EFEMálaga

Dentro de una vida personal atormentada que contrastaba con un éxito profesional internacional, la Costa del Sol fue para el compositor argentino Waldo de los Ríos un oasis de felicidad donde quiso dar un giro a su carrera para empezar a crear la música que realmente le interesaba.

"En varios momentos, la Costa del Sol fue un paréntesis feliz en su vida", ha afirmado en una entrevista con Efe el periodista Miguel Fernández, autor del libro "Desafiando al olvido. Waldo de los Ríos. La biografía" (Roca Editorial), que se presenta este jueves en Fuengirola (Málaga).

Fernández se topó con su figura en 2017, cuando, poco después de la muerte de su padre, buscaba un argumento sobre los años 60 y 70, "cuando España cambió tanto y hubo un par de generaciones que se superaron a sí mismas, niños de la posguerra con enormes dificultades económicas que consiguieron abrirse camino".

Viajando en coche por Canadá, escuchó el "Himno de la alegría" de De los Ríos y empezó a indagar para descubrir la "historia fascinante" de alguien que vendió siete millones de discos en 1970 y fue superventas en 65 países.

Ofrece un "viaje" por su vida desde sus últimas horas, porque reconstruye "minuto a minuto" ese 28 de marzo de 1977 en el que se suicidó, y transita hasta su origen -hijo de la gran cantante folclórica argentina Marta de los Ríos- pasando por "su llegada a España, el nacimiento de la música pop y de la industria discográfica en nuestro país y el boom de la clase media y del turismo".

Entre 1970 y 1975, su música "recorre todo el planeta, dirige ante la reina Isabel II de Inglaterra, conduce coches de lujo que son modelos únicos, vive en una mansión y le llegan ofertas de toda índole", relata Fernández.

Una de esas ofertas es del cineasta Stanley Kubrick, que le encarga la banda sonora de "La naranja mecánica", pero le propone "un tratamiento un tanto arriesgado de la música de Beethoven" en un momento en que Waldo recibía "un aluvión de críticas por lo que había hecho con los clásicos, que simplemente era acercarlos a la vida cotidiana de la gente".

"Temió que un tratamiento tan poco respetuoso pudiera ponerle en una situación mucho más incómoda y prefirió no aceptar el encargo de Kubrick", explica Fernández a Efe.

Este éxito profesional contrasta con una vida "desdichada casi desde el nacimiento", al ser "fruto de una relación adúltera", con una madre "absorbente y dominante que le marcaba el ritmo de su vida", y al instalarse en España, pese a conocer la fama, el dinero y el prestigio, "no poder hacer la música que de verdad le apetecía".

"En la recta final de su vida, preocupado por la vejez y por los cambios de gustos en la música y en la industria discográfica, descubrió un amor imposible, un amor homosexual en el contexto del franquismo y con una diferencia de edad tremenda", en el que "Waldo amaba, pero no encontraba reciprocidad".

En ese momento estaba casado con Isabel Pisano, "de la que estaba enamorado, pero a la vez estaba enamorado de un hombre, y en aquel contexto social, siendo una estrella mundial, era un factor de angustia y un motivo de tortura tremendo".

Su primera visita a la Costa del Sol fue en 1966 para dirigir la orquesta del mítico hotel Pez Espada de Torremolinos y pasó "un verano estupendo", y de la segunda, en 1973 a Fuengirola, queda "un fruto mucho más tangible", porque allí creó su "Concierto para la guitarra criolla", homenaje a su padre recién fallecido.

Junto al guitarrista Ernesto Bitetti compuso en un mes la que era "la primera de las obras que pretendía componer en el futuro, alejándose de los arreglos y del mundo pop y adentrándose en la música que le interesaba, seria, original y propia", y según el testimonio del propio Bitetti, pasaron "un mes extraordinario" en Fuengirola.

Iba a estrenar la obra en Berlín, pero cinco días antes, "con los billetes de avión comprados y el traje colgado en la percha", Waldo de los Ríos se suicidó. Para homenajearle, la orquesta interpretó la obra en la fecha prevista con el podio del director vacío.

"Tuvo una vida desdichada pese a que la música que creó era alegre. Waldo vivió haciendo felices a los demás mientras él construía una desdicha interior tremenda", resalta Fernández.

José Luis Picón