EFESao Paulo

Un grupo de amantes de los animales se han erigido en los guardianes de las decenas de capibaras que hoy pueblan la ribera del río Pinheiros de la ciudad brasileña de Sao Paulo. Su misión: salvar a estos roedores, los más grandes del mundo, de la basura que les rodea en esta jungla de cemento.

El Proyecto CAPA nació en 2020 fruto de la impotencia de Mariana Aidar, una empresaria de 45 años que sufría cada vez que paseaba en bicicleta por las márgenes del río paulista y veía a estos y otros animales enroscados en todo tipo de residuos.

"Ya les hemos quitado corbatas, correas de vehículo, cintas, cuerdas de amarrar, bolsas de plástico, de todo un poco...", explica a Efe Aidar, directora y creadora de esta iniciativa a la que se han sumado veterinarios, auxiliares de campo y hasta un biólogo.

Unas 110 capibaras, también conocidas con el nombre de carpincho o chigüire según el país, habitan a lo largo de los 22 kilómetros de la ciclovía que avanza al lado del río y de una de las carreteras de circunvalación más importantes de Sao Paulo, el municipio más poblado de América.

"¡Hola, mis niñas!", exclama Aidar a una manada de estos mamíferos nativos de Suramérica, mientras carga bajo el brazo cañas de azúcar.

Cae el atardecer, el momento más propicio para ver fuera del agua a estos roedores acuáticos que pesan de media unos 80 kilos. Ante la presencia del equipo de Aidar, se desperezan y caminan de forma parsimoniosa hacia ellos. Saben que hoy hay premio de merienda.

GANARSE SU CONFIANZA

Actúan como si estuvieran domesticados y en parte lo están. Forma parte de la estrategia para poder rescatarlos.

A través de la alimentación acostumbran a las capibaras con su presencia. Solo así pueden acercarse a ellas y capturar a las que estén heridas para sanarlas o liberarlas de algún residuo, algo que realizan una o dos veces por mes.

"Consiste en conquistar el respeto del animal. Son presas por naturaleza y se van a asustar, si te acercas", indica a Efe la veterinaria Nadja Rocha, de 39 años. Antes de probar con la caña de azúcar, lo intentaron sin éxito con hoja de bananera, maíz, sandía y calabaza.

Todo ese proceso de condicionamiento puede demorar entre tres y cinco meses. Eso en el mejor de los casos porque, por ejemplo, llevan algo más de un año para ayudar a una que está con una cuerda atada a su cuerpo.

"Cada vez le aprieta más, tanto que se le ha metido en la piel. Está adelgazando y se está alejando de las otras capibaras. Está sufriendo, pero lo conseguiremos", dice Francesca Rezende, estudiante de veterinaria en prácticas.

Aplicar un dardo anestésico está descartado. Duraría entre 10 y 15 minutos para hacerle efecto y en ese tiempo puede escapar hacia el río, donde aún se ven restos de basura pese al plan público para descontaminarlo, y morir sedada por ahogamiento.

Como solución han construido un cercado en la ribera donde colocan caña de azúcar con la esperanza de que algún día se la encuentren dentro y puedan inmovilizarla.

CONTROL DE GARRAPATAS

El Proyecto CAPA, que cuenta con el apoyo de Farah Service, gestora de la ciclovía, además de auxiliar a las capibaras, también realiza labores de control sanitario.

Estos roedores pueden ser huéspedes de la garrapata que transmite a los humanos la fiebre maculosa -una forma de tifus-, causada por la bacteria del género Rickettsia y que en algunos casos puede provocar la muerte.

Para evitar infecciones, recogen muestras de las garrapatas que habitan en los carpinchos y las llevan a analizar a la Universidad de Sao Paulo (USP). Hasta ahora, buenas noticias: no han encontrado ninguna portadora de la enfermedad.

PRÓXIMO PASO: ESTERELIZAR

Pero otro problema surge en el horizonte y es la enorme capacidad reproductiva de estos animales, hasta tres o cuatro veces por año.

En apenas dos años su población se ha duplicado en este rincón de la capital paulista y se espera que siga creciendo a medida que avanza el programa de revitalización del río puesto en marcha por las autoridades locales.

Ello supone más afluencia de público y mejores condiciones para las capibaras, que ya viven aquí sin la presencia de sus depredadores naturales, como el jaguar o el caimán.

Aidar espera que en los próximos meses consiga autorización para realizar una campaña de esterilización porque "realmente la población está creciendo mucho", dice minutos después de ver a una de sus capibaras predilectas con una incipiente barriga.

"Creo que está embarazada", asegura.