EFELa Habana

Hablar del "Mariel" en Cuba es hoy sinónimo de parque empresarial para captar inversión extranjera, pero hace ahora cuarenta años esa zona ubicada unos 50 kilómetros al oeste de La Habana fue la casilla de salida de un éxodo que pasó a la historia como una de las grandes crisis migratorias con Estados Unidos.

El germen de este episodio se produjo dos semanas antes, el 1 de abril de 1980, cuando un grupo de cubanos entró por asalto con un vehículo en la sede de la Embajada de Perú en La Habana exigiendo asilo político.

El Gobierno peruano otorgó protección diplomática a estas personas y se negó a entregarlas a las autoridades cubanas, que reclamaban su detención por la muerte del guarda de seguridad de la embajada, un trabajador local que falleció en medio de los incidentes iniciales por un disparo de arma de fuego.

Ante esa negativa, el Gobierno cubano retiró la protección a la representación diplomática y, ante la perplejidad general, en los días siguientes comenzó sobre el lugar una avalancha de personas que acabó superando las 10.000. Todos querían que se les permitiera abandonar el país.

PUENTE MARÍTIMO

La crisis bilateral con Perú, aunque tardaría años en zanjarse, fue lo de menos: el entonces presidente cubano, Fidel Castro -fallecido en 2016- anunció que permitiría salir por el puerto del Mariel a quienes quisieran marcharse de Cuba.

A partir del 15 de abril, docenas de embarcaciones procedentes del estado de Florida (EE.U.) comenzaron a llegar al Mariel para recoger a los cubanos que decidieron irse, aunque no fue hasta el 21 de ese mes cuando el diario estatal Granma publicó la decisión oficial de no detener esos barcos y permitir su tránsito.

En total, entre abril y octubre de 1980 llegaron a Estados Unidos por Cayo Hueso 125.000 cubanos a bordo de unas 2.000 embarcaciones bautizadas como las "flotillas de la libertad".

Posteriormente, Washington acusó a Castro de haber aprovechado la situación para camuflar entre las oleadas de emigrantes a criminales sacados de las cárceles y a enfermos mentales hasta entonces recluidos en hospitales psiquiátricos.

"LO DECIDIMOS NOSOTROS", DIJO FIDEL

De aquel episodio, el mandatario cubano contó al periodista Ignacio Ramonet en el libro "Cien horas con Fidel" que sabían lo que iba a ocurrir cuando dejaron la embajada peruana sin protección y que las miles de personas que allí se introdujeron eran "en su mayoría lumpen, deseosas de viajar a EE.UU. y que no habían recibido nunca visa".

"Lo decidimos y lo resolvimos nosotros (...)", señaló respecto a la decisión de autorizar la llegada de embarcaciones desde Florida.

Pero el fin de la tolerancia a las salidas por el Mariel siete meses después no supuso el cierre de este episodio.

El asunto de los "marielitos" coleó durante años entre los dos países en forma de negociaciones entre los dos países para la deportación a Cuba de más de 2.000 personas a las que EE.UU. catalogó como "excluibles" para residir en el país.

El tira y afloja pareció culminar en 1984, cuando La Habana aceptó la devolución de unos 2.700 "marielitos", pero al final solo fueron deportados 201 en cinco meses.

Castro dio por zanjado el trato porque Radio Martí, considerada por el Gobierno cubano un medio de comunicación subversivo, inició sus transmisiones desde Florida hacia la isla.

En 1987 se logró un nuevo pacto para retomar las deportaciones después de que cubanos llegados durante el "éxodo del Mariel" y encarcelados por delitos cometidos ya en Estados Unidos protagonizaran motines en cárceles de Georgia y Luisiana.

Y el epílogo de esta crisis migratoria no está en La Habana ni en Miami, sino en Lima, que es adonde en abril de 1989 viajaron finalmente los dos últimos cubanos que quedaban refugiados en la Embajada de Perú. Llevaban allí nueve años.