EFEGranada

Hace una década el Granada CF resurgió de sus cenizas con su ascenso a Segunda División, un hito del que este sábado se cumplen diez años y que supuso el comienzo de una etapa dorada de su historia que se extiende hasta la actualidad, además de poner fin a un triste penar de veintidós años seguidos por Segunda B y Tercera.

Fue en Alcorcón el 23 de mayo de 2010 donde el equipo que entonces dirigía Fabri González superó al cuadro alfarero en la eliminatoria para ascender.

Ambos conjuntos habían sido campeones de sus respectivos grupos de Segunda B y el Granada dejó el cruce encarrilado en la ida, donde se impuso por 2-0, con tantos del nigeriano Odion Ighalo e Iván Amaya.

El Granada, no sin sufrimiento, hizo valer su renta de dos tantos a favor en el estadio Santo Domingo, donde el Alcorcón de Juan Antonio Albacete 'Anquela' sólo pudo vencer por 1-0, lo que provocó que con el pitido final los cientos de aficionados granadinistas desplazados hasta tierras madrileñas celebrarán sobre el propio terreno de juego la vuelta de los suyos a la élite.

La alegría no era para menos, ya que el Granada llevaba entonces veintidós años sin pisar Segunda, más de dos décadas deambulando por las catacumbas del fútbol, con algunas campañas incluso en Tercera y en más de una ocasión al borde de la desaparición por sus problemas económicos.

Y eso sólo fue el aperitivo de lo que ocurrió al año siguiente, con el ascenso a Primera logrado en Elche 35 años después de haber estado por última vez en la máxima categoría nacional.

El Granada acumula ahora diez temporadas entre los mejores, siete de ellas en LaLiga Santander, firmando en este curso uno de los mejores papeles de su historia, y tres en Segunda.

El clima de felicidad actual no impide a la Granada futbolística recordar que en Alcorcón se inició todo, que fue allí hace justo una década donde empezó a fraguarse lo que es hoy tanto el equipo como el club, saneado y radicalmente opuesto a lo que era entonces.

Además del nombre de Fabri, un técnico convertido en héroe para siempre por el granadinismo, ese logro lleva también los sellos de Quique Pina y Juan Carlos Cordero, los principales dirigentes de un club al que habían llegado sólo unos meses antes de la mano de su por entonces nuevo propietario, el italiano Gino Pozzo.

El trío formado por el transalpino y los murcianos se hicieron cargo de una entidad al borde de la bancarrota cuya vida pendía de un hilo, con una hinchada desencantada y un pasado lustroso que habían estado a punto de enterrar en los anteriores lustros entre dirigentes incapaces e instituciones y fuerzas sociales locales que, salvo contadas excepciones, pasaban del fútbol.

Un reducido grupo de empresarios granadinos, con Ignacio Cuerva a la cabeza, mantuvo con constantes vitales al Granada hasta que se obró el milagro.

Lo primero que hicieron Pina y Cordero fue formar un conjunto de mucha calidad para Segunda B, conscientes de que las únicas opciones de sobrevivir pasaban por subir.

Jugadores que luego rindieron a gran nivel en la élite (alguno incluso lo sigue haciendo) como el citado Igahlo, el camerunés Allan Nyom, Diego Mainz o Dani Benítez tiraron del carro en aquel Granada, al que Fabri aportó cuando llegó a su banquillo en el tramo final de la temporada el gen competitivo y ganador que le faltaba.

El gallego reemplazó al frente de los rojiblancos a Miguel Ángel Álvarez Tomé tras una dura derrota en Marbella y logró en las ocho jornadas que quedaban para el final de la fase regular que el Granada adelantara en la clasificación al Melilla para acabar líder del grupo IV y poder jugarse el ascenso ante el Alcorcón.

En la eliminatoria de conjuntos ya ascendidos superó a continuación a la Ponferradina para convertirse en esa temporada 2009-10 en el mejor equipo de Segunda B, en una escuadra que permanecerá para siempre en el corazón de los aficionados granadinos.

El parón actual de LaLiga Santander, el 'mono' de fútbol que se vive tras el largo parón por el coronavirus, ha provocado que estos días se recuerde más que nunca a este grupo de dirigentes, técnicos y futbolistas, a ese equipo de Fabri que hace una década permitió que el Granada resurgiera de sus cenizas.

Javier Aguilera