EFEEl Alto (Bolivia)

El Gobierno del presidente boliviano, Luis Arce, y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) aseguraron este jueves que el pedido de liberación de las patentes de vacunas contra la covid-19 de algunos países no busca restar ganancias a las farmacéuticas, sino dar una solución global a un problema global.

Arce y el director regional del PNUD, Luis Felipe López-Calva, expusieron esta posición en el foro "Liberación de las patentes y consideraciones de propiedad intelectual en el contexto de covid-19", efectuado en la Universidad Pública de El Alto (UPEA) por iniciativa de la Cancillería boliviana y el organismo internacional.

López-Calva, que participó de forma telemática en el foro, remarcó que Latinoamérica sigue siendo la región más afectada por la pandemia con consecuencias en lo económico y lo sanitario, además de resaltar que "no habrá recuperación sin vacunación universal".

"La propuesta de suspender los derechos de propiedad intelectual de las vacunas ya existentes en el mercado no es un movimiento expropiatorio, es un movimiento de justicia, de equidad global que además reconoce que las empresas ya han recibido los beneficios económicos de su investigación y que, por lo tanto, es el momento de socializar el efecto de esta investigación, de este importante avance científico", manifestó.

El representante señaló que "la concentración de la disponibilidad de vacunas ha estado en los países ricos" y consideró "fundamental incrementar la oferta".

SOLUCIONES GLOBALES

En un mensaje grabado, Arce manifestó que no se trata de que los Estados les quieran "quitar sus ganancias a tal o cual empresa", sino que "esto va mucho más allá de eso".

El mandatario boliviano recordó que su país ha firmado contratos para comprar vacunas, pero "no se cuenta con la cantidad suficiente debido a que la producción está circunscrita a determinados Estados", o porque muchos Gobiernos han limitado la exportación de vacunas por distintas razones.

"No criticamos eso, pero tenemos claro que así vamos camino al desastre porque eso pasa incluso con quienes tienen la capacidad de pagar por las vacunas", advirtió.

"Como la pandemia es un mal global, la solución debe ser global y para salir de ella debemos hacerlo todos (de lo contrario) nadie estará a salvo", subrayó Arce.

"Es como si fuera un apartheid en el que se está condenando y matando a los más débiles", advirtió Arce e insistió en que si no se liberan las patentes, no se alcanzará oportunamente la inmunización global.

Por su parte, el canciller boliviano, Rogelio Mayta, sostuvo que Bolivia no busca disputar "a las empresas que tengan ganancias" por el desarrollo de vacunas, pero ratificó que el problema es que aun con contratos firmados no ha podido conseguir las cantidades requeridas.

Por ello, Bolivia transita por tres caminos que son la campaña para lograr la liberación de patentes, la obtención de "licencias obligatorias" y la modificación de las reglas para que lograr estas licencias no tome tanto tiempo.

EL CASO BOLIVIANO

Con 13.345 muertes y 324.868 contagios acumulados desde 2020, Bolivia ha ingresado a una tercera ola de la pandemia tras registrar una primera entre julio y agosto de 2020 y la segunda a principios de este año.

Como ocurrió entonces, se han vuelto a advertir señales del aumento de casos, como la falta de algunos insumos médicos, el aumento de entierros por la covid-19 en los cementerios o la saturación de hospitales en regiones como la oriental Santa Cruz, la más afectada por la pandemia.

En Bolivia la inmunización generalizada contra la covid-19 se ha topado con una insuficiencia de dosis inicialmente negada por el Gobierno de Arce, que luego la atribuyó a un problema global en la distribución de los fármacos, ante lo cual inició una campaña internacional para pedir que se liberen las patentes.

El Ejecutivo boliviano también inició un trámite ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) para lograr una "licencia obligatoria" de la vacuna de Johnson & Johnson para que la firma canadiense Biolyse Pharma la empiece a producir y le provea hasta 15 millones de dosis.

El plan de vacunación se emprende con las vacunas rusas Sputnik V, las chinas de Sinopharm, las de AstraZeneca-Oxford y Pfizer, entre las adquiridas por el Gobierno, otras donadas por China y las obtenidas mediante el mecanismo Covax de Naciones Unidas.