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En una crisis sociopolítica como la de Nicaragua, en la que nadie sabe si va a estar vivo al minuto siguiente -tras 154 muertes-, hay una historia que empieza a destacar: los mensajes al comisionado Avellán.

Desde que oscurece, miles de nicaragüenses buscan en redes sociales el mensaje diario -a menudo pintoresco- que la gente de la ciudad de Masaya emite desde un megáfono al pie de una barricada, al jefe de la Policía local, Ramón Avellán, sitiado en su cuartel junto con sus subordinados.

Hombres, mujeres, madres, feministas, LGBTI, artistas... todos tienen palabras para el comisionado, y en cada mensaje un grito rabioso: "Comisionado Avellán, ¡asesino!".

Al comisionado lo incriminan por más de 15 víctimas dejadas hasta ahora por la represión del Gobierno en Masaya, a 29 kilómetros al sureste de Managua, desde el pasado 18 de abril.

"Comisionado Avellán, ¡asesino!, el pueblo te va a hacer pagar, ¡asesino Avellán!, con Masaya no se juega, las vas a pagar, lamebotas", fue uno de los primeros mensajes nocturnos, emitidos desde una barricada a unos 100 metros de la estación policial.

Hasta antes del estallido social, Avellán era uno de tantos jefes policiales de panza abultada y cutis radiante, con hermosas pulseras de metal precioso en sus muñecas, pero todo cambió la mañana del 3 de junio.

Ese día se le miró vestido totalmente de negro y armado "hasta los dientes", escoltando a 10 pobladores recién capturados, que protestaban contra el presidente Daniel Ortega.

Minutos antes un oficial disparó a un niño que le suplicó de rodillas por su vida y una agente metió una bala en el pecho de un manifestante inmovilizado, denunciaron organismos humanitarios locales.

Ante las denuncias, Avellán, ahora con la cara demacrada, respondió que los manifestantes eran "un montón de borrachos, drogos", sin acusar a policías. Varios días después, iniciaron los mensajes.

"Comisionado Avellán ¡asesino! (...) nosotros somos cochones del c..., pero nunca de nuestras manos, a diferencia de ustedes, que las tienen manchadas de sangre", dijo por el megáfono un representante de la comunidad LGBTI, con la canción "Marica tú" de fondo, en una de tantas noches.

Antes habían sido las mujeres. "Buenas noches comisionado Avellán, ¿ya fue a darle un beso a su mujer? Porque si no, aquí las mujeres de Masaya te tenemos uno", dijeron al megáfono, antes de que se escuchara el estallido de un mortero al aire.

En otro mensaje le hicieron saber que en Managua dos policías heridos de gravedad por desconocidos fueron trasladados a un hospital por los mismos manifestantes y no por las "turbas", las fuerzas de choque oficialistas o "parapoliciales", que operan junto con la Policía Nacional en la represión y "ejecuciones extrajudiciales", según organismos humanitarios.

"¿Cómo está su diabetes, está descompensado, le mandamos su medicamento? Tenemos bastante", le preguntaron una noche.

El megáfono cada vez es más solicitado con mensajes para Avellán, pese a lo cual sólo hay unos pocos segundos por noche, ante la posibilidad de que un francotirador interrumpa la transmisión.

"No nos da miedo esa guardia genocida", le gritaron en una ocasión.

"Vendepatria, hijueputa, que se rinda tu madre, Daniel y la Chayo (Rosario Murillo) se van de Nicaragua, ustedes no alcanzan en el avión", le advierten al comisionado una noche, y a la siguiente le ponen "Ay Nicaragua, Nicaragüita", el segundo himno del país, en honor a la libertad, porque saben que en público, Avellán jamás lo volverá a cantar.

Y así transcurre Nicaragua, donde cada atardecer la gente se pregunta cuál ciudad será atacada, y cuál va a ser el nuevo mensaje al comisionado Avellán.

Wilder Pérez R.