EFEEl Viso (Córdoba)

Nadie se podría imaginar que El Viso, un municipio de la tierra por antonomasia de los jamones y paletas que proceden de los cerdos ibéricos protegidos por la Denominación de Origen de la comarca cordobesa de Los Pedroches, tenga capacidad para criar casi medio millón de pollos a la vez.

Exactamente, tiene un aforo autorizado en las siete explotaciones registradas de 450.000 pollos, que llegan un día después de nacer y salen, camino del sacrificio, entre los 37 y los 52 de días después, según el destino al que vayan dirigidos, bien para asador, bien para la industria cárnica o bien para su comercialización directa al consumidor.

Un único polígono industrial, el de La Longuera, reúne once naves y tiene dos más en tramitación y tres más en previsión, además de otras actividades avícolas que se dan en el municipio, como una granja productora de huevos ecológicos y el interés de una emprendedora de poner en marcha otra de pavos, según los datos aportados a Efe por el arquitecto municipal, Jorge García.

Al alcalde de El Viso, Juan Díaz (PSOE), le satisface la diversificación en el sector agrario que se ha dado en el municipio, que, pese a estar en uno de los epicentros andaluces del cerdo ibérico, sólo tiene una explotación de esta índole, conforme al estudio 'Actividades Económicas de Córdoba y su Provincia' de la Cámara Oficial de Comercio, Industrias y Servicios, referido a datos de 2018, los últimos disponibles.

Las primeras explotaciones de cría de pollos en El Viso proceden de 1992, por iniciativa de dos amigos. La primera camada llegó poco antes de la de José Belmonte, hoy con una explotación con capacidad para criar a la vez 150.000 pollos.

La granja sigue creciendo en su explotación y considera que ha forjado un futuro para su familia con las cinco o cinco camadas y media que pasan al cabo de año por su granja, más de setecientos mil pollos.

El alcalde viseño coincide con la apreciación de José Belmonte, ya que "las primeras instalaciones demostraron que era una actividad que asentaba la población y que podía vivir una familia de ella, con seguridad económica y de sustento" y de ahí que se haya producido un "boom", que haya interés de "gente joven, hombres y mujeres, de cara al tema avícola, pero también por los huevos ecológicos y con proyecto de una granja de pavos".

En una conversación con Efe en su explotación, Belmonte destaca la diferencia entre las circunstancias de cómo él emprendió hace veintisiete años y lo que se encuentran en la actualidad quienes se deciden a continuar la estela.

"Ahora hay mucha facilidad porque dan subvenciones, sin embargo, cuando empezamos aquí era a base de sangre, a pulmón, con los tipos de interés al 16 por ciento, ahora es más fácil y la tradición ya existe", afirma desde su experiencia de haber abandonado el negocio de leña que tenía con su hermano.

Su decisión fue la de buscar una salida en el autoempleo, porque fuera de él lo que hay es "cero". Eso es porque "no hay empleo, no hay industria, la agricultura la abarcan cuatro y, o te tiras para adelante en cualquier tema, o tienes que emigrar", enfatiza.

El Viso tiene 2.536 habitantes, apenas el 5 por ciento de la población de la comarca de los Pedroches, pero sus 25.440 hectáreas de extensión sólo las superan cinco municipios de la zona.

Pero a la gran extensión del término municipal viseño, sólo 4.085 hectáreas, el 16,06 por ciento, está dedicada a la agricultura, principalmente de cultivos herbáceos, mientras que la otra gran actividad ganadera tradicional de la zona, la vaca de leche, tiene trece explotaciones.

Hoy día, José Belmonte es el titular de una explotación que en su última ampliación está automatizada en su práctica totalidad, con un cuidado exquisito con el bienestar animal y con una "intervención humana muy escasa", que se limita a supervisar el funcionamiento de los automatismos y "sacar las bajas" de los pollos, una media de entre 4 y el 5 por ciento por camada, que son aquellos que "no se enganchan a las tetinas (para beber agua), los más débiles y los que vienen tocados".

De cada camada (en la visita de Efe a la explotación enseña dos de 29.000 pollos cada una con apenas dos días de vida) salen 6.000 pollos para asador, más pequeños, de entre con un peso de 2 y 2,1 kilos y con entre 37 a 40 días. El resto se mantiene con más espacio hasta alcanzar por encima de los tres kilos y entre 45 y 52 días.

Además del bienestar animal, la sostenibilidad de la explotación también ha avanzado en estas tres décadas. Los pollos se reciben a 37 grados, "casi la temperatura que tienen cuando nacen", cuando en el exterior este invierno se han registrado hasta menos cuatro grados, y se van restando dos grados cada semana.

La última tecnología incorporada permite que con los intercambiadores de calor se pueda estar 45 días sin manejar las ventanas y que no entre aire frío del exterior, sino ya caliente, de manera automática, al igual que la dispensación del pienso y el agua y la gestión de la iluminación. EFE