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Juan Eduardo Cirlot es uno de los poetas más extraños de la literatura española y sus aforismos "carecen de intención embellecedora, desdeñan la frase ingeniosa y están lejos de la greguería o de los apotegmas morales" porque "son hondas meditaciones metafísicas y a menudo enigmáticas".

Así lo ha explicado a Efe Antonio Rivero Taravillo, quien obtuvo el Premio de Biografía Antonio Domínguez Ortiz por su libro "Cirlot. Ser y no ser de un poeta único" (Fundación José Manuel Lara) y ahora ha hecho una edición de los aforismos del poeta, "Aforismos del no mundo" para la colección "A la mínima", en la que se han publicado selecciones de Antonio Machado, Pessoa y Óscar Wilde, entre otros.

Cirlot publicó dos colecciones de aforismos, "Del no mundo" en 1950 y "Ontología" en 1969 --de la que se cumple el cincuenta aniversario-- y Rivero Taravillo ha optado por el título genérico de "Aforismos del no mundo", porque --ha explicado- "el 'No mundo' fue un concepto importante para Cirlot, escritor que con los años se fue volviendo cada vez más nihilista, autor de expresiones tan negativas como 'donde nada lo nunca ni'".

El editor y biógrafo de Cirlot ha matizado que "el aforismo es hoy bastante cultivado, y se puede decir que atraviesa un momento espléndido" pero "en otras épocas no fue así, aunque un amigo de Cirlot desde tiempos de la aproximación de éste al Postismo, Carlos Edmundo de Ory escribió aforismos que llamó 'Aerolitos'".

"Aunque evolucionara, sorprende ver la coherencia fundamental de su pensamiento a lo largo de los años", ha señalado Rivero Taravillo en su introducción a esta edición, mientras que ha advertido a Efe que estas dos colecciones de aforismos son "complementarias" de su poesía.

Y, como demuestra en su poesía, "Cirlot era de escritura torrencial; no le interesaba tanto publicar como escribir, y a menudo destruía lo escrito --se han perdido muchos versos suyos por esta causa--".

Escrita cada una de estas colecciones en poco tiempo, "sorprende que mediaran casi veinte años entre ambas, la primera publicada por el grupo barcelonés 'Dau al Set', del que formaron parte Joan Brossa, Antonio Tàpies y Modest Cuixart, entre otros, y la segunda en la colección 'La Esquina', dirigida por Antonio Beneyto".

En "Ontología", título contemporáneo de su "gran ciclo poético 'Bronwyn', el autor incluye alguna reflexión sobre el personaje de la joven céltica que trascendiendo su papel de protagonista de la película 'El señor de la guerra', de Franklin J. Schaffner, se convierte en símbolo y, enlazando con diferentes tradiciones, 'lo que renace eternamente'".

"Cirlot se acerca a la filosofía en estos textos breves, y a menudo tiene un aire de oscuro y pesimista presocrático o de meditativo Hamlet que, en vez de dirigirse a la de Yorick, habla a su propia calavera, preocupado por el ser y no ser al mismo tiempo", ha concluido Rivero Taravillo para añadir:

"También se adentra en el simbolismo, materia en la que fue y es una autoridad internacional --su 'Diccionario de símbolos' es una obra capital--, y en la religión y en los movimientos afines, como cuando impugna de un plumazo el budismo al sostener que 'Buda se equivocó. La causa del dolor no es el deseo, sino la carencia que motiva el deseo'".

El editor ha evocado a Cirlot (1916-1973) diciendo que fue crítico de arte, músico, "autor de una turbadora novela y muchas cosas más, pero sobre todo poeta a la vez vanguardista y tradicional, preocupado por la transmigración de las almas, las civilizaciones pretéritas, las espadas, el Medievo, las doncellas con cicatrices, el poder de la palabra como ensalmo que se manifiesta en las aliteraciones, cabalista del Verbo en combinaciones insólitas".

Y añadiendo que "desde su temprana muerte a los 57 años, su figura no ha hecho más que acrecentarse y ha suscitado el interés de "una selecta minoría de seguidores capitaneada desde temprana hora por Luis Alberto de Cuenca, quien escogió el estremecedor 'Momento', de su época final --casi testamentario--, como uno de los mejores cien poemas de nuestra literatura. En él aparece un verso que bien podría ser aforismo: 'El ángel es el peor de los dragones'".

Alfredo Valenzuela