EFEEl Cairo

Cien años después de la primera manifestación de mujeres documentada en Egipto, un día como hoy, la destacada activista Mozn Hasan dice a Efe que las egipcias siguen pagando el precio por ser diferentes y luchar por sus derechos en una sociedad patriarcal que busca silenciarlas.

En honor a aquella marcha, Egipto conmemora cada 16 de marzo su propio día de la mujer, pero no hay mucho que celebrar, según Hasan: “Estamos aquí. Estamos pagando el precio por ser mujeres diferentes en este país patriarcal”, asegura desde su hogar en la capital egipcia.

Hasan es una de las activistas más destacadas en la lucha a favor de los derechos de la mujer y fue galardonada con el Premio Nobel Alternativo en 2016, otorgado por la Fundación Right Livelihood, a pesar de que no pudo recogerlo en Suecia por figurar en una "lista negra" de personas que no pueden salir de Egipto.

La feminista confiesa sentirse "deprimida", pero no sola. En ocasiones mira de soslayo a la miríada de mensajes enviados por sus seguidores en diferentes idiomas, que cuelgan de la pared de su casa y que la animan a seguir en esta lucha.

“A veces te ves sola en tu lucha porque el Estado (egipcio) te critica, te estigmatiza y te criminaliza. Además, gran parte de la sociedad se pregunta: ¿Qué quieren estas mujeres?", afirma.

Y añade que hay ciertos grupos que solo tienen en cuenta a las mujeres cuando las necesitan, pero si estas lanzan críticas, entonces son "irrelevantes y están equivocadas".

Nacida en Arabia Saudí y criada en el reino ultraconservador hasta la adolescencia, Hasan tiene como modelo a seguir a su madre, que luchó a contracorriente en su época y acudió a la Universidad a escondidas.

Cuando la activista fundó Nazra en 2007, tuvo muchos problemas para legalizar la organización de derechos de la mujer porque los burócratas le decían que la palabra “feminismo” en árabe (nisawya) no existía, relata a Efe.

Su ONG ha documentado durante años las violaciones de los derechos humanos y actuado contra los asaltos y el acoso sexuales a las mujeres en Egipto, ofreciéndoles apoyo psicológico y médico, sobre todo durante las protestas de 2011, en el marco del contexto revolucionario de la denominada Primavera Árabe.

Las autoridades egipcias le congelaron los fondos en 2014 tras haber sido acusada, al igual que otros activistas, en el caso conocido como "financiación extranjera de las ONG" por establecer una entidad considerada ilegal, llevar a cabo actividades que dañan la seguridad nacional y por evasión fiscal.

La oficina de Nazra fue cerrada, pero la organización continúa haciendo su trabajo.

“Lo que pasó con nuestra organización y el estigma al que someten a otras feministas, no solo a mí, es una mala noticia para las nuevas generaciones", apunta Hasan, porque las jóvenes egipcias pueden pensar: "Si han hecho todo esto a las mujeres empoderadas, ¿Qué nos pueden hacer a nosotras?".

Tiene claro que ser feminista en la región de Oriente Medio es “peligroso” ya que no existe “una esfera pública segura para que los ciudadanos puedan reflexionar y reclamar sus derechos y libertades”.

Y no solo ser feminista, sino que “ser mujer en una sociedad conservadora como la nuestra es muy complicado”, dice.

Con lo que sí quiere acabar es con la imagen de las mujeres árabes como “cobardes”: “No somos una región estática. Las mujeres y los hombres aquí luchan por sus libertades”, afirma y evoca a las féminas que salieron a las calles el 16 de marzo de 1919 contra la ocupación británica.

Esa marcha, liderada por las egipcias Safia Zaghloul y Huda Sharawi, despertó un debate sobre el papel de las mujeres en Egipto y llevó a la creación de la primera Unión de Mujeres Egipcias, en 1923, que consiguió que empezaran a tener acceso a las Universidades del país.

Muchas décadas después, la revolución egipcia de 2011 logró un nuevo despertar gracias a una generación de mujeres jóvenes “valientes que continúan luchando”, tanto fuera como dentro del país, para ser visibles en una sociedad patriarcal que quiere ignorar sus demandas.

Isaac J. Martín