EFEEl Ejido (Almería)

Bajo los plásticos de los invernaderos se vive una guerra desconocida por muchos entre insectos, los “bichitos buenos” que combaten las plagas y otros, como la Tuta absoluta, una polilla que puede suponer la ruina para el agricultor, al provocar la pérdida de la cosecha.

José Luis Martín es agricultor en El Ejido y en su finca invernada, que cobija unas 25.000 plantas de tomate, ha apostado por el control biológico y la lucha integrada. “Empezó hace muchos años” en la zona, explica, y ha tenido especial éxito con el pimiento. “Con el tomate, lo estamos consiguiendo, ves daño en la hoja pero ninguno en el fruto”, asegura a Efe.

“De lo que se trata es que estamos haciendo las cosas bien en Almería, para comer más sano (…) los agricultores, que somos los que estamos aquí debajo, no tenemos que gastar insecticidas, como antiguamente (…) y después por el consumidor (…) estamos haciendo las cosas bien para nosotros y para las próximas generaciones, que de eso se trata”, asevera.

Junto a José Luis se encuentran diferentes expertos, como Antonia Silva, ingeniero técnico agrícola de la cooperativa ‘Santa María del Águila’, cuya labor es la de asesorar a los productores y que confiesas que es un “buen momento” para apostar por la lucha integrada.

“Hemos visto cómo una plaga como la tuta, que para mucha gente parece impensable controlarla con la lucha biológica, se está controlando, a base de insectos auxiliares que han entrado de forma natural, otros que se venden en casas comerciales, también usando plantas refugio, feromonas (…) todo lo que nos ayuda a respetar el medio ambiente (…) y además que el consumidor tenga un producto más sano”, dice.

Explica que la Tuta es una polilla cuyas larvas “hacen galerías” en las hojas del tomate pero que “cuando es más agresiva, se mete en el fruto y puede causar muchísimo daño”.

También de la cooperativa ‘Santa María del Águila’ es la ingeniera agrónoma María José Castellón, quien destaca que en esta finca “llama la atención ver a la Nesidiocoris tenuis está tan bien integrada”. “Ha aparecido el Necremnus tutae, un auxiliar que todavía no se comercializa, porque es muy delicado”.

La Necremnus tutae es precisamente una avispa que parasita los huevos de la Tuta absoluta, convirtiéndose en una de las mejores herramientas de los agricultores contra dicha polilla.

Castellón subraya el respeto al medio ambiente y para la salud de la lucha integrada, ya que no se utilizan químicos que afecten a agricultores, técnicos o el consumidor final. “Sólo hay bichos que no hacen nada”, incide.

Manuel Gómez, responsable de desarrollo de Bioline Iberia, señala la repercusión de la Tuta en las exportaciones e incide en que su control pasa por combinar todas las soluciones biológicas posibles, priorizando “los bichitos, agentes de control biológico que pueden ser depredadores (…) o parasitarios como las avispas”.

En su empresa, además, desarrollan sistemas de sueltas para “ahorrar tiempo” y dar seguridad al productor, aplicando la experiencia acumulada en cultivos de más de 30 países. Su compañera Mónica Murcia, técnico de Bioline, añade que en el tomate hay que partir de “una buena base” de Nesidiocoris tenuis, junto a la avispilla parasitaria y otras herramientas como feromononas de confusión sexual.

El último miembro de esta comitiva es el doctor ingeniero agrícola, experto en agroecología, de Coexphal, Eduardo Crisol, quien resalta el valor en alza de este método de trabajo en Almería, y explica cómo en esta finca se ha fomentado “la presencia de enemigos naturales” de la Tuta con flores como la DescripciónLobularia, que sirve para atraer a la avispa Necremnus tutae.

“La apuesta de la horticultura intensiva de Almería por la agroecología y la agricultura sostenible es cada vez mayor. Esto está perfectamente en línea con lo que está demandando Europa. De hecho, se está promoviendo una nueva Ley de Biodiversidad enfocada en gran parte al agro. Todo este tipo de medidas van a seguir reforzando esa dinámica hacia la sostenibilidad”, concluye.