EFEBuenos Aires

Por primera vez en cuatro décadas, las emblemáticas Madres de la Plaza de Mayo no acudieron a su cita de los jueves en ese icónico lugar de Buenos Aires: el riesgo al coronavirus -la mayoría ronda los 90 años- las ha obligado a quedarse en casa, lo que no ha impedido que su mente y corazón se trasladara, aún en la distancia, al lugar donde desde 1977 claman por la memoria de sus hijos desaparecidos por la última dictadura militar.

Habitualmente, pisar la plaza donde está la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, supone adentrarse en la historia reciente del país: es donde estas luchadoras, con su característico pañuelo blanco en la cabeza, rondan en la tarde de cada jueves alrededor de la Pirámide de Mayo, clamando por la memoria de sus hijos, la mayoría militantes políticos, que el régimen de facto (1976-1983) hizo desaparecer para siempre.

Pero eso hoy no ocurrió.

"Todos los jueves, con frio, con lluvia, se ha hecho la ronda y lamentablemente este jueves no se va a hacer", cuenta a Efe por teléfono Taty Almeida, una de las integrantes de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, una de las dos facciones en las que se dividen las activistas desde 1986.

Hebe de Bonafini, presidenta de la otra asociación, no pudo evitar las lágrimas al reconocer en un video en Facebook, grabado desde la cocina de su casa, que nunca hasta ahora habían dejado de ir a la plaza.

"43 años... es como un dolor muy grande, pero quiero que la gente entienda y sepa que no lo hacemos por nosotras, lo hacemos por ustedes, para que entiendan cómo nos tenemos que cuidar", señala Bonafini, que tiene dos hijos desaparecidos.

"¡PRESENTES, AHORA Y SIEMPRE!"

Cada jueves, las Madres se acompañan de multitud de simpatizantes y miembros de otros organismos de derechos humanos, con la firme convicción de que cuando ellas ya no estén, alguien continúe su estela en la Plaza.

Es por ello que hoy, en medio de la desangelada plaza, cuatro personas decidieron mantener vivo el espíritu de las ancianas.

"Se les aconsejaba que no vinieran... viajan de lejos. Nora (Cortiñas, una de las Madres de Línea Fundadora) cumple 90 años el domingo próximo", afirma Gonzalo Moyano, del Encuentro Memoria Verdad y Justicia y uno de los asistentes.

"¡30.000 compañeros detenidos y desaparecidos presentes, ahora y siempre!", culminó gritando el reducido grupo al terminar la marcha alrededor de la pirámide, en la que, como es habitual, alguien va diciendo con un megáfono los nombres de algunas de las víctimas del terrorismo de Estado.

LAS "LOCAS" DE LA PLAZA

Según los organismos humanitarios, unos 30.000 militantes políticos y sociales, estudiantes, miembros de grupos revolucionarios armados o no, artistas o religiosos fueron detenidos, torturados y la mayoría tirados con vida al mar durante la dictadura.

El 30 de abril de 1977, con el dictador Jorge Rafael Videla en el poder, 14 mujeres se reunieron por primera vez en la Plaza de Mayo para exigir saber su paradero.

"Pero había estado de sitio y no podían estar más de tres personas juntas. Así que la policía empezó a decir 'caminen, circulen' y así fue la primera ronda", recuerda Almeida, que en poco más de tres meses cumplirá 90 años y cuyo hijo Alejandro fue secuestrado en junio de 1975 por la organización parapolicial Triple A, que en los años previos al golpe militar se estima dejó unos 2.000 desaparecidos.

A pesar de que la mayoría de aquellas "locas" -como la dictadura las llamaba-, nunca supo el paradero de sus hijos, lograron con su tesón que la Justicia sentara a los militares en el banquillo y siguieron rondando cada jueves en memoria de sus seres queridos, aunque también abriendo sus reivindicaciones a otras causas.

"Hicimos lo que debíamos hacer y lo que nuestros hijos nos inspiraron, porque sabemos quiénes eran y por lo que luchaban y sabíamos que tenían razón en lo que querían hacer. Buscaban igualdad y lo mejor para cada uno. Tenían los mejores sentimientos, personas muy preparadas y responsables", cuenta a Efe Haydee Gastelú, mamá de Horacio, secuestrado en 1976, y una de las 14 fundadoras.

A sus 91 años, pasó su vida buscando justicia, y en 2001 pudo recuperar los restos de su hijo gracias al equipo de antropología forense. Hoy, a pesar de no poder acudir a la plaza, ella siguió con la mano en el corazón.

"Cada uno en su casa va a recordar a sus seres queridos. Hay que saber recibir y aceptar las ordenes de una autoridad", expresó, en referencia a las recomendaciones de aislamiento del presidente Alberto Fernández, por quien ambas asociaciones tienen gran afinidad, al igual que con la vicepresidenta y exmandataria Cristina Fernández.

CONTRA VIENTO Y MAREA

En diciembre de 1977, tres de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Azucena Villaflor, Esther Ballestrino y María Ponce, fueron asesinadas, lo que supuso un fuerte varapalo para sus compañeras, que debieron encarar, contra viento y marea, el miedo a las posibles represalias si continuaban adelante con su lucha.

Pero no se amedrentaron, y aunque alguna semana optaron por reunirse en iglesias o lugares cercanos a la plaza para evitar la represión, no la abandonaron.

"Ni siquiera el jueves siguiente que secuestraron a nuestras madres dejamos de ir. Rodeadas de Policía, con perros, con gases... un pequeñísimo grupo hicimos la marcha, pero la hicimos", recuerda Bonafini, con también 91 años.

UN 24 DE MARZO DIFERENTE

El próximo martes, cuando se cumplirán 44 años del último golpe de Estado, Argentina conmemorará un año más el Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, pero esta vez, y por las precauciones ante el coronavirus, no se hará la multitudinaria marcha.

A pesar de todo, y como siempre las caracterizó, las luchadoras de la plaza ya han encontrado la manera de recordar, mediante acciones desde los hogares, lo que nunca más deberá volver a ocurrir.

Rodrigo García