EFEAlfredo Valenzuela Sevilla

El poeta sevillano Jacobo Cortines (Lebrija, Sevilla, 1946) ha añadido el nombre y el territorio de Lebrija (Sevilla) a la tradición memorialística de poetas como Romero Murube, Muñoz Rojas y Rafael Montesinos con "La edad ligera", unos recuerdos de infancia y primera juventud con los que también nutre la cualidad mítica de la Baja Andalucía.

"La edad ligera" (Athenaica), que reúne el título "Este sol de la infancia", sobre sus diez primeros años de vida, con el recién escrito "En la puerta del cielo", sobre los años del bachiller, se suma a esa tradición marcada por "Pueblo lejano" (Romero Murube), "Las cosas del campo" (Muñoz Rojas), "Los años irreparables" (Montesinos), pero también a clásicos como "Platero y yo", de Juan Ramón Jiménez, y "Ocnos", de Luis Cernuda.

Veinte años ha tardado el poeta en dar continuación a aquel primer título de resonancias machadianas porque, como ha confesado, "no encontraba el tono" para abordar los años de la adolescencia, del ingreso en el internado de los jesuitas -el Portaceli era "el mayor colegio de España, el más codiciado por la aristocracia y la burguesía andaluzas"-, del abandono del campo y de la llegada a la Sevilla de la expansión urbana por el nuevo barrio de Los Remedios.

En esa confesada dificultad para hallar el tono contradice a Cortines el editor Ignacio Garmendia, quien en el prólogo de "La edad ligera" resalta la perfecta continuidad de "Este sol de la infancia" y "En la puerta del cielo" y su "unidad de tono, pues el paso de la mirada infantil a la relativamente madura se percibe de forma gradual, pese a la brusquedad del corte".

"Los gozos y los miedos, los raros o sólitos descubrimientos que conforman la vida de cualquier niño, habitante de un 'ahora' tan ancho que casi se sitúa fuera del tiempo, y continúan con los hallazgos y revelaciones del muchacho que estrena el mundo" y "en todos los retazos de memoria, sabiamente hilvanados por el poeta, encontramos la belleza evocadora de la palabra y la verdad palpitante de la vida", señala Garmendia en la conclusión de su prólogo.

Conocedor de la obra de Cortines, el también poeta y también profesor Juan Lamillar ha dicho a Efe que en estas páginas "se ha sabido preservar la mirada inocente, curiosa y observadora del niño" porque en ellas "no hay ni juicios ni prejuicios a la hora de narrar situaciones y comportamientos".

No obstante, el niño que fue Cortines, perteneciente a la burguesía rural y terrateniente, recuerda cómo en el barrio más pobre de Lebrija persistía la lacra de la lepra o como al llegar al colegio de los jesuítas los alumnos "gratuitos" tenían otra entrada y otra salida, otro uniforme y no se mantenía ningún contacto con ellos, por lo que el día de la presentación de "La edad ligera" el autor describió todo aquello como "un mundo muy chocante".

De aquellos años del bachiller también recordó el autor cómo pasaron todo un curso con "La Iliada" y "La Eneida" y cómo el colofón a sus años en el colegio fue la entrevista con el jesuita que esperaba su decisión acerca de si entraría en el noviciado, una reunión que se enfrió en cuanto el estudiante expresó su negativa y que fue abreviada por la fría despedida del cura.

"He sabido resistir y he vencido. He sabido decir no, y a nadie tengo que dar cuentas ya de lo que haga", se dijo para sí aquel muchacho que salía otra vez al mundo.

Alfredo Valenzuela