millones de reales (entre 9.615 y 11.500 millones de dólares)", justificó Guedes hace algunas semanas.

En su propuesta inicial, el Ejecutivo prevé una tributación del 20 % sobre ganancias y dividendos, con una exención para las que superen 20.000 reales (unos 3.846 dólares) por mes para personas físicas que reciben de pymes, aunque el instructor del proyecto en la Cámara, Celso Sabino, pretende ampliar los descuentos de las empresas de un mismo grupo, entre otras exenciones.

No obstante, según algunos especialistas, la tributación de dividendos podría desestimular la inversión en un país azotado en los últimos años por la inestabilidad política y económica.

"El escenario político y económico brasileño es un escenario de alto riesgo. Tiene que haber un beneficio para invertir en Brasil", resaltó Quintanilha.

Paralelamente a la propuesta presentada en el Gobierno, la cual todavía puede sufrir más modificaciones, el Senado rescató recientemente la discusión sobre una reforma mucho más profunda del sistema tributario.

La Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC 100), según Quintanilha, prevé una simplificación del sistema a través de la unión de los tributos regionales y municipales.

BOLSONARO DESCARTA EL IMPUESTO SOBRE GRANDES FORTUNAS

En medio del desagrado del sector empresarial y las clases más altas por la propuesta del Gobierno sobre la reforma sobre el impuesto de renta, Bolsonaro salió al paso la víspera y descartó la creación de un impuesto sobre grandes fortunas en Brasil.

"Algunos quieren que yo tase las grandes fortunas en Brasil. ¿Es un crimen ahora ser rico en Brasil? Hace algunas décadas Francia hizo eso y el capital fue para Rusia", declaró el líder de la ultraderecha brasileña, tras criticar la situación de Argentina y Venezuela.

El impuesto sobre grandes fortunas está previsto en la Constitución, pero nunca fue reglamentado en el país, donde el 1 % más rico gana 33,7 veces más que la mitad más pobre.

Alba Santandreu