EFEJerusalén

El rezo judío en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén es nuevamente objeto de polémica: una corte israelí dictaminó anoche que no se puede vetar el acceso a varios judíos que rezaron en su interior, contradiciendo el statu quo y la política del Estado israelí en el lugar sagrado.

Ante ello, el Gobierno israelí reaccionó asegurando que no tiene intención de cambiar las reglas vigentes en el recinto, tercer lugar más sagrado para el islam y primero para el judaísmo. Hasta hoy, los judíos pueden entrar a visitarlo, pero tienen prohibido orar en su interior en virtud del statu quo custodiado por Jordania, que administra el área a través del consejo islámico del Waqf.

El Tribunal de Primera Instancia de Jerusalén anuló ayer una orden policial que vetaba el acceso a Al Aqsa a tres judíos que rezaron en el recinto y fueron expulsados de su interior por la Policía, que les impuso un veto de entrada que impugnaron ante la Justicia.

El fallo fue condenado por Jordania y por el presidente palestino, Mahmud Abás, que lo consideró como "una grave violación del statuo quo histórico" y "un flagrante desafío al derecho internacional", agregando que la sentencia permitiría "a los colonos celebrar rituales talmúdicos" en Al Aqsa.

El grupo islamista Hamás, que gobierna de facto en Gaza, advirtió que la decisión judicial "cruza todas las líneas rojas" y supone "una escalada peligrosa de la que la ocupación será responsable".

Ante la polémica, la oficina del primer ministro israelí, Naftali Benet, emitió un comunicado alegando que el veredicto afecta solo al caso de tres religiosos en particular "y no representa una decisión más amplia" que rompa el statu quo vigente.

A su vez, el jefe del Ejecutivo mostró su desacuerdo con el reciente fallo y anunció que "el Gobierno apelará la decisión".

Los rezos de judíos dentro de la Explanada de las Mezquitas han ido en aumento y son un asunto que este último año añadió tensión en el lugar, ya de por sí explosivo por sus implicaciones políticas, históricas o religiosas.

Este complejo, situado dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en su parte oriental ocupada, es epicentro del conflicto palestino-israelí, y estos últimos meses ha sido uno de los principales puntos de tensión tras una nueva escalada de violencia regional.

Para los judíos, la explanada es el Monte del Templo, donde sitúan los vestigios de los templos de Salomón y Herodes. A sus pies está el Muro de las Lamentaciones, considerado parte de los restos del Segundo Templo y único lugar donde los judíos pueden orar actualmente.

Para los musulmanes, el recinto es Haram al Sharif, que alberga la mezquita de Al Aqsa y la Cúpula de la Roca, donde sitúan el ascenso del profeta Mohamed a los cielos.

La polémica se produce poco antes de que el próximo domingo miles de ultranacionalistas israelíes marchen por la Ciudad Vieja para el "Desfile de las Banderas" en ocasión del Día de Jerusalén, en el que celebran lo que consideran la reunificación de la urbe en 1967.

Este evento suele conllevar tensiones con los palestinos, que lo ven como una provocación al considerar esta fecha el inicio de la ocupación.