EFESantiago de Chile

Sentirse menospreciadas, trabajar en un ambiente muy masculino y retrasar la maternidad son algunas de las experiencias que compartieron las científicas que en tres ediciones participaron en el Homeward Bound, una viaje en barco a la Antártida que busca fortalecer el liderazgo femenino.

Tras el regreso el pasado sábado de la tercera expedición, que durante tres semanas recorrió la zona más austral de la tierra, participantes de cada edición, entre ellas la australiana fundadora del proyecto, Fabian Dattner, explicaron en una entrevista a Efe las dificultades que superaron día a día en sus profesiones.

Este proyecto, que se concreta en un viaje de 21 días en la Antártida, tiene una preparación total de un año y se creó para impulsar el papel que las mujeres desempeñan en los ámbitos de la ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas y medicina.

Mónica Araya, quien dirige en Costa Rica un proyecto de energía renovable, partió en 2016 en la primera expedición en la que participaron 67 mujeres.

"En este viaje, hablé con profesionales muy destacadas en su ámbito, que comentaban que no fueron invitadas a conferencias de su propia universidad para hablar de un tema que dominaban porque no eran consideras expertas 'reales'", afirmó Araya.

También añadió que durante aquella expedición se compartieron "experiencias dolorosas" relacionadas con "el acoso sexual", que no suelen comentar "en un laboratorio o en el ambiente laboral más cotidiano".

Este programa, que se desarrolla en la Antártida por su importancia a nivel científico, no tiene un propósito de investigación sino que sirve de escenario para que un grupo de mujeres pongan en común sus capacidades y aprendan sobre liderazgo, desarrollo, capacidad estratégica y comunicación visible en la ciencia.

Alicia Pérez-Porro, investigadora y profesora adjunta del Barruch College, de Estados Unidos, puntualizó que lo que más valoró de su experiencia el año pasado fue no sentirse "sola".

"Llegué al barco en un momento personal y profesional complicado y me encontré con 76 mujeres que habían vivido las mismas experiencias que yo. Eso fue muy reconfortante", explicó Pérez.

"Primero porque no te sientes sola y te das cuenta del impacto del género en la sociedad y la ciencia", agregó la investigadora.

Este proyecto, que cuenta con mujeres de todas las edades, y en esta última edición de 35 nacionalidades diferentes, busca compartir la experiencia de cada una para crecer y conseguir profesionales que lideren en sus respectivos ámbitos.

Los criterios de selección, según su fundadora, son muy amplios y van más allá del currículum.

"Buscamos a mujeres que expliquen qué han aprendido más allá de su formación académica. Y añadiría que en el currículum se debería poner qué han aprendido las mujeres que han trabajado embarazadas. Cuál ha sido su experiencia y que capacidades adquirieron", agregó Dattner.

Ese es el caso de Anna Cabré, investigadora asociada en el Instituto de Ciencias Marinas de Barcelona y una de las cinco españolas que participará en la cuarta expedición que zarpará a finales de este año del puerto de Ushuaïa (Argentina).

"Ser madre complica tu vida, en el mundo de la ciencia es imposible (continuar). Mi marido y yo nos dedicamos a la ciencia y cuando tuvimos al bebé vimos que ambos no nos podíamos dedicar al 100 % a nuestra profesión y fui yo la que paré", explicó Cabré.

Cabré también está en busca de financiación para su próximo viaje ya que las candidatas seleccionadas tienen que hacer frente a la mitad del coste de la expedición mientras que la otra parte está financiada por patrocinadores, como la firma española Acciona.

De acuerdo con los organizadores de la expedición, el objetivo del programa es crear una red internacional de 1.000 mujeres interesadas en la lucha contra el cambio climático en un plazo de diez años, para que trabajen juntas en proyectos de diversos campos.

Patricia López Rosell