EFEBuenos Aires

Productos libres de trabajo infantil y que posean un sello de calidad que lo muestre es lo que pretende conseguir la ONG argentina Un Sueño para Misiones y la productora audiovisual Posibl. con una campaña que acumula ya algo más de 78.800 firmas.

La petición está dirigida al ministro argentino de Trabajo, Jorge Triaca, y trata de diferenciar aquellas marcas que ayuden a erradicar en el noreste argentino la explotación infantil en los campos de yerba mate y puedan probarlo.

El 90 % de la producción nacional de yerba proviene de la provincia de Misiones, donde la productora Posibl. plasmó, primero con el documental "Me gusta el mate sin trabajo infantil" y después con "Libres de trabajo infantil", la denuncia realizada por la ONG sobre la existencia de menores que cosechan junto a sus familias.

"Creo que llegó la hora de que los consumidores empiecen a decir 'basta', y obviamente con la mano de los consumidores, los líderes que tienen la capacidad de cambiar la situación", sostuvo en una entrevista con Efe Martín Parlato, miembro fundador de la productora y director de los documentales.

Cada minuto están más cerca de llegar a las 79.000 firmas en la iniciativa que promovieron en la página web Change.org y mediante la que pretenden que el Gobierno de su país convierta en ley la certificación de que el mate que se vende en los supermercados esté libre de este abuso.

"Los ciudadanos tenemos la capacidad de cambiar el mundo hasta con un 'click', firmando o alzando la voz y compartiendo el documental o la campaña", defendió.

El proyecto de ley que proponen "tiene por objeto certificar la cosecha de productos agrícolas, con auditoría de las universidades nacionales, para evitar el trabajo infantil".

"Esta certificación -voluntaria para las empresas participantes- va acompañada de un incremento del salario de los cosechadores, entendiendo que, al no permitir el trabajo de los menores de la familia del mismo, se verá reducido el salario a percibir", continúa el texto de la propuesta de ley.

Por lo tanto, como afirmó Parlato, serán los propios consumidores quienes premien o castiguen a las empresas productoras de mate en las estanterías de los supermercados.

Junto a Patricia Ocampo, directora de la ONG, ya consiguieron que la Cámara de Diputados argentina proclamara el largometraje de interés general como urgencia nacional, así como su promoción internacional, que llegó hasta manos del Papa Francisco.

Lejos de dormirse en los laureles con el primer documental, en 2016, decidieron volver a Misiones y filmar en 2017 una segunda parte, con el objetivo de lograr el testimonio de un niño que trabajara en los campos misioneros.

"Libres de trabajo infantil", la secuela que fue presentada el pasado octubre, llevó a Parlato ante un niño de 9 años que explicó que no solo no era el único de los trabajadores menores de los campos, sino que "su sueño" era continuar trabajando en ellos.

"Para trabajar me llevo mi colchón, ropa y una cuchara", relata el niño en las imágenes tomadas por Posibl., donde confiesa al director del documental que fue la necesidad familiar la que le condujo a cosechar mate.

"El mayor cambio que puede tener un país es cultural, porque tiene que ver con la educación y tiene que ver con su identidad, con su ADN", transmitió Parlato, y aseveró que este será un cambio en la cultura del mate argentina construida hasta el momento, que influirá "y mucho" en la forma en la que la población lo consume.

A pesar de que el proyecto de ley ya llegó al Congreso anteriormente, la iniciativa no prosperó, por lo que los protagonistas de la campaña la han vuelto a presentar en 2018 ante la Cámara de Diputados, mientras continúa acumulando firmas en el portal web.

"El mate nos representa a los argentinos, supuestamente representa lo mejor de los argentinos, la solidaridad, la unión, la amistad, la fraternidad, el amor que nos tenemos, el compartir", expresó el emprendedor.

Bajo su punto de vista, sin embargo, con trabajadores de tan corta edad cosechando campos en los que se ven obligados a comer y dormir sin derecho a acudir a una escuela, la infusión nacional representa "lo peor" de la cultura argentina, "la desidia, el trabajo infantil, la extrema pobreza, la desigualdad, el hacer oídos sordos".

"Si realmente queremos que sea nuestro emblema en el mundo, que lo tome el papa, los presidentes del mundo, nuestros deportistas emblemáticos, todos, lo tenemos que cambiar", concluyó.

Marina Guillén