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El vasco Juan Sebastián Elcano fue el primer capitán que dio la vuelta al mundo en 1522, un logro tras el cual se volvió a embarcar poco después con destino a las islas Molucas o de las Especierías, aunque murió cuando navegaba por el Pacífico hace hoy 495 años.

Numerosos historiadores y especialistas en la primera vuelta al mundo han recordado el aniversario de la muerte del marino, natural de Guetaria (Guipúzcoa), que se enroló como maestre (segundo de a bordo) en uno de los cinco barcos que empezaron en 1519 en Sevilla la navegación de la primera vuelta al mundo, la nao Concepción.

Tras numerosas vicisitudes, entre ellas la muerte del capitán de la armada, Fernando Magallanes, Elcano asumió el mando de la expedición en Brunéi en septiembre de 1521 cuando ya solo quedaban dos de los cinco barcos que empezaron el viaje.

Desde esa isla llegó finalmente a las ansiadas Especierías, desde donde protagonizó, al mando de la nao Victoria, una hazaña marinera sorprendente: regresar por latitudes desconocidas hasta España con una sola escala por falta de alimentos, en Cabo Verde, tras cruzar el Índico.

Llegó a Sevilla el 8 de septiembre de 1522 junto a otros 17 navegantes y el rey Carlos I le concedió, además de una renta anual de quinientos ducados, una esfera del mundo con la leyenda "Primus circumdedisti me" ("Fuiste el primero que la vuelta me diste").

A pesar de tener fama y dinero, Elcano se volvió a embarcar tres años después en la expedición capitaneada por García Jofre de Loaísa, compuesta por siete barcos y que tenía como objetivo colonizar las Molucas.

Sin embargo, la expedición fue un fracaso, a pesar de que permitió descubrir el Cabo de Hornos, y en ella murió Elcano cuando navegaba por el Pacífico y seguramente por comer un pescado, probablemente un barracuda, "con dientes como de perro", como explicó uno de los supervivientes, Andrés de Urdaneta.

Elcano, sabiendo que iba a morir, tuvo tiempo de escribir su testamento "con letra temblorosa", recuerda el especialista en la primera vuelta al mundo Tomás Mazón, quien subraya que el texto con sus últimas voluntades llegó a España once años después.

El testamento lo firmaron, entre otros, el entonces grumete Urdaneta, otro marino vasco que en 1565 hizo una enorme aportación a la navegación marítima al descubrir cómo unir Filipinas con México, un anhelo español que se intentó sin éxito durante más de cuarenta años.

Esa navegación, denominada "tornaviaje", abrió una vía comercial de primer orden que estuvo vigente 250 años a través del conocido como Galeón de Manila.