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El filósofo judío Zygmunt Bauman denominó al siglo XX como "el siglo de los campos" y el historiador británico Dan Stone anima a preguntarse "por qué todo tipo de Estados" los han utilizado en un breve ensayo titulado "Campos de concentración", en el que traza una historia de estos infames recintos.

Publicado en la colección de Historia de la granadina editorial Comares, dirigida por el profesor de Historia de la Universidad de Granada Miguel Ángel del Arco, el estudio pone de manifiesto que el empleo de los campos de concentración no ha sido erradicado y que su historia va mucho más allá de los campos nazis y del complejo carcelario del Gulag soviético.

Catedrático de Historia Moderna y Director del Instituto de Investigación del Holocausto en Royal Holloway (Universidad de Londres), Dan Stone comienza su análisis recordando el revuelo mediático que suscitó la denuncia de la congresista estadounidense Alexandra Ocasio-Cortez sobre que Estados Unidos estaba empleando campos de concentración para retener a migrantes suramericanos en la frontera mexicana de Texas.

Las reacción que provocó aquella denuncia, según Dan Stone, demostró que existe la creencia mayoritaria de que "los campos de concentración están ligados exclusivamente al Holocausto y que el uso del término en cualquier otro contexto es inaceptable".

No obstante, el historiador afirma que "muchas instalaciones de todo el mundo aparte de las creadas por los nazis han sido denominadas -tanto por sus creadores como por sus víctimas- 'campos de concentración'", y anima a preguntarse "por qué todo tipo de Estados han considerado -y siguen considerando- necesario detener a gente sin el amparo de la ley".

Autor de "Historias del Holocausto", entre otros quince títulos que ha escrito o editado, Stone considera los campos de concentración como "una prueba del poder del Estado moderno para decidir sobre quién merece vivir y morir en su territorio".

Y advierte que no son obra exclusiva de regímenes dictatoriales como los de la Alemania nazi o la Unión Soviética y han surgido en diferentes lugares, circunstancias y épocas.

Según Stone, "los campos de concentración, o las instalaciones denominadas como tales, han surgido por todo el planeta dentro de contextos coloniales de realojamiento de civiles, de internamiento por supuestas amenazas al régimen, de remodelación demográfica según la ideología de la dictadura imperante, y también de regímenes supuestamente 'liberales' durante las guerras y levantamientos anticoloniales".

Los campos de la Alemania nazi, según el historiador, son los más conocidos porque "fueron utilizados de forma brutal y deliberada para eliminar a un pueblo", pero el sistema de campos de concentración es anterior al genocidio judío en Europa, como es el caso de los que existieron en la Unión Soviética.

La variedad de instalaciones penitenciarias en el Gulag soviético era tal que no en todos los casos se trataba de centros de internamiento delimitados.

Para distinguir los campos de concentración de otros empleados como campos de refugiados u otros lugares en que los civiles son retenidos contra su voluntad, Stone señala que en los primeros los reclusos han sido privados de todo amparo legal, mientras que en los segundos aun cuentan con acceso a representación legal "por muy precario que sea".

Stone pone el ejemplo de los campos creados en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial para internar a norteamericanos de origen japonés, que califica como "una despreciable medida antiliberal basada en infundados temores quintacolumnistas", ya que aunque estas personas eran retenidas contra su voluntad tenían contacto con el mundo exterior mediante un régimen de visitas y un servicio postal, entre otras medidas.

De la España de Franco afirma Stone que aprendió de Francia, que internó en campos de concentración a los combatientes refugiados de la Guerra Civil, y de la Alemania nazi.

Y como ejemplos de campos de concentración pone los que se hicieron en las Islas Canarias durante la guerra de Ifni entre 1957 y 1958, los de la Administración colonial británica en Kenia durante el levantamiento Mau Mau, y los empleados en la "guerra sucia" en Argentina y, en Chile, tras el golpe de Pinochet: "El Estadio Nacional de Santiago y el campo de Chacabuco en el desierto de Atacama son dos de los más conocidos".

Alfredo Valenzuela