EFENueva York

La farmacéutica estadounidense Purdue Pharma, fabricante del fármaco altamente adictivo OxyContin, se declaró culpable formalmente este martes de varios delitos relacionados con su responsabilidad en la crisis de los opioides como parte de un acuerdo multimillonario con el Departamento de Justicia.

En una videoconferencia dirigida por la jueza federal Madeline Cox Arleo del distrito de Nueva Jersey, el presidente de la junta directiva de la empresa, Steve Miller, admitió culpabilidad en tres cargos de conspiración: dos para violar la Ley Federal Anti-Sobornos y otro para defraudar a EE.UU. e infringir la legislación de fármacos.

A lo largo de una hora, Miller respondió sucinta y repetidamente "sí" a las preguntas del fiscal adjunto Stephen Ferketic sobre la responsabilidad de Purdue en años de pagos fraudulentos a proveedores de atención médica y otras acciones que contribuyeron al desvío masivo de fármacos opioides administrados con receta.

"¿Conspiró Purdue, con conocimiento de causa e intencionalmente, con otros para defraudar a la DEA (Administración de Control de Drogas) impidiendo, perjudicando y obstruyendo la capacidad de la agencia para evitar el desvío de sustancias controladas?", preguntó el fiscal, entre otras cosas.

Miller, en nombre de la farmacéutica, contestó afirmativamente y admitió no haber dado información completa al Gobierno de EE.UU. sobre sus proveedores, como tampoco haber cesado a los que estaban "prescribiendo productos opioides sin un propósito médico legítimo y fuera del curso habitual de sus prácticas profesionales".

Su declaración formaba parte de un acuerdo alcanzado el mes pasado con la Justicia por valor de 8.340 millones de dólares, una de las multas más grandes jamás impuestas a una farmacéutica en el país, para cerrar los casos civiles y criminales contra la empresa y sus propietarios, la familia Sackler.

El pacto allana el camino para que la farmacéutica, que se declaró en bancarrota hace un año debido al aluvión de demandas, entregue sus futuros beneficios a las ciudades y estados que la acusan de alimentar la crisis de los opioides en el país, y no impide al Gobierno perseguir a los dueños o empresarios de Purdue en el futuro.

Purdue introdujo en el mercado estadounidense el opioide altamente adictivo OxyContin en 1996 y emprendió una agresiva estrategia de comercialización, punto de inicio de una crisis que en las dos últimas décadas ha matado a cientos de miles de personas en el país.