EFEGranada

Lleva más de una década formando a amantes del circo y el teatro como escuela referente en Andalucía y una de las tres únicas de este tipo en España y, aunque la pandemia ha puesto contra las cuerdas al sector, el Centro de Artes Urbanas de Granada sigue forjando artistas entre bambalinas.

El CAU, con sede en Ogíjares (Granada), fue creado en 2009 por la compañía Animasur y, aunque llevaba años ofreciendo cursos regulares de teatro y circo, fue entonces cuando se constituyó como escuela profesional destinada a crear artistas, algo que solo ofrecen en España 'Carampa', en Madrid, y el Centro de las Artes del Circo Rogelio Rivel, en Barcelona, explica a Efe José Pascual, director del de Granada.

La diferencia con las conocidas como escuelas socioeducativas, de las que hay más de un centenar repartidas por todo el país, es que ofrecen enseñanzas profesionales y pertenecen a la Federación de Escuelas de Circo Europea: "Son lo más parecido que existe dentro de la enseñanza no reglada", detalla Pascual.

En países como Canadá o Inglaterra e incluso en comunidades como Cataluña, este tipo de cursos sí está reglado, pero no en el resto de España, una reivindicación, dice, que persigue desde hace tiempo el sector.

Que el circo y el teatro siguen de actualidad pese a todo lo demuestra, según el director del CAU, la proliferación -mermada este año por la pandemia- de alumnos procedentes de todo el mundo.

En el caso del Centro de Artes Urbanas de Granada, el 80 % de su alumnado es extranjero, procede fundamentalmente de Francia, Alemania e Italia, aunque también de Inglaterra, Brasil, Uruguay o México: "Habremos tenido alumnos de más de treinta países", resume.

El perfil del que decide formarse como artista en ambas disciplinas es el de un joven de 23 o 24 años con estudios superiores universitarios en la mayoría de los casos.

"El perfil actual no tiene nada que ver con lo que era antes el circo. Ahora es gente muy preparada, viajada y que habla varios idiomas", señala el director del centro, cuyas clases no se vieron del todo afectadas por la pandemia pese a las dificultades que tuvieron que sortear al tratarse de actividades de mucho contacto físico.

"Las mascarillas transparentes nos salvaron las clases de teatro", pone de ejemplo el director de este centro que imparte una amplia modalidad de disciplinas formativas como acrobacia, acrodanza o todo lo relacionado con la dramaturgia, y que ha hecho del teatro social su seña de identidad.

"El circo se ha teatralizado, ha sabido adaptarse a los tiempos. La danza, el movimiento, la dramaturgia... todo está en conexión directa", según Pascual, que admite que tras la pandemia la situación es especialmente complicada para un sector, el del circo y el teatro, que está "socialmente en lo más bajo de la pirámide".

"Estos dos años han generado un verdadero desastre que se traduce en que hemos perdido mucho de la cultura de este país", opina Pascual, que advierte de que la gente se ha "acostumbrado a que no haya teatro en sus pueblos. Y no pasa nada", lamenta.

Aún así, está convencido de que el circo y las artes urbanas en general son las artes escénicas con más futuro porque están en un periodo de crecimiento continuo.

Y si hay profesionales dispuestos a enseñar y alumnos dispuestos a aprender es, entiende, "porque ven en el circo un futuro laboral de verdad".

Belén Ortiz