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Una, y con suerte, dos personas rescatan en cada intervención de Salvamento Marítimo a una media de 50 migrantes de pateras, y lo hacen con el miedo a que vuelque la embarcación y con la presión de salvar una a una a personas debilitadas, asustadas y en la mayoría de los casos semiparalizadas por el miedo a caer al agua porque no saben nadar.

Este es el día el día de los trabajadores de las tripulaciones de las unidades marítimas que llevan cabo esta tarea, afectados por largas jornadas de búsqueda en el mar, agotamiento físico y psíquico -por las tremendas situaciones personales que conocen cada día-, lo que termina generando un alto índice de fatiga y estrés, según ha explicado a Efe, Cristian Castaño, trabajador del sector y responsable de Marina Mercante y Tráfico Interior de CCOO.

Salvamento Marítimo rescató en 2018 a 49.688 migrantes, en 2017 fueron 18.937 y en 2016, 6.719; pese a ese incremento del 160 % de los rescates, apenas se ha reforzado el personal, denuncia este sindicato que documenta esa situación en el informe "Condiciones laborales del personal en la atención a personas migrantes".

"En 2017, unos 110 trabajadores de Salvamento rescataron a 19.000 migrantes, los mismos ya habían realizado ese número de rescates en los seis primeros meses de 2018, con el cansancio y el estrés acumulado, hasta que en julio se declaró la situación de emergencia y se amplió el dispositivo -hasta unos 250 trabajadores-, que ha permanecido hasta diciembre", señala.

Las embarcaciones tipo Salvamar van con tres tripulantes; patrón, mecánico y marinero, explica este responsable sindical de Marina Mercante y Tráfico Interior, que en los últimos meses se ha reforzado en muchas de ellas con otro trabajador.

"Cuando llegas a un rescate el patrón no puede abandonar los mandos, quedan el mecánico y el marinero, uno de ellos debe estar sujetando la embarcación porque empieza a pegar golpes secos y se pueden caer al agua, por lo que queda solo uno para acoger a una media de 55 personas y subirlas; se ha conseguido un cuarto tripulante, que espero que se mantenga".

"A veces se vuelca la patera, no saben nadar y genera una sensación de impotencia, una persona te pide auxilio y no llegas a salvar a todos, es necesario más personal" pero no de manera provisional, insiste.

El informe indica que el 52 por ciento del personal que trabaja en el ámbito migratorio ha padecido estrés laboral y ansiedad, aunque también recoge testimonios de trabajadores de Salvamento Marítimo, que muestran un alto grado de satisfacción por el carácter social de su trabajo y por estar ayudando a personas.

"Cuando te ven lloran, en el momento que están en la lancha y se recuperan del susto, empiezan a botar, a dar saltos, a cantar canciones; es brutal cuando los coges y ya están todos y se ven a salvo", asegura uno de estos trabajadores.

Castaño destaca que aunque cada ruta tiene un ritmo de trabajo, es alto en todos los casos. Así los trabajadores de la zona de Gibraltar "hacen recorridos cortos, salen a un rescate, lo realizan, vuelven y al rato reciben nuevo aviso de otra patera; mientras que en mar de Alborán, con amplias distancias, son jornadas de trabajo muy extensas".

"Pedimos medidas razonables para asistir con dignidad a los migrantes y para que los trabajadores también puedan realizar ese servicio con condiciones de seguridad", señala Castaño, por lo que reclama "una estrategia de refuerzo mientras dure la presión migratoria", que adecúe la plantillas al ritmo de llegadas y que se recuperen las que había antes de la crisis.

Recuerdan que Fomento se comprometió a realizar el Plan Nacional de Salvamento 2019-2020.

CCOO describe la situación que viven también los trabajadores de centros de coordinación de Salvamento, obligados a hacer horas extras a plantillas que muchas de ellas no pueden ser compensadas con tiempo de descanso por la ausencia de personal para cubrirlas.

Además, piden más formación en materia migratoria y protocolos para evitar riesgos de contagio de enfermedades infecciosas y de prevención de salud en relación con dolencias como las músculo esqueléticas, que afectan al 80 por ciento del personal encuestado en el estudio del sindicato.

Ana Rodrigo