EFECórdoba

El académico José María Palencia defenderá en su discurso de ingreso en la Academia de Córdoba que Francisco de Goya pintó a su familia en una las obras de la Quinta del Sordo, la última residencia del artista en España, y que existe una más de las ya identificadas como Pinturas negras, que realizó para esta finca.

En su intervención, Palencia plantea "una revisión de la distribución de las diversas obras pintadas por Goya en la Quinta del Sordo, partiendo de la probable incorporación originaria de dos que no pueden contemplarse actualmente en el Museo del Prado".

En una entrevista con Efe, el nuevo académico numerario, que es el conservador del Museo de Bellas Artes de Córdoba, afirma que una de las obras es 'Figuras en un paisaje', perteneciente a la Colección Stanley Moss de Nueva York, y que ya fue identificada por José Manuel Arnaiz como de las Pinturas negras.

Sobre esta, trazará como novedad que "al menos cuatro de las cinco personas presentes en la escena son claramente identificables como el propio Goya, su hijo Javier, su nuera Gumersinda Goicoechea Galarza, y Martín de Goicoechea, padre de ésta".

A su juicio, se trata del "núcleo de personas de la familia que se vieron decisivamente implicadas en el problema del exilio, -y por tanto también, en el de la conservación de la finca y sus pertenencias-, y en la necesidad de su salvaguarda física ante lo que podría venirles por parte de la Inquisición como consecuencia de la triunfante reacción absolutista".

Palencia argumenta que "el hecho de que sea el propio Javier Pedro el más claramente identificable, con tan solo compararlo con el retrato a lápiz que su padre le realizó en 1824, hoy en una colección privada, justifica la circunstancia de que esta obra, que parece fue pintada sobre lienzo y no en pared, y por tanto no presentaba ninguna complicación, fuese también prontamente retirada de la Quinta".

El motivo, según explica, era la pretensión, finalmente lograda por el hijo de Goya, de obtener el marquesado del Espinar por concesión de Fernando VII, para lo que "no debía de existir ninguna posibilidad de sospecha de liberalismo, debiendo, por tanto, de quedar oculta toda relación, -o al menos implicación directa clara-, con cualquier cosa que oliese a liberal", condición que ostentaba su padre y que le deparó el autoexilio en Francia.

La segunda aportación se refiere a "un cuadro de un mendigo que habría hecho pareja con el 'Perro semihundido' que se encontraba encima de una de las puertas de la planta baja del edificio".

'El Mendigo ciego' fue adquirido por sus actuales propietarios en una subasta en diciembre del 2003 en París en la que se presentó como una obra de la Escuela Española del siglo XVIII, aunque después fue estudiado por Antonia Luna Pérez del Villar, profesora de Literatura Española en la Universidad de París, "que desde un primer momento intuyó la relación de la obra con la actuación de Goya en la finca de Carabanchel", apunta el académico.

Las medidas, que casi encajan con las de 'Perro semihundido', los pigmentos con los que fue realizada, que "son los habituales para la época y se encuentran también en las obras del Prado" y un hecho "muy interesante", como es "la detección de trazas de oropimente en el plato que transporta en el zurrón, ya que se trata de un pigmento muy inusual en esta época, y que también fue detectado en el fondo del 'Perro semihundido' del Prado", le hacen concluir que estas pinturas forman un conjunto.

Además, se apoya en otros datos, como que "al igual que el resto de pinturas que estuvieron en la Quinta, presenta una gran diferencia de escala entre la figura humana y las piedras que existen a su lado" o que "su radiografía muestra también daños muy similares a los que presentan las otras obras originarias" de esta finca.

"Si al mendigo y al perro se les contempla unidos, se puede comprobar cómo la línea de tierra existente en ambos se continúa y compagina, formando una gran uve que tiene su punto máximo de inflexión en la concavidad donde termina la del uno y arranca la del otro, mostrando una sola escena cargada de completa coherencia", concluye.

El académico apunta, asimismo, que "todas las circunstancias que rodean al andrajoso nos hablan del propio Goya, del que sabemos que, además de una profunda sordera, hacia 1821 sufría una enfermedad en los dedos de su mano derecha, debido a que los utilizada para aplanar y sacar motivos sobre las capas gruesas del óleo", además de una intoxicación producida por el blanco de plomo que utilizada como pigmento.

Para José María Palencia, su discurso propone "una relectura que no es ni más ni menos que el testamento de la vida de Goya y que refleja la historia de España en la coyuntura de entonces entre liberales y absolutistas y los motivos por los que se tuvo que ir de España a Burdeos autoexiliado, con lo que desaparecieron estas dos pinturas".

Álvaro Vega