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La crisis sanitaria, económica y social a causa de la pandemia ha reabierto la dicotomía entre privacidad y seguridad; entre el derecho a una adecuada protección de todos los datos personales y el interés público esencial que supone la seguridad y la salud.

Pero ambos derechos están condenados a la conciliación y los expertos consultados por EFE subrayaron que ni los avances y desarrollos tecnológicos que se han activado para combatir la pandemia pueden desatender la privacidad ni la protección de los datos personales puede ser una excusa que debilite la protección de la salud.

Ante la celebración, mañana, del Día Internacional de Protección de los Datos, los expertos apuntaron que la pandemia ha disparado el tiempo que las personas pasan en los entornos digitales (teletrabajo, ocio, compras) y que las nuevas tecnologías (aplicaciones de rastreo, captura de datos sobre salud, recolección masiva de datos, reconocimiento facial en exámenes) han dado un salto gigantesco, una transformación no exenta de riesgos.

LA VISIÓN DESDE LA AEPD

La directora de la Agencia Española de Protección de Datos, Mar España, observó que esa mayor actividad en entornos digitales ha ampliado la exposición a ataques informáticos y el nivel de riesgo, pero insistió en que lo importante es cómo se gestiona ese riesgo. "Una situación de bajo riesgo pero muy mal gestionada es mucho más preocupante que una situación de alto riesgo pero que ha sido tratado de forma correcta", manifestó.

En declaraciones a EFE, Mar España aseveró que la adecuada protección de los datos "no impide en ningún caso una correcta gestión de la emergencia sanitaria" y es una garantía para que las medidas que se proponen sean "efectivas y proporcionales", y se mostró convencida de que existen herramientas suficientes, legislativas y penales, para hacer frente a la transformación digital que ha experimentado la sociedad.

"El mundo digital es una prolongación del mundo real en otro entorno", expresó la responsable de la AEPD, convencida de que "toda sociedad, tecnificada o no, fracasará sin un desarrollo de principios éticos, con independencia del entorno en el que nos movamos", y de que la pandemia ha cambiado la visión que los ciudadanos tienen de la importancia de sus datos personales y de su privacidad, una actitud "que nos va a hacer más maduros y resilientes".

UNA TRANSFORMACIÓN ACELERADA

El presidente de la Asociación Profesional de la Privacidad, Marcos Judel, citó como ejemplo el teletrabajo, que se puso en marcha sin que las empresas tuvieran planes de seguridad ni protocolos de protección de datos para que los empleados trabajaran de forma segura, y observó que además de las brechas de seguridad para los datos, las empresas se juegan su reputación y se exponen a importantes sanciones.

Judel incidió en que privacidad y seguridad son derechos fundamentales y deben convivir sin que prevalezca uno sobre el otro y en que "en una situación tan grave y extraordinaria como esta, existen mecanismos para permitir cierta flexibilidad", y precisó que la legislación europea, aunque es una de las más duras del mundo, es también lo suficientemente flexible para favorecer el desarrollo de políticas y aplicaciones para luchar contra la pandemia "sin vulnerar nuestros derechos".

El responsable de esta asociación profesional diferenció, en declaraciones a EFE, entre las empresas que han entendido que la protección de los datos es "un valor añadido" que origina beneficios y las que perciben que es solo "un gasto y una imposición" y no son conscientes ni de la importancia de la privacidad ni de los riesgos que asumen.

Y destacó las responsabilidades personales de los actos en las redes o internet y del daño -y las repercusiones penales- que pueden ocasionar la difusión de vídeos violentos o de contenido sexual, las injurias y las calumnias; o la huella digital "casi imborrable" que dejan los actos y que pueden pasar factura en el futuro, por ejemplo a la hora de buscar trabajo.

PONDERACIÓN Y EQUILIBRIO

El abogado Miguel Ortego, profesor de Derecho en la Universidad Europea y experto en derecho tecnológico, señaló que las reticencias de algunas empresas a implementar el teletrabajo y a modificar sus hábitos se han superado "de un plumazo", pero alertó del bajo nivel de formación y preparación en materia de ciberseguridad y de la multiplicación de los riesgos.

En declaraciones a EFE, Ortego incidió en el debate "eterno" entre seguridad y privacidad y apuntó que la solución estará en "la ponderación y el equilibrio" entre el derecho fundamental que es la privacidad y el interés público esencial que es la seguridad pública, aunque a su juicio la legislación siempre va detrás de la realidad "y en el caso de la tecnología en mayor medida".

Autocontrol y disciplina son, según Ortego, muy importantes, pero hay muchos factores que exponen los datos personales "sin que lo podamos remediar", y citó los ingentes textos legislativos de adhesión que hay que aceptar para contratar cualquier servicio sin posibilidad de modificación o de negociación. "La única opción que le queda al consumidor es no aceptar y ello conlleva no disfrutar del servicio".

UN PACTO POR LA CONVIVENCIA DIGITAL

Coincidiendo con el Día Europeo de la Protección de Datos, la Agencia Española de Protección de Datos presenta mañana el "Pacto Digital", al que se han sumado ya más de 40 asociaciones empresariales, fundaciones y grupos audiovisuales para favorecer la convivencia en el ámbito digital y concienciar a los ciudadanos de las consecuencias -y responsabilidades- que tiene la difusión de contenidos especialmente sensibles.

Mar España explicó a EFE que el objetivo del Pacto es, además de concienciar a los ciudadanos de las consecuencias de difundir contenidos sensibles en Internet, fomentar el compromiso con la privacidad de las empresas y organizaciones, "compatibilizando el derecho a la protección de datos con la innovación, la ética y la competitividad".

Raúl Casado