EFEAsunción

Más de un millar de campesinos marcharon hoy por el centro de Asunción para exigir una reforma agraria que garantice una justa distribución de las tierras en Paraguay, donde el 90 % de la tierra está en manos del 5 % de los propietarios, y cerca de 300.000 familias campesinas carecen de terrenos para cultivar.

La Marcha del Campesinado Pobre, que se celebra desde hace 24 años, llevó a la capital a campesinos de 11 de los 17 departamentos del país, que reclamaron tierras y asistencia técnica para cultivar, y una política de precios más justa para vender sus productos.

Convocados por la Federación Nacional Campesina (FNC) y otras organizaciones, los labradores salieron del Seminario Metropolitano tras llegar la víspera a Asunción desde diversos departamentos de Paraguay y repartidos en diferentes columnas.

La marcha concluyó en la Plaza de Armas, frente al edificio del Congreso, donde se celebrarán diversos actos políticos en apoyo de las reivindicaciones coreadas durante ante en las calles capitalinas.

La FNC pide al Estado que invierta aproximadamente el 4,5 % de su Producto Interior Bruto durante 10 años para implementar una reforma agraria que dote de tierras para el cultivo a las cerca de 300.000 familias campesinas que carecen de ella.

Marciana Amarilla, productora de verduras del departamento de Caaguazú (centro) e integrante de la FNC, declaró a Efe que en esta zona del país los campesinos producen caña de azúcar, mandioca, algodón y verduras, pero no hay una política de precios que asegure sus ganancias.

Agregó que esta situación de precariedad e inseguridad económica por la falta de venta de productos crea mayor tensión en la población, y hace aumentar la violencia contra las mujeres y los casos de feminicidio.

"Cuanto menos vale la producción y no hay precios, el Gobierno no se preocupa, y hay más violencia contra las mujeres. Es una situación preocupante", afirmó Amarilla.

La agricultora insistió en que el Gobierno debe tomar medidas para reactivar la producción campesina, y dotar a estas fincas de garantías, créditos, asistencia técnica y seguros para la producción.

"No hay política de ayuda a pequeños productores, pero sí hay para los grandes latifundistas, para los sojeros... Para los pequeños productores hay una política de eliminación", recalcó.

Amarilla puso el ejemplo de la producción de verduras, muchas de las cuales, según dijo, acaban podridas en las chacras de los campesinos por falta de sistemas de precios y comercialización, mientras los distribuidores de alimentos de Paraguay importan verduras desde los países vecinos, o las introducen de contrabando.

De hecho, Paraguay importó en 2016 alimentos de consumo básico por valor de 500 millones de dólares, según expresó a Efe Marcial Gómez, dirigente de la FNC.

"Es fundamental instalar la necesidad de transformar la estructura de la tenencia de tierras en Paraguay, de la producción y del consumo nacional, para el desarrollo del país", afirmó Gómez.

Explicó que, mientras la tierra cultivable en Paraguay se concentra en poder de pocas manos, los asentamientos campesinos "son atropellados con desalojos, violencia y amenazas".

Gómez dijo además que los participantes en la marcha tienen el compromiso de "defender milímetro a milímetro los asentamientos y avanzar sobre los latifundios", como paso para "avanzar en la reforma agraria".

Paraguay es el país suramericano con mayor porcentaje de población campesina, que representa a un 35 % del total, lo que equivale a dos millones y medio de personas.

El país es también el cuarto exportador de soja a nivel mundial, después de Estados Unidos, Brasil y Argentina, y este cultivo avanza desplazando a los grupos campesinos hacia las ciudades, según denuncian organizaciones como Oxfam.

La ONG afirma que los cultivos de productos para exportación, como soja, maíz, trigo, arroz y caña de azúcar ocuparon un 92% de las tierras cultivables de Paraguay entre 2012 y 2013, mientras que apenas un 8 % de la tierra agrícola se destinó en ese periodo a cultivar alimentos para el consumo interno.

Paraguay tiene también la mayor concentración en la propiedad de la tierra del mundo, donde el 90 % de los terrenos están en manos del 5 % de los propietarios, según Oxfam.