EFESevilla

La flota de la primera vuelta al mundo llegó hace hoy 500 años a la Patagonia, donde se produjo un motín contra el capitán general, Fernando Magallanes, que condenó a muerte a 44 de sus participantes, entre ellos Elcano, aunque finalmente "solo" mató y descuartizó a dos y abandonó a otros dos, entre ellos a un sacerdote.

Los cinco barcos de la flota fondearon cinco meses en el puerto de San Julián, localidad patagónica donde existe una réplica de la nao Victoria, la primera embarcación que completó la vuelta al mundo, y la decisión de permanecer en la zona contó con una fuerte oposición de gran parte de los mandos y de parte de la tripulación.

Cuando fondean para invernar en San Julián, que está apenas a 290 kilómetros del famoso estrecho que comunica el Atlántico y el Pacífico, entonces aún inédito, Magallanes "cuenta por fin a los demás capitanes su plan para llegar a la Especiería por el lado del mundo desconocido", explica el especialista en la primera vuelta al mundo Tomás Mazón.

La llegada al puerto de San Julián se produce siete meses después de que la expedición saliera de Sevilla con cinco barcos y 267 hombres, una cifra que baila en función de las fuentes históricas usadas.

La decisión de pasar allí el invierno es la gota que colma el vaso de varios de los capitanes, que se amotinan contra Magallanes, quien logró hacerse con el mando y dominar la situación, tras lo cual condenó a muerte a 44 de ellos, aunque a cuarenta perdona porque les hace falta para gobernar los barcos, según la versión más extendida de lo ocurrido.

Sin embargo, Ginés de Mafra, el piloto de uno de los barcos, la Trinidad, afirma que no se culmina la ejecución de todos los amotinados, entre ellos Juan Sebastián Elcano, que culminó en 1522 la primera vuelta al mundo, porque esa "crueldad no consintió la demás gente de la armada".

Como consecuencia del motín, su cabecilla, el capitán del barco San Antonio y veedor general de la flota, Juan de Cartagena, fue abandonado junto al clérigo Pedro Sánchez de la Reina en una isla de la zona.

Magallanes "no se atrevió a quitarle la vida" a Cartagena "porque había sido nombrado capitán por el mismo emperador", relata el cronista de a bordo, Antonio Pigafetta, quien recuerda que en esa zona levantaron una cruz en una montaña cercana que llamaron Monte de Cristo "y tomamos posesión de esta tierra en nombre del rey de España".

El capitán de la Victoria, Luis Mendoza, ya cadáver tras ser apuñalado en el motín, fue descuartizado, lo mismo que ordenó Magallanes con el capitán de la Concepción, Gaspar de Quesada, y con el contador de la expedición, Antonio de Coca, según explica el capitán de navío e historiador José María Blanco Núñez en su libro sobre la primera vuelta al mundo.

Tras esas ejecuciones, ya no hubo más motines en la armada de la Especiería, recuerdan los historiadores.

En el puerto de fondeo, la armada tubo contacto con los habitantes de la zona, que son "gigantes", según Pigafetta, quien los define como "muy glotones; los dos que cogimos se comían cada uno un cesto de bizcocho por día, y se bebían medio cubo de agua de un trago; devoraban las ratas crudas, sin desollarlas. Nuestro capitán llamó a estos pueblos patagones", explica el cronista.

Una vez retomada la navegación tras pasar el invierno en la Patagonia y el naufragio de una de las naves que reconocía la zona, la Santiago, que se saldó sin víctimas, los otros cuatro barcos casi naufragan antes de llegar al Estrecho de Magallanes.

Allí, la embarcación San Antonio, la de mayor capacidad de almacenamiento de alimentos, deserta y regresa a España, "lo que constituirá un duro golpe para los que continuaron la circunnavegación", indica Blanco Núñez.