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El hispano-estadounidense Pablo Ibar, que desde 1994 está preso en EE.UU. por tres asesinatos que asegura no haber cometido, pero por los que fue condenado a muerte y 19 años después a cadena perpetua, trata de asumir el veredicto de culpabilidad dictado por un jurado de Florida hoy hace un año.

"Pablo poco a poco se está adaptando a su nueva situación", dijo a Efe Andrés Krakenberger, portavoz de la Asociación Pablo Ibar Juicio Justo, que en este primer aniversario del veredicto ha subrayado que no va a cejar en el empeño por "conseguir justicia".

Nacido en Fort Lauderdale (Florida) hace 47 años, casado y padre de dos hijos, Ibar está recluido en la cárcel de Okeechobee, en el centro del estado.

Recientemente ha sido trasladado a un pabellón "con gente de mayor edad y donde ya incluso trabaja de peluquero, lo que al menos le da algo en qué ocupar el tiempo", agregó el portavoz.

Después de que el jurado del cuarto juicio a Ibar celebrado desde 1994 le declarase culpable el 19 de enero de 2019, el 15 de mayo de ese año llegó una sentencia que al menos no fue otra vez a muerte, como la del juicio del año 2000 (el tercero), que fue anulado en 2016 por la Corte Suprema de Florida.

Cadena perpetua significa seguir viviendo, pero de todas maneras no deja de ser difícil de encajar para un hombre que lleva privado de libertad desde 1994, el año en que fueron asesinados Casimir Sucharsky, dueño de un club nocturno de Miramar (sureste de Florida) y las modelos Sharon Anderson y Marie Rogers.

En noviembre pasado Ibar, a través de un vídeo divulgado por la asociación, pidió ayuda para "demostrar" su "inocencia" y "salir del infierno" en el que asegura que está viviendo. También dijo que quiere un nuevo juicio, que de celebrarse sería el quinto.

Tras la condena emitida en mayo de 2019, los abogados de Ibar notificaron a la justicia en el plazo reglamentario que la iban a apelar.

"Ahora mismo el reloj podríamos decir que está parado, a la espera de que lleguen las transcripciones del juicio, instrumento esencial para que el abogado que designe Pablo se haga cargo del recurso ante el Tribunal de Apelaciones del Cuarto Distrito de Florida", subrayó Krakenberger.

La Asociación Pablo Ibar, con sede en el País Vasco (España), de donde proviene la familia paterna de Ibar, sobrino del fallecido boxeador José Manuel Ibar "Urtain", ha lanzado una campaña de recaudación de fondos en su página web (www.pabloibar.com).

"La Asociación quiere aprovechar este primer aniversario de ese veredicto incomprensible para renovar su compromiso de conseguir los medios para que Ibar pueda contar con una representación letrada eficaz que lleve a buen término la apelación", señala un comunicado.

Krakenberger dijo que "cuesta mucho creer que un jurado, que vio las mismas pruebas que vimos todos durante el juicio, emitiera el veredicto que emitió".

"Cuesta mucho pensar que un jurado se pueda dejar llevar por un alegato final del fiscal que nada tuvo que ver con las pruebas y que tenía mucho más de llamamiento a emitir un veredicto con las tripas y no fríamente, con el cerebro", subrayó.

Según el comunicado de la Asociación, el jurado del juicio celebrado en los tribunales de Fort Lauderdale "ignoró por completo pruebas contundentes", entre ellas que "de las decenas de huellas halladas en la escena del crimen ninguna corresponde con las de Pablo Ibar".

"El ADN hallado en la camiseta con la que se cubría el rostro el asesino no coincide con el de Pablo, esta camisa contiene abundante ADN en saliva, sudor y sangre, habiendo sido identificadas cinco personas: las tres personas asesinadas y dos hombres aún por identificar".

La analista de ADN que recibió la camiseta para su último análisis previo a este juicio había declarado que había recibido dicha camiseta en un sobre de papel abierto y que tuvo que cambiarle el precinto, agrega la asociación.

"Se halló una traza mínima de ADN que sólo contenía una coincidencia parcial con el ADN de Ibar en la camiseta, que tiene la morfología típica de una contaminación de pruebas", señala en una larga relación de cosas por las que califica de "incomprensible" el veredicto del 19 de enero de 2019.

En cuanto al proceso de cara a la apelación Krakenberger indicó que la transcripción del último juicio puede ser unos 10.000 folios y puede "tardar en llegar algo más de un año tras el final del juicio, es decir, tras la sentencia del 15 de mayo".

"En ese momento -agregó- el abogado que designe Pablo formulará la apelación propiamente dicha y la presentará al tribunal. A partir de entonces puede tardar unos dos o tres años en que se realice la vista de la apelación y puede que la decisión tarde otro año".

La apelación es contra el veredicto y la sentencia.

"De salir favorable la apelación volveríamos a repetir el juicio otra vez. De salir negativa apelaríamos al Tribunal Supremo de Florida. Y de salir negativa allí iríamos a la jurisdicción federal, pero no es algo que contemplemos", subrayó.

Krakenberger dijo que la familia de Ibar y la Asociación confían "en conseguir la repetición del juicio en la primera apelación".