EFEMéxico

Ligia "Lily" Ceballos descubrió en 2001 que no era quien creía ser. Su primera vida, la española, se la arrebató el franquismo y una complicada red de alto nivel la llevó a México siendo un bebé.

Años después, y pese al apoyo de autoridades y organizaciones como Amnistía Internacional, continúa esperando una "reparación moral" del Estado español.

"¿Quién hubiera sido? ¿Cómo hubiese sido mi vida ahí? ¿Quiénes son mis padres? ¿Será que mi madre lleva 52 años pensando que su bebe murió?".

Estas son algunas de las preguntas que retumban en Lily desde hace 20 años, cuando su hoy exmarido le gritó un secreto conocido por muchos: era adoptada.

Era Ligia Graciela Ceballos Franco nacida en la mexicana ciudad de Mérida el 29 de mayo de 1968, según reza una desgastada acta de nacimiento en posesión de Efe.

¿O María Diana Ortiz Ramírez, nacida el 29 de mayo de 1968 en Madrid y bautizada días después?, según se lee en la partida de nacimiento española.

Ligia creció feliz en una conocida y adinerada familia de Mérida. Su abuelo había sido gobernador del suroriental estado de Yucatán.

Pero su vida dio un giro brutal al descubrir que no era la hija biológica de sus padres mexicanos, Nazario y Ligia Graciela.

"Mis padres me confirmaron que fui adoptada en España al nacer", rememora a Efe la mujer que hoy reside en Estados Unidos.

LA BÚSQUEDA

Durante casi una década la búsqueda fue infructuosa. Incluso en 2005 viajó con su familia a España sin éxito.

Hasta que en 2010, tras añadir nuevos datos a sus peticiones ante instancias españolas, obtuvo la partida de nacimiento de Diana Ortiz: "En ese momento regreso a España y empiezo literalmente a peregrinar".

Tras muchas vueltas, obtuvo el documento de la extinta Diputación Provincial de Madrid donde es "concedida en prohijamiento" a sus padres mexicanos bajo una serie de condiciones como presentarla ante las autoridades periódicamente, cosa que no hicieron.

CIFRA DESCONOCIDAS

No hay datos oficiales que permitan "dimensionar" el número de casos, dice Daniel Canales, investigador de un informe presentado este marzo por Amnistía Internacional España.

En 2008, explica, un auto del entonces juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón habla de hasta 30.000 menores tutelados por el Estado que eran hijos de presas y pudieron no ser devueltos a sus "familias biológicas".

El mismo documento señala que 20.000 niños y niñas salidos de España durante la Guerra Civil (1936-1939) fueron recuperados por el Servicio Exterior de Falange y, quizás, entregados a otras familias.

Además, en la última década la Fiscalía General del Estado español emprendió 2.138 diligencias, pero solo una sigue abierta.

COMPLICIDAD

Algunos de estos bebés salieron de España, y Amnistía tiene documentados cuatros casos: dos en Chile y dos en México.

El 'modus operandi' implica en mucho casos la total complicidad de funcionarios del franquismo (1939-1975), de médicos y de la Iglesia.

De hecho, fue a través de los arzobispados de Madrid y de Yucatán que se concretó la adopción mediante "cartas" donde se solicitaba un bebé, remarca Ligia.

El proceso, que se alargó en España alrededor de dos meses, fue "todo por debajo del agua", continúa. E incluso, por sugerencia episcopal, se pidió que "quemaran absolutamente todo documento" de la vida de la niña en España.

Aunque tampoco se tomaron muchas molestias y, a diferencia de otros bebés robados, en el caso de Lily ni tramitaron una acta de defunción para evitar duplicidades.

"La Iglesia no debió haber actuado como Dios y decir: Llévense este bebé, como si yo fuera un turrón del Corte Inglés", recalca.

FAMILIA E IDENTIDAD

"Ellos sintieron que todo estaba correcto porque la Iglesia estaba de por medio", dice Ligia sobre sus progenitores adoptivos, hoy fallecidos.

Incluso viajó con su padre a España para intentar recuperar parte de su pasado e identidad, un "shock" que los "alejó mucho" porque él se dio cuenta del "delito" cometido.

"Fueron excelentes padres. Pero siento la necesidad de conocer la verdad. Y como yo, tantos, porque somos muchos en la búsqueda de nuestro orígenes", remarca.

Al final, nada sabe de sus padres biológicos, cuyos nombres son "supuestos" y según documentos de la época responden a Rafael y Marta, sin apellidos: "He dejado el ADN por si en algún momento salta alguna coincidencia".

EL BLOQUEO

Ligia solo tiene buenas palabras para las organizaciones civiles y por las fiscalías, mexicana y española, que le ayudaron a reconstruir sus primeros meses de vida.

Pero es más crítica con la Justicia por cerrar casos alegando que han "caducado" cuando, para los niños robados del franquismo, este es un "crimen de lesa humanidad" y no "prescribe".

En España estas investigaciones han encontrado "numerosas dificultades y obstáculos", secunda el experto de AI, que señala tanto la actuación del Poder Judicial como los casos cerrados sin avances por la Fiscalía.

Ceballos está convencida de que el Estado español debería garantizar una "reparación moral" del daño y documentar estos delitos para "ponerlos en los libros de historia".

También el Vaticano: "Ojalá tuviera la oportunidad de decirle al papa Francisco, de tú a tú: Instruye a la Iglesia católica para que abra los archivos".

Lily, que no descarta acudir colectivamente a instancias internacionales, ve positivo que el Congreso español diera en junio de 2020 un primer paso para una ley que reconozca e investigue el robo de bebés en esa época.

La iniciativa contempla la creación de una fiscalía especializada, de un banco de ADN y de un censo único, entre otros puntos, y según Amnistía es una "oportunidad histórica" para esclarecer estas violaciones de derechos humanos.