EFEMálaga

El cantaor José Monje Cruz, "Camarón de la Isla", se desplazaba a Málaga en busca de Antonio Álvarez, hoy con 72 años y que trabajaba de barrendero, para llevárselo y -junto a su entorno- escucharlo cantar por fandangos al ser una de las inspiraciones de aquel mito del flamenco.

Álvarez, al que llaman "El Canijo", conoció a Camarón en 1978 en un homenaje al guitarrista “El Piyayo” en Málaga en el que José le pidió, desde el escenario, que subiera y cantara con él porque le habían contado que lo hacía “muy bien”, ha explicado en una entrevista con Efe el malagueño.

Desde entonces compartieron amistad y Antonio -cuyo duende flamenco es reconocido por grandes de este arte- recuerda que su mujer, Pepa, abrió en varias ocasiones la puerta de casa y se encontraba al “genio del flamenco" en busca de él "para irse de juerga" durante días, a lo que su esposa respondía con un “¿otra vez, José?”.

Del intérprete de “Soy Gitano”, cuenta que era "muy inteligente" y que, a pesar de no hablar mucho, le "encantaba escuchar y reconocer a los buenos para aprender de ellos". Pero además le ponía su sello, como hacían "los grandes", destaca a Efe Álvarez.

Éste supo desde joven que no se dedicaría profesionalmente al flamenco -del que se celebra su Día Internacional el próximo 16 de noviembre- porque dice que ese mundo “esconde mucha envidia y falsedad” y recuerda que Camarón al recibir algunas críticas de otras personas le confesaba que ante algunos comentarios “era mejor no decir nada”.

"El Canijo" comenzó a cantar a los siete años en los concursos de Radio Juventud de Málaga y las mil pesetas que ganaba de premio se las daba a su madre, que “esperaba en la puerta” su llegada con el dinero porque así su familia “tenía para comer un mes”.

Con doce años conoció al cantaor Porrina de Badajoz, que antes de una actuación en la Plaza de Toros de Málaga, se quedó “asombrado” tras escucharle cantar unos fandangos hasta el punto de haber afirmado que podía sustituirle en el escenario porque “el público no se daría cuenta”.

De esos tiempos asegura guardar "buenos recuerdos” y cuenta que se decidió a trabajar de barrendero en su ciudad para “no agradecerle nada a nadie” porque -según afirma- en el cante flamenco hay "demasiada gente “interesada”.

Sobre la situación actual de este género, lamenta que encima del escenario se haya perdido “el cantar mirando al público” y que se haga hacia el suelo, ya que para Antonio “el cante se transmite mirando a los ojos” y así lo merecen quienes acuden a ver el espectáculo.

Antonio Álvarez -que precisa que su madre y padre son payos- sostiene que "no hace falta ser gitano para hacer flamenco” porque si una persona sabe cantar “da igual si es de Japón o de Australia” y afirma que artistas como Lola Flores han tenido su sitio en esta música sin pertenecer a esa etnia.

Hace algún tiempo su amigo Rufo Reverte y el guitarrista Rubén Lara le convencieron para participar en un encuentro y actuar en el Círculo Flamenco de Madrid, pero “El Canijo” prefiere estar en su barrio malagueño de Capuchinos junto a su mujer.

María Isabel Lucas