EFEPamplona

Rocío Molina, bailaora y coreógrafa malagueña y Premio Nacional de Danza (2010), señala que su espectáculo "Caída del cielo" supone un descenso, un viaje en el que trata de descubrir la belleza real de la mujer porque ella no la encuentra en “el estereotipo que hay”.

La artista interpreta este sábado en el festival Flamenco On Fire de Pamplona este proyecto que aborda también “la libertad de que no haya ningún tabú”, según detalla en una entrevista con Efe.

Explica que en este trabajo, con el que obtuvo dos premios Max a la mejor intérprete de danza y mejor coreografía en 2017, se produce “un descenso en el que hay dos universos”.

Uno que es más “angelical, más blanco, que busca una perfección, que casi puede ser un poco aburrida” y otro, contrario, “mucho más oscuro, más doloroso, más vivo, pero también más cercano a la muerte”.

Considera que desde sus inicios -a los 21 años presentó su primera obra como creadora "Entre paredes"- hasta ahora “trabaja sobre una melancolía”, en el sentido de volver a la explosión de su baile que, dice, se produjo a los 16 ó 17 años. “Pero es imposible”, reflexiona.

En cualquier caso, comenta que trata de “mantener la inocencia y, sinceramente, también la ignorancia” porque esta última le ayuda a “acercarse más a la intuición”.

Cree que en su exitosa trayectoria -alberga trece creaciones propias- su lealtad siempre ha estado con su persona y que aunque el flamenco es lo que más adora, respeta y ama, sostiene que a su cuerpo tiene que darle “libertad”.

“No me gusta verme estancada”, remarca para añadir que prefiere “probar emociones y experiencias nuevas”. Y así, insiste en que concibe el flamenco como “un arte libre”.

La bailaora explica que la mayor fuente de inspiración son las personas de las que se rodea y también “provocar cosas o observar las cotidianas”, algo que le gusta “un montón”. “El arte real está en la vida, en el día a día”, reflexiona.

Precisamente, en ‘Grito Pelao’ (2018), que este año recibió el Premio Max al mejor espectáculo de danza, Molina reflexiona de forma íntima sobre su deseo de ser madre y su maternidad en solitario, una obra que, como ya avanzó, estaba concebida para ser representada solo durante el embarazo.

“Era una obra con un cuerpo de embarazada y, en el momento en el que ese cuerpo ya desaparece, la obra no puede seguir y nace otra vida”, explica.

Según comenta, en "Grito Pelao" sintió la “necesidad” de poder vivir su embarazo bailando: “Hubiera sido un castigo estar nueves meses sin bailar, no hubiera podido”.

En este sentido, afirma que es “bonito” que la mujer tenga elección: “Poder hacer y decir las cosas, contarlas como ella quiera y necesite”.

La malagueña anuncia que en 2020 estrenará una nueva obra y avanza su deseo de “recolonizar palabras que están un poco viciadas en el flamenco, como esencia y pureza”.

Y también, afirma, “dar la oportunidad de descubrir el nuevo cuerpo que surge después del embarazo”.