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La destrucción que provocó en Ciudad de México el terremoto de 1985, del que ahora se cumplen 30 años, dio lugar a una severa norma de construcción que se sigue renovando para garantizar la seguridad en una urbe muy vulnerable a los movimientos sísmicos y que no cesa en la búsqueda de la innovación.

"Se está preparando una nueva versión de las normas de construcción que saldrá probablemente el próximo año y será más severa", adelantó a Efe el investigador emérito del Instituto de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Roberto Meli.

Este experto, que tras el devastador terremoto participó en una investigación sobre las variables estructurales de los edificios, expresó que es necesaria una reglamentación más severa porque "al estudiar experiencias de sismos históricos se piensa que puede haber uno más intenso que el del 85".

El 19 de septiembre de aquel año un terremoto de magnitud 8,1 en la escala de Richter y con epicentro en la costa del Pacífico demolió cerca de un tercio de los edificios de esta metrópolis con el resultado de 20.000 muertos, según fuentes oficiales, y 45.000, de acuerdo a organizaciones civiles.

Tras ese suceso la ciudad buscó recomponerse en medio del caos, por lo que se publicaron poco después normas de emergencia para "guiar las operaciones de refuerzo de los equipos dañados", recordó Meli.

Un año después se estableció un Reglamento de Construcciones para el Distrito Federal que sustituía el de 1976, pero se "quedó corto", anotó el especialista, al considerar que un sismo de esa magnitud podría impactar a 300 kilómetros de su epicentro.

Y es que Ciudad de México "tiene como fondo antiguos lagos, que amplifican el movimiento del suelo, es como una gelatina", advirtió.

Desde entonces no han dejado de actualizarse las llamadas Normas Técnicas Complementarias para Diseño por Sismo de México D.F., que obligan a que cada edificio presente proyectos, planos, memorias de cálculo y sea avalado por un director de obras.

Aún así existe rezago en un punto fundamental: el seguimiento de la obra.

"Se han detectado edificios que no cumplen al 100 % con la norma. No cuentan con documentación suficiente", ejemplificó el ingeniero civil, que recordó que el nuevo Instituto para la Seguridad de las Construcciones en el Distrito Federal, creado en 2014, cuenta con gente especializada para ello, aunque falta personal.

Meli reveló que todavía existen construcciones ilegales, aunque a menudo alejadas de la zona más expuesta a sismos, el centro de la capital, y matizó que el principal problema reside en pequeños cambios que a veces se efectúan en edificios para abaratar costos.

Pero también se desarrollan obras que apuestan por la seguridad y la innovación sin dejar de lado el diseño, como algunos de los rascacielos que están creciendo como setas en el nuevo horizonte capitalino.

"Estos edificios no escapan de la vigilancia y cuentan con personal muy calificado e instrucciones que siguen al cuidado", dijo el especialista, al exponer que su altura los hace "más flexibles", a pesar del temor que generan en muchos habitantes.

Es el caso de la Torre Reforma, que con 57 pisos y 246 metros es el edificio más alto de Ciudad de México, y además presenta un innovador sistema antisismo.

"Es una estructura única en el mundo, con un diseño geométrico que le permite absorber la fuerza sísmica por la propia forma del edificio", detalló a pie de obra Raymundo Lombera, director de Lomcci, una de las constructoras involucradas en esta magna construcción que se será inaugurada a principios de 2016.

Diseñado por el arquitecto Benjamín Romano, el rascacielos no llama solo la atención por su altura.

Acoplado al edificio por un conjunto de barras diagonales se encuentra el nodo, una estructura metálica de acero creada para soportar los movimientos telúricos. Y en su fachada, de cemento o concreto, destacan unos peculiares e irregulares agujeros que sirven para algo más que las ventanas tradicionales.

"Una parte de la fuerza del sismo la absorbe el nodo y posteriormente la energía se disipa por medio de los huecos en las paredes, que llamamos tetris", aclaró el gerente de Lomcci, Óscar Gómez, para asegurar que el rascacielos puede soportar hasta un terremoto de magnitud 10 en la escala de Richter.

Este sistema sustituye a la habitual base de gatos hidráulicos que da flexibilidad a edificios de estas características, empleado, por ejemplo, en la Torre Latinoamericana que, construida en los cincuenta del siglo pasado y con más de 180 metros de altura, sigue siendo un icono de la capital mexicana.

Cimentada a decenas de metros bajo tierra, en la capa resistente de esta lacustre ciudad, Torre Reforma cuenta con otras peculiaridades arquitectónicas como que en su interior no hay ni una sola columna.

Se trata de retos arquitectónicos que siguen una máxima: "Los trabajos en altura merecen un cuidado único, con normas y procedimientos especiales que hay que cumplir y aprender", sentenció Lombera.